viernes, 22 de mayo de 2026

Orgullo de Mifan - Expediente Post Mortem #11081993-196-Z:

 

Expediente Post Mortem #11081993-196-Z

Departamento de Clasificación de Almas – Oficina del Juez Enma Sama.

I. DATOS DEL SUJETO

  • Nombre: Olibu (Sin apellidos registrados).

  • Origen: Imperio Mifan, Planeta Tierra (Sector Norte).

  • Estado: Fallecido por causas naturales (Senectud).

  • Acompañante de Tránsito: Deidad Planetaria (Kami-Sama).

II. RESUMEN DE MÉRITOS (Hoja de Vida Espiritual)

El sujeto presenta un historial de pureza de grado A+. Se destacan los siguientes hitos durante su estancia en el mundo de los vivos:

  • Preservación del Ecosistema: Detuvo la expansión de un parásito botánico de origen extraplanetario sin corromper su propia esencia.

  • Herencia de Artefactos Místicos: Donó la "Gran Nube Kinton" a la atmósfera terrestre, permitiendo que la pureza sea un recurso accesible para futuros héroes.

  • Contención de Megafauna Hostil: Mitigó el impacto de un depredador alfa de origen abisal que amenazaba con la extinción total del asentamiento humano.

  • Resiliencia Civilizatoria: Fue el nexo de unión entre una era de desastre y una de renacimiento, priorizando la educación y la filosofía sobre el dominio físico.

  • Rechazo de Divinidad: Se le ofreció el puesto de Guardián Planetario y lo declinó para continuar su labor como protector civil. Esto es extremadamente raro en mortales de su nivel de poder.

III. EVALUACIÓN DE PODER Y DESTINO

Tras pasar por la báscula de almas, y debido a su naturaleza heroica y su deseo intrínseco de superación, no se recomienda su reciclaje inmediato.

DICTAMEN:

  1. Conservación del Cuerpo: Se le concede el privilegio de mantener su forma física original en su mejor momento.

  2. Asignación de Entrenamiento: Se le otorga permiso para recorrer el Camino de la Serpiente.

  3. Destino Final: Clasificado para el entrenamiento avanzado en el Planeta de Kaio-Sama del Norte.

IV. NOTA ADJUNTA DE ENMA SAMA

"Olibu de Mifan no llegó ante mi escritorio como un suplicante, sino con la dignidad de quien sabe que ha cumplido su palabra. No pidió ver sus victorias, sino que se aseguró de que las semillas que plantó en la Tierra estuvieran creciendo con salud. Es una de las pocas almas que no necesita ser juzgada, pues su propia vida ya era una sentencia de luz. Que su camino hacia las estrellas sea tan firme como lo fue su paso sobre el barro.”


lunes, 18 de mayo de 2026

Orgullo de Mifan - Séptimo Canto:

Tómense de las manos, este relato llega a su puerto y el humo se confunde con las nubes. El tiempo, ese escultor que no perdona ni al bronce ni a la voluntad, había tallado en Olibu las arrugas de cien inviernos. Sus ojos violetas, antaño tormentas de amatista, guardaban ahora la paz de un lago al anochecer.


Séptimo Canto: El Último Sol de Mifan y el Paso del Héroe:

Mifan ya no era una fortaleza de guerra como antaño, sino que había renacido como un jardín de sabiduría. En la plaza reconstruida, bajo la sombra del gran olivo, se sentaba el anciano Olibu. A su lado, en un banco de piedra gastada, descansaba Demeon, el de la Toga de Sangre. Aquel rival que una vez disputó su gloria en la arena era ahora el único que recordaba el peso de los escudos y el sabor del polvo de la juventud.

Los alumnos de filosofía se habían marchado ya, dejando a los dos ancianos solos con el largo aliento de la tarde. Olibu miró sus manos, nudosas como raíces de roble, y luego a su viejo amigo.

“El camino ha sido largo, Demeon.” murmuró Olibu con voz de viento entre los juncos. “Mifan está a salvo, y mis hermanos aguardan en el Hades. Siento que mi sombra ya no quiere seguir a mis pies.”

Demeon, apoyado en su bastón, le puso una mano en el hombro. Una despedida sin palabras, un pacto de guerreros que el tiempo no pudo quebrar. “Ve tranquilo, Olibu.” respondió el de la ceja cicatrizada. “Yo me quedaré aquí un poco más, para contarle a los que nazcan mañana que hubo un tiempo en que los titanes caminaban entre nosotros.”

Demeon se levantó con esfuerzo y se alejó por las calles de mármol, dejando a Olibu a solas con el silencio de la plaza.

Fue entonces cuando el aire se volvió sagrado. No hubo rayos ni trompetas. Por el camino de tierra, a pie y con la calma de un viajero que conoce cada recodo del mundo, apareció Zeus. No vestía galas divinas, sino la sencillez de quien ya no tiene nada que demostrar. Se detuvo frente al banco y miró al anciano de ojos violetas con un respeto que los dioses rara vez conceden a los mortales.

“El trono de las nubes sigue vacante, Olibu.” dijo Zeus con una sonrisa tenue. “Pero hoy no vengo a ofrecerte coronas. Vengo a ofrecerte el descanso. Tu labor en el barro ha terminado, y el Más Allá reclama al hombre que fue su columna.”

Olibu se puso en pie. Sus huesos, cargados con la historia de un imperio, se sintieron livianos como el algodón. No hubo miedo en su mirada, solo la curiosidad del navegante que divisa una costa nueva.

“Estoy listo.” dijo el héroe. “Que Mifan recuerde que fui hombre antes que leyenda.”

Zeus asintió y, caminando a la par, ambos se adentraron en el resplandor del sol poniente. A medida que avanzaban, sus figuras se volvieron traslúcidas, fundiéndose con el oro del horizonte hasta desaparecer por completo.

Cuentan que en ese instante, un susurro recorrió las calles de Mifan, y que en lo alto del cielo, la Gran Nube Kinton brilló por un segundo con la intensidad de mil estrellas, saludando el regreso a casa del hijo más grande de la tierra.


jueves, 7 de mayo de 2026

Orgullo de Mifan - "Olibu y los Defensores de Mifan":

 "Olibu y los Defensores de Mifan":


Formato: Serie de Animación (52 episodios) / Línea de Libros Ilustrados.
Público Objetivo: 6-10 años.
Eslogan: "¡Un gran poder conlleva una gran... sonrisa!"

La Premisa:

En la mágica y reluciente ciudad de Mifan (donde las calles son de caramelo y nadie tira basura), vive Olibu. Él no es un joven normal: ¡es un gigante amigable! Olibu tiene ojos violetas mágicos que le permiten ver el bien en el corazón de todos. Junto a su "Pandilla de la Paz", Olibu protege Mifan no con violencia, sino con el poder de la amistad, el deporte y el ingenio.

Los Personajes:

  • Olibu (El Líder): Un joven rubio y musculoso pero sonriente. Siempre usa su toga blanca impecable (que nunca se mancha). Su frase pegadiza es: "¡Un gran poder conlleva una gran... sonrisa!". No usa armas; sus puños son "Martillos de Algodón" que solo sirven para derribar muros que bloquean el paso, nunca para dañar.

  • Klyron (El Listo): El mejor amigo de Olibu. Es alto, flaco y usa gafas (apoyadas sobre su nariz torcida). Siempre tiene un plan y dice: "Según mis cálculos, la amistad es la respuesta".

  • Thyris y Lyris (Las Gemelas Veloces): Ya no usan arcos; ahora usan bumeranes mágicos que atrapan objetos y traen meriendas. Son las expertas en reciclaje y ecología de Mifan.

  • Gyumóteles (El Grandullón Inocente): Un gigante aún más grande que Olibu, pero con la mente de un niño pequeño. Lleva consigo un martillo de juguete gigante que usa para aplanar el terreno y construir parques. Adora los gatitos.

  • Demeon (El Rival Amistoso): Un niño de otra ciudad con toga roja que siempre intenta superar a Olibu en deportes, pero al final siempre aprenden una lección juntos sobre el trabajo en equipo.

Guia de Episodios Destacados:

Episodio 1: "El Gran Maratón de la Amistad"

Demeon llega a Mifan para el Gran Maratón. Intenta hacer trampas usando patines ocultos, pero se cae. Olibu, en lugar de ganar, se detiene para ayudarlo a levantarse. Cruzan la meta juntos.

  • Lección: Lo importante no es ganar, sino cómo juegas.

Episodio 5: "InoShikaCho, el Jabalí Glotón"

Un jabalí gigante y alado (muy tierno, con ojos grandes) se está comiendo todos los huertos de Mifan. Olibu no lo ataca. Klyron descubre que el jabalí tiene hambre porque los hombres-animales le robaron su comida. Olibu recupera la comida y se hace amigo del InoShikaCho, que ahora ayuda a arar la tierra.

  • Lección: A veces, el mal comportamiento es solo hambre o tristeza.

Episodio 12: "El Misterio de la Nube Dorada"

Un dragoncito adorable y bailarín está triste porque no puede volar alto. Olibu y su pandilla descubren que la contaminación de una fábrica vecina le pesa en las alas. Limpian la fábrica y, en agradecimiento, el cielo les regala una esponjosa nube. Olibu decide que la nube será para que todos los niños buenos de Mifan puedan dar paseos los domingos.

  • Lección: Cuida el medio ambiente y el cielo te sonreirá.

Episodio 26 (Especial de una Hora): "El Rescate en el Mundo de las Sombras"

Una sombra misteriosa se lleva los colores de Mifan. Olibu debe bajar al "Reino del Olvido". Allí, debe resolver el Acertijo del Guardián para recuperar el "Fuego de la Alegría" y devolver los colores a la ciudad. Olibu vuelve más fuerte y más sonriente.

  • Lección: La valentía es luz, incluso en la oscuridad.

Episodio 32: "El Tesoro del Dragón Púrpura"

Los traviesos "Hombres-Animales" han tomado el juguete favorito del adorable dragoncito bailarín. Olibu y su mejor amigo Klyron suben a las Montañas de Caramelo para recuperarlo.

  • Lección: La verdadera fuerza no está en los puños, sino en saber encontrar a un amigo cuando está perdido.

Episodio 45: "¡Cuidado con el Calamar Gigante!"

Un enorme calamar está salpicando tinta por toda la playa de Mifan porque alguien tiró una lata de refresco al mar y le molestó. La ciudad se ensucia y todos están tristes.

  • Lección: El mar es el hogar de todos, ¡mantengamos nuestra casa limpia!.

Episodio 52 (Gran Final de Temporada): "La Visita del Abuelo Zeus"

Un anciano muy sabio y amable llamado Abuelo Zeus llega a Mifan caminando con su bastón. Dice que está buscando a alguien que pueda cuidar el "Jardín de las Estrellas". Olibu, que ya es un "Graduado de la Bondad", es el candidato perfecto.
Zeus le ofrece a Olibu irse a vivir a un palacio en las nubes. Olibu decide que se quedará en Mifan porque "todavía hay muchos juegos que jugar y amigos que conocer". Zeus le regala una Insignia de Oro y promete volver de visita.

  • Lección: No necesitas ser un Rey en las nubes para ser un héroe en tu barrio.


¡El Merchandising no para!

Debido al éxito de estos capítulos, las jugueterías están llenas de:

  • Disfraces de Olibu: Togas blancas con músculos de espuma incorporados y vinchas rojas.

  • Muñecos de Acción: Un Olibu cuyos ojos se iluminan de violeta cuando aprietas un botón.

  • Cereales "Olibu-O's": Aros de avena con forma de Olibu y malvaviscos de color violeta.

En los parques de las ciudades, los niños corren gritando "¡Un gran poder conlleva una gran sonrisa!" y hacen carreras de "maratón de la amistad". Los padres están encantados porque sus hijos quieren comer verduras para ser "tan fuertes como Olibu".


miércoles, 29 de abril de 2026

Orgullo de Mifan - Sexto Canto:

Y llegamos al canto del eclipse, aquel que los poetas evitan cantar en las bodas porque su eco arrastra el frío de las tumbas. El héroe ya no caminaba, volaba sobre el vellocino de oro que el dragón le otorgara, pero ni siquiera la gran Nube Kinton podía ir más rápido que el presentimiento de la tragedia.


Sexto Canto: Las Ruinas de Mifan y el Trono de las Nubes:

Cuentan que cuando Olibu, el de los Ojos Violeta, divisó el horizonte de su hogar luego de un largo viaje, no vio el brillo del mármol, sino una columna de humo negro que hería el cielo. Al arribar, sus pies se hundieron en la ceniza de lo que fue la joya del mundo temprano. Mifan había caído. No por un ejército de hombres, sino por una furia surgida del abismo, el Kraken, una bestia de mil tentáculos y odio antiguo, que había reclamado la ciudad como su festín.

Entre los escombros encontró el silencio. Allí yacía con el arco roto entre las manos, Thyris, la de las Flechas Gemelas. El grito de Olibu no fue de hombre, sino de tierra que se quiebra. Desesperado, el de los Ojos Violeta voló hacia las fauces del mundo, allí donde el aire quema y los suspiros se vuelven piedra: las estancias del Hades.

Frente al calor del horno eterno, Olibu desafió a la sombra. No pidió oro ni poder, pidió tiempo. La fuerza que custodia el umbral, conmovida por la pureza de aquel que cargaba el fuego en sus venas, le permitió un último milagro. Dicen que por una breve hora, el velo entre los mundos se volvió transparente. Olibu pudo estrechar de nuevo la mano de Klyron y besar la frente de Thyris. No hubo palabras de reproche, solo la paz de los que han cumplido su deber.

"Ve, Olibu," dicen que susurró la sombra de su esposa. "Tu historia no termina en las cenizas, sino en las nubes."

Pero Olibu no buscaba solo consuelo, buscaba respuestas. Guiado por una voluntad que asustaba a los propios demonios, ordenó a la Nube Kinton ascender más allá de donde las águilas se atreven. Subió por la columna de piedra que la tribu de Kommanche custodiaba, hasta que el cielo se volvió púrpura y el aire, sagrado.

Allí, en un palacio que flotaba sobre el mundo, conoció a Zeus, el Dios de la Tierra, un anciano de ojos profundos como pozos de sabiduría.

"¿Por qué el cielo calla mientras la tierra grita?", preguntó Olibu, cuya estatura ahora igualaba la de las columnas del templo.

El debate duró siete días. Zeus le habló de la libertad de los hombres y de la responsabilidad de los dioses de no ser tiranos de la voluntad mortal. "Si yo detengo cada tormenta," dijo el Dios, "los hombres nunca aprenderán a construir techos. Tú, Olibu, eres la prueba de que el hombre puede superarse sin el permiso del cielo."

Impresionado por la pureza del titán, Zeus le ofreció el Trono del Palacio.

"Has visto el fin de todo lo que amabas," dijo Zeus, cuya voz era como el eco en una cueva profunda. "Este mundo ya es pequeño para tus hombros. Toma mi lugar. Sé el Dios que vigila desde la altura, y olvida el dolor de ser mortal."

Pero Olibu, mirando hacia abajo, hacia las cenizas de Mifan, negó con la cabeza. "Un Dios es una estatua que no puede llorar," respondió el héroe. "Prefiero ser un hombre que protege el suelo que pisa, aunque ese suelo sea mi tumba."

Rechazó la divinidad y descendió como un rayo de amatista. El Kraken, sintiendo el regreso del guerrero, emergió de las aguas de Mifan una vez más, una masa de carne pútrida rugiendo con el hambre de los siglos. No fue una batalla de gloria, fue un acto de deber. Olibu no usó armas; se lanzó al agua y luchó contra la bestia en su propio elemento. Sus manos, que habían sostenido el fuego del Hades, desgarraron los tentáculos que asfixiaban a Mifan.

No hubo odio en sus ojos violeta, solo la triste determinación del protector. Cuando el Kraken se hundió para siempre en el olvido, Olibu salió del mar cargando el peso de un mundo que ya no era el mismo. La Mifan en la que había vivido estaba muerta, pero el suelo sobre el que caminaba volvía a ser seguro para los que vendrían después.

El héroe se sentó entre las ruinas, esperando que el tiempo hiciera su trabajo, y él estaría ahí, firme.


viernes, 24 de abril de 2026

Orgullo de Mifan - Quinto Canto:

Echen más ramas al fuego, pues entramos en el canto de las despedidas, donde el bronce se rinde ante el puño y la amistad se convierte en constelación. Dicen que tras su transformación, Olibu, el de los Ojos Violeta, dejó su lanza y su escudo en el templo de Mifan. "Si la tierra me ha dado la fuerza de los montes", cuentan que dijo, "serán mis manos las que hablen por la justicia".


Quinto Canto: El Vuelo del Dragón y la Herencia de las Nubes:

En las tierras altas, donde el aire muerde como un lobo, habitaba una sociedad de hombres con rostros de bestia: hombres-perro, hombres-zorro y hombres-jabalí que habían olvidado la ley de la hospitalidad. Estos seres habían encadenado a una criatura de tiempos remotos: un dragón de escamas color púrpura y ojos tan sabios como el primer amanecer. No era el pequeño compañero que los siglos futuros verían, sino una bestia vasta, un soberano de las corrientes térmicas que languidecía bajo redes de hierro.

Olibu, el coloso de dos metros, partió al rescate. A su lado, como siempre, caminaba Klyron, el de la Nariz Quebrada, cuya lealtad era el único peso que Olibu no podía cargar solo. Thyris, la arquera de mirada fría, cubría sus espaldas desde las crestas.

La batalla no fue un choque de falanges, sino una danza de destrucción. Olibu se lanzó al centro del campamento híbrido. Sus puños golpeaban con la frecuencia del rayo; cada impacto resonaba como un mazo contra un yunque, derribando a los opresores sin necesidad de filo. Klyron, armado aún con su viejo hoplon y su lanza de bronce, protegía los flancos del titán con el valor de quien sabe que camina junto a un dios.

Pero el destino es un tejedor cruel. En el momento en que Olibu desgarraba las cadenas de hierro del dragón con sus manos desnudas, un jefe de los hombres-bestia lanzó una jabalina negra desde las sombras. El acero buscaba la espalda del héroe, pero encontró el pecho de su hermano. Klyron cayó, y con él, el último rastro de la juventud de Olibu.

Dicen que el rugido de Olibu fue tan vasto que el dragón inclinó la cabeza en señal de duelo. El dragón, libre al fin, batió sus alas y ascendió hasta rozar la bóveda celeste. Al bajar, traía tras de sí una formación colosal: la Gran Nube Kinton, una montaña de vapor dorado, tan grande que podía cubrir una ciudad entera. Era la madre de todas las nubes, la reserva de la pureza del mundo.

"Solo el que no guarda sombra en su alma podrá sostenerse sobre este fragmento de sol," pareció cantar el viento.

Olibu, con el cuerpo de Klyron en sus brazos, ascendió a la nubes. Sus pies no se hundieron; el oro gaseoso lo sostuvo como si fuera el mármol de su hogar. Una vez, en la cima del mundo, Olibu tomó una decisión, dejaría a su hermano allí, para que se fundiera con el firmamento, dando origen a la constelación de Klyron.

El de los Ojos Violeta dejó la Gran Nube anclada en lo más alto de la atmósfera, para que en los siglos venideros, los guardianes de la Torre de Kommanche pudieran extraer de ella pequeños jirones de esperanza para los héroes del mañana.

El héroe, y la arquera Thyris regresaron a pie a Mifan, dejando al dragón como guardián del cielo, pero con un vacío en el alma que ninguna victoria podría llenar. Klyron ya no estaba para ver cómo su amigo se convertía en el pilar del mundo.


martes, 21 de abril de 2026

Orgullo de Mifan - Cuarto Canto:

Traigan esas botellas de vino y sírvanse, pues la memoria de los hombres es como el humo, y solo el canto de los poetas puede evitar que la verdad se disuelva en el aire. Dicen que hubo un tiempo en que la tierra se volvió estéril, no por falta de lluvia, sino porque un hambre desconocida nació de sus entrañas.


Cuarto Canto: El Descenso al Abismo y el Renacer del Héroe:

En los días en que Mifan era joven, surgió en la Tierra Sagrada un brote de sombra. No era mayor que un árbol joven, pero sus raíces vibraban con un latido oscuro que secaba los ríos y volvía amargo el pan. La tribu de Kommanche, hombres de piel cobriza que hablaban con el viento, custodiaba el lugar, pero sus lanzas no herían la madera negra.

Olibu, seguido por sus hermanos de armas, Klyron, Gyumóteles y las gemelas Thyris y Lyris, comprendió que el mal no pertenecía a este mundo. Para salvar el trigo de Mifan, debían descender allí donde el sol no tiene dominio: las estancias del Hades.

El descenso fue un calvario de sombras. Cruzaron los umbrales donde las almas aguardan el juicio, un desierto de ceniza donde el silencio pesa más que el plomo. Allí, en el corazón del inframundo, encontraron el fuego que no se apaga, una llama primordial que custodia el equilibrio entre los vivos y los muertos. Dicen que Olibu tuvo que sostener el fuego con sus propias manos, sintiendo cómo el calor del inicio de los tiempos le lamía el alma, mientras las sombras intentaban arrastrarlo al olvido.

Al regresar a la superficie, el mundo era una pira. Olibu, Klyron y Thyris arrojaron el fuego del Hades sobre el brote oscuro. La madera negra gritó con voz humana mientras se consumía, y de sus cenizas, en un milagro de contradicción, brotaron pequeñas semillas verdes, perlas de vida que contenían la fuerza de mil banquetes y saciaban el hambre de uno durante días.

Pero el destino de Olibu aguardaba en un fruto que nació de la última rama del brote antes de morir. Era un fruto que goteaba una esencia transparente como manantial, el Agua de la Transfiguración. Olibu bebió, y el tiempo se detuvo.

Tres días y tres noches duró su agonía bajo la mirada de Kommanche. Sus huesos se alargaron con el sonido de las ramas que se quiebran en la tormenta; su piel se tensó sobre una musculatura que ya no cabía en su túnica; su estatura creció hasta superar la de dos hombres. Cuando despertó, ya no era el joven de Mifan. Era un coloso de más de dos metros, un titán de carne y espíritu que brevemente tiñó de verde sus ojos violeta. Tenía en sus venas la fuerza de la tierra y la energía del rayo.

Viendo que el peligro había pasado, pero que la frontera de Mifan debía ser protegida, Gyumóteles, el gigante de corazón tierno, y la arquera Lyris decidieron no regresar. En las faldas del monte que aún humeaba por el fuego sagrado, plantaron sus hogares, fundando el pueblo que protegería por siempre el camino a la montaña de fuego.

En el lugar donde Olibu renació, la tribu de Kommanche comenzó a apilar piedra sobre piedra, iniciando una construcción que buscaba alcanzar las nubes, una torre para que los hombres nunca olvidaran el día en que un mortal bajó al Hades y regresó convertido en leyenda.


viernes, 10 de abril de 2026

Orgullo de Mifan - Tercer Canto:

 Abran bien los ojos, porque lo que la historia amansa, el mito lo devuelve a su estado salvaje. Tras la paz de los Juegos, Mifan prosperó, pero la naturaleza tiene sus propios dioses y sus propios demonios. Más allá de los campos de trigo, en los bosques donde la luz del sol se rinde ante la sombra, habitaba una aberración que los antiguos llamaban InoShikaCho.

No piensen en una bestia común. Cuentan los que sobrevivieron a su rastro que era una quimera de pesadilla: el cuerpo masivo y los colmillos de un jabalí, las astas ramificadas de un ciervo sagrado y las alas de una mariposa que, lejos de ser bellas, vibraban con un zumbido que helaba la sangre. Era el hambre de la tierra hecha carne.


Tercer Canto: El Acecho de la Quimera y el Triunfo del Ingenio:

La leyenda dice que el InoShikaCho bajó de las montañas del norte, arrasando los viñedos y convirtiendo el sueño de los pastores en un grito eterno. Las lanzas de los soldados se quebraban contra su piel, dura como la corteza de un cedro milenario. Fue entonces cuando Olibu, el de los Ojos Violeta, decidió que Mifan no vería morir a sus hijos mientras él tuviera aliento.

Pero Olibu, aunque ya era fuerte, sabía que no se puede vencer a la naturaleza solo con músculos. Acompañado por el fiel Klyron, el de Nariz Quebrada, se internó en la espesura.

"Esta bestia no busca pelea, busca devorar el orden del mundo," dicen que advirtió Klyron mientras afilaba su lanza bajo la luna de plata.

Olibu, con su toga blanca manchada por el barro del bosque y sus ojos violetas brillando en la penumbra, preparó la primera Trampa de los Siete Fosos. Cavaron túneles profundos, cubiertos con ramas y hojas, esperando que el peso del jabalí lo traicionara. Pero el InoShikaCho no era una bestia estúpida. Cuentan que la criatura saltó sobre los fosos con una gracia sobrenatural, batiendo sus alas de mariposa para flotar sobre el engaño, mientras soltaba un gruñido que sonaba como el crujir de una montaña.

La segunda trampa fue la Red de Bronce, tejida con las cadenas de la guerra anterior. Olibu esperó en un desfiladero, provocando a la bestia con su presencia. El InoShikaCho cargó con la furia de un alud. Cuando la red cayó sobre él, el bosque entero pareció temblar, pero la fuerza del monstruo era tal que las cadenas de bronce estallaron como hilos de seda.

Fue entonces cuando Olibu comprendió la lección: a una fuerza de la naturaleza no se la aprisiona, se la enfrenta cara a cara.

En el claro del Bosque de los Lamentos, el héroe y la quimera se encontraron. Olibu dejó caer su escudo. No usó trampas, sino el ritmo que aprendió en la maratón de Mifan. Mientras la bestia cargaba, Olibu danzaba; mientras los colmillos buscaban su pecho, él se volvía aire.

Finalmente, cuando el InoShikaCho flaqueó por un instante, agotado por su propia furia, Olibu saltó sobre su lomo. No para matarlo por odio, sino para someter la salvajez al orden de los hombres. Con un solo golpe preciso en la base de las astas, Olibu rindió a la bestia. Algunos dicen que la mató allí mismo para alimentar a los hambrientos; otros aseguran que el animal, al sentir la pureza del joven de ojos violeta, simplemente cerró los ojos y se entregó al destino.

Olibu regresó a Mifan cargando la colosal cabeza de la quimera sobre sus hombros, demostrando que el héroe no es solo aquel que vence en la guerra o en el juego, sino aquel que protege la frontera entre la civilización y el caos.


Orgullo de Mifan - Expediente Post Mortem #11081993-196-Z:

  Expediente Post Mortem #11081993-196-Z Departamento de Clasificación de Almas – Oficina del Juez Enma Sama. I. DATOS DEL SUJETO Nombre: O...