viernes, 25 de julio de 2025

Bitácora Roja. Parte II - Muerte fingida:

 

Bitácora Roja. Parte II - Muerte fingida:


“”Preciso. Letal. Frío como el metal.”


Base Sur – Despacho del General Brown

El reloj marca las 01:07. El General Brown no duerme. Nunca lo hace antes de ordenar una muerte.

Está de pie junto a una ventana cerrada, mirando la lluvia caer. Un joven soldado pelirrojo se encuentra parado frente al escritorio, sin gorra, sin expresión.

Brown da media vuelta. En la mano, un sobre.

-”Nombre: Doctor Rojan Collie. Investigador del Proyecto BYN, pero quiso más.”- dice mientras le da una calada a su cigarrillo. -”Nivel Rojo de amenaza.”-

El soldado toma el sobre. Lo abre. Fotos borrosas. Direcciones.

-”¿Lo quieren muerto?”- pregunta sin mirar a su superior.

-”Queremos que desaparezca.”- le responde. -”El cómo te lo dejo a ti.”-

Brown vuelve a mirar por la ventana.

-”Llovió todo el día en la Capital del Sur.”- comenta mientras sigue fumando. -”Perfecto para que te pierdas entre las luces.”-

Su interlocutor asiente. Guarda el sobre y se da media vuelta.

-”Una cosa más.”- dice Brown. -”Su contacto es el Coronel Copper. Si aparece… que no vuelva a ser visto.”-

El soldado no contesta. Solo cierra la puerta tras de sí.


Capital del Sur - Callejones

Llueve a cántaros. 1:52 AM.

Los charcos en las veredas rebotan neón: rosa, verde, azul eléctrico. Anuncios comerciales, hologramas de perfume, venta de bebidas alcohólicas.

El joven avanza como un espectro. La capucha le cubre el rostro. El abrigo negro le llega hasta las botas. Nadie lo ve. Todos lo ignoran.

Encuentra el lugar: un taller mecánico cerrado hace años. Vidrios sucios. Persianas bajas. Cámaras falsas; llega hasta los escalones, pero no da tres pasos cuando escucha el click inconfundible de un arma cargándose detrás de él.

-”Un paso más, y te saco los dientes con plomo.”- gruñe una voz masculina y grave.

El soldado se detiene, gira lentamente pero sin miedo.

Ahí está el Coronel Copper. Alto, ancho, de piel negra, empapado como un perro rabioso. Lleva una escopeta recortada en las manos y un viejo pañuelo rojo al cuello, raído pero visible incluso bajo la lluvia y los destellos de neón.

-”Te ves joven.”- escupe. -”Brown está mandando cachorros ahora.”-

El pelirrojo no responde. Ya evaluó distancia, postura y peso. Está a tres segundos del tiro.

-”Viniste por Collie, ¿no?”- Copper sonríe, sin alegría. -”Lástima que yo no esté listo para morirme todavía.”-

El chico dispara primero. Una bala raspa el hombro de Copper, que responde con un estampido de escopeta. El asesino se lanza hacia la derecha, rueda por el suelo mojado, sintiendo la explosión de pallets contra un tacho metálico.

Se levantan casi al mismo tiempo. El pelirrojo dispara dos veces, pero Copper corre a cubrirse detrás de un coche oxidado. La escopeta se vacía, y la tira sin pensarlo. Corre hacia su rival con los brazos abiertos como una bestia.

Chocan.

El joven recibe un cabezazo directo al puente de la nariz. Sangra. Cae. Copper lo agarra del abrigo y lo estrella contra la pared, una, dos veces. Intenta estrangularlo con una cadena suelta, pero el otro le clava el codo en la tráquea. Copper retrocede, escupe saliva y sangre, pero se ríe como si disfrutara.

Se arrojan al suelo. Puñetazo tras puñetazo. Copper le rompe el labio. Ambos ruedan en la lluvia, convertidos en barro, golpes, jadeos y odio.

Una piedra. El chico la agarra al vuelo y la estampa contra la frente de Copper. El coronel cae de espaldas, aturdido. Su rival no le da tregua. Se monta sobre él. Golpea, una, dos, diez veces. Hasta que Copper deja de moverse.

El asesino se queda quieto, respirando como una locomotora. Mira al cuerpo sin vida. El pañuelo rojo le llama la atención y no lo piensa mucho.

Se lo arranca del cuello con un tirón, lo sacude, lo enrolla, y se lo ata al suyo con un nudo improvisado. No es una ceremonia, es un hábito de guerra: el que sobrevive, toma lo que le sirva.


Interior del taller – Laboratorio improvisado

La humedad llega hasta el techo. Computadoras de segunda mano parpadean entre estanterías de frascos rotos. Papeles desparramados, humo de cables quemados.

En el centro, de espaldas, está Collie, va vestido con un recto pantalón de vestir marrón, con una camisa amarilla y corbata negra, una bata de doctor arremangada y gafas puestas que protegen una mirada intensa; su melena castaña, ya teñida en canas.

-”Sabía que te mandarían.”- dice sin girarse. -”Lo único que no sabía era cuándo.”-

El soldado avanza con el arma baja. Observa todo.

-”¿Vale tanto lo que sabes?”- pregunta al aire.

Collie se gira. Está pálido, pero no parece sorprendido.

-”Depende.”- le increpa. -”¿Tienes cerebro además de músculo?”.

El chico no responde.

-”¿Sabes quién fue Olibu?”- le pregunta el doctor.

-”Un guerrero formidable.”- responde taxativamente.

-”¿Sabías que en el antiguo Imperio Mifan entrenaban el cuerpo y escribían a la vez? Decían que el músculo sin pensamiento era solo reflejo.”-

-”No soy un filósofo.”- le reprende. -”Vine a silenciarte.”-

Collie asiente, con una leve sonrisa.

-”Y sin embargo, estás escuchando.”- le provoca.

Silencio. El agua gotea de una cañería rota.

El joven soldado mira a Collie. Mira el entorno. Los planos.

-”Queme todo. No deje rastros.”- le dice, guardando su pistola. -”Y se hace humo.”-

Collie asiente lentamente.


Base Sur – Despacho del General Brown

El chico, ahora asesino, entra empapado, con el pañuelo rojo atado al cuello. No hace gestos. No da informe. Solo entrega una tarjeta con el símbolo quemado de la instalación.

Brown lee el código. Asiente.

-”Trabajo limpio.”- le felicita.

Abre una caja de madera y le muestra una insignia metálica, reluciente: la doble R, con fondo oscuro.

-”Desde hoy, serás Coronel Silver.”- le condecora. -”Preciso. Letal. Frío como el metal.”-

Silver toma la insignia. La guarda sin mirarla.

-”¿Y el Proyecto BYN?”- le pregunta serio.

Brown sonríe por primera vez.

-“Buyon, como le dicen ahora.”- comenta el general. -”Lo que creamos no fue un monstruo. Se adaptó. Rechaza el frío, odia la luz. Y siente hambre. El General White lo está preparando para soltarlo. No para estudiar, sino para dominar.”-

Silver suspira, tratando de entender. Asiente, da media vuelta y sale sin palabras.


viernes, 18 de julio de 2025

Bitácora Roja. Parte I - Dos mundos, un encuentro:

 

Bitácora Roja. Parte I - Dos mundos, un encuentro:


“Debe ser agradable tener una familia que se preocupe por ti.”

El sol está en lo alto, implacable, derramando su fuego sobre Vermilion Hills. En la vasta hacienda, los esclavos trabajan sin descanso. Sus figuras ennegrecidas por el sudor y el polvo se mueven al ritmo de los gritos de los capataces. Desde la ventana de su habitación en el piso superior de la mansión, Red observa con los brazos cruzados, un gesto de desdén en su rostro.

A sus dieciocho años, Red es un muchacho de complexión robusta y una estatura que constantemente se convierte en objeto de burlas. Su cabello rojo brillante, siempre cuidadosamente peinado, parece ser lo único que lo hace destacar en un mundo que él percibe como hostil. Viste con elegancia, luciendo prendas que lo separan claramente de los trabajadores que observa desde las alturas.

-“¡Red!”- la voz grave de Vermilion, su padre, retumba por los pasillos. Red da un salto y frunce el ceño. -“¡Deja de perder el tiempo y baja! Hay cosas más importantes que tus tontas miradas al vacío.”-

Con un suspiro, Red baja las escaleras y encuentra a su padre en el comedor. Vermilion está sentado en la cabecera de la mesa, bebiendo whisky a pesar de que apenas es mediodía.

-“Quiero que vayas a inspeccionar los campos.”- le escupe, apoyando su vaso en la mesa. -”Algunos esclavos han estado holgazaneando, según me han dicho. Es hora de que aprendas a poner orden.”-

-“No soy un capataz, padre”- responde Red con frialdad.

Pero Vermilion lo corta con un gesto de la mano.

-“No, pero algún día este lugar será tuyo.”- le responde, clavando su mirada. -”Si no puedes controlar a un puñado de esclavos, jamás controlarás nada.”-

Sin más opción, Red toma su sombrero y su rifle, y sale al campo. Allí, entre el calor y el polvo, encuentra a un esclavo trabajando.

Él es apenas un niño, un preadolescente que, a pesar de su corta edad, tiene un cuerpo marcado por años de trabajo duro y castigos. Su piel oscura está cubierta de cicatrices, algunas recientes, otras viejas, pero ninguna ha logrado borrar la luz de sus ojos. Mientras carga un saco de algodón, sus manos tiemblan, pero su determinación lo mantiene en pie.

Red lo observa desde la distancia. Hay algo en el muchacho que le llama la atención. Quizás sea la manera en que, a pesar de su evidente debilidad, sigue adelante. O tal vez es simplemente el hecho de que es el único esclavo que no baja la mirada cuando lo ve.

-“Tú”- dice Red, señalándole. El niño se detiene, confundido. -“¿Qué estás mirando?”-

-“Nada, amo.”- responde con rapidez, pero su tono carece de sumisión.

-“Me gusta tu actitud.”-  Red sonríe. -”¿Cuál es tu nombre?”-

-“Kuro, amo.”- dice el niño.

-“Pues bien, Kuro, hoy serás mi sombra.”- sonríe el hijo del jefe. -”Voy a cazar y necesito un acompañante. Tú pareces lo suficientemente fuerte para cargar mi presa.”-

Kuro duda por un momento, pero asiente.


Mientras caminan hacia el bosque cercano, el contraste entre los dos se hace evidente. Red, vestido con ropa limpia y botas de cuero, camina erguido, con un aire de superioridad. Kuro, en cambio, lleva ropa harapienta y camina con pasos medidos, siempre manteniendo una distancia prudente.

-“¿Siempre trabajas tan duro?”- pregunta Red, rompiendo el silencio.

-“No hay otra opción, amo”- responde Kuro.

-“Hmpf, debe ser aburrido.”- Red guarda silencio por un momento antes de añadir. -“Debo admitir que es admirable. Yo no podría hacer lo que tú haces.”-

Kuro lo mira de reojo, sorprendido.

-“¿Admirable, amo?”- pregunta con sorpresa.

-“Sí, pero no te lo tomes como un cumplido. Sólo digo que tienes la suerte de tener un propósito claro.”- responde Red con un ademán que busca restar importancia a la conversación. -”Yo, en cambio, estoy atrapado en este pueblo con un padre que no hace más que menospreciarme. Tú al menos no tienes que lidiar con eso.”-

Kuro no responde. No está seguro de cómo reaccionar ante las palabras de su amo, pero algo en el tono de Red le parece sincero.


Una vez en el bosque, Red saca su rifle de caza. Señala un claro donde un par de conejos saltan despreocupados.

-“Mira y aprende, Kuro. Así es como se caza.”- dice mientras carga su arma.

Apunta, dispara y falla. El conejo desaparece en un parpadeo.

-“¡Maldición!”- grita Red, pateando el suelo. Kuro intenta contener una sonrisa, pero no lo logra.

-“¿Te parece gracioso?”- exige Red, volteándose hacia él.

Kuro niega con rapidez, pero Red se detiene y, para sorpresa del joven esclavo, comienza a reír.

-“Supongo que lo es. Ven, vamos a intentarlo de nuevo.”- dice con una sonrisa.

Pasan horas en el bosque. Red falla varios disparos más antes de finalmente cazar algo, y Kuro demuestra una habilidad inesperada para seguir rastros. A medida que avanza el día, las barreras entre ellos comienzan a desmoronarse.

En un momento de descanso, Red se sienta bajo un árbol y mira a Kuro.

-“¿Cómo es tu familia?”- pregunta sin rodeos.

Kuro duda antes de responder.

-“Somos muchos. Mis padres y cinco hermanos menores.”- dice el esclavo, usando sus dedos para contar. -”Mis padres siempre tratan de cuidarnos, pero… no es fácil. Mis hermanos pequeños no entienden por qué vivimos así.”-

Red asiente, pensativo.

-“Debe ser agradable tener una familia que se preocupe por ti.”- dice. -”Mi padre sólo se preocupa por su fortuna.”-

Kuro no sabe qué decir. La idea de que alguien como Red pueda sentirse solo es difícil de comprender.


Al regresar a la hacienda, el sol ya se está poniendo. Red camina más cerca de Kuro que al inicio del día, y aunque no lo admita, se siente menos solo.

En el camino de vuelta, Red le dice en tono casual.

-“A partir de ahora, tú me acompañaras cuando lo ordene.”- exige el hijo del terrateniente. -”Pero no como un esclavo cualquiera. Quiero a alguien que no me mire como si fuera intocable. ¿Entendido?”-

-“Sí, amo.”- Kuro asiente.

Red se detiene y frunce el ceño.

-“No me llames amo.”- se queja. -”Al menos no cuando estamos solos.”-

-“Como usted diga, señor Red.”- sonríe débilmente.

Y así, en ese día caluroso y lleno de errores de caza, nace una amistad inesperada. Una amistad marcada por la diferencia de poder, pero también por un extraño respeto mutuo. Una amistad que, aunque inocente en su inicio, está destinada a cambiar sus vidas para siempre.


miércoles, 16 de julio de 2025

Dragon Ball Anthology: Bitácora Roja:

 

Dragon Ball Anthology: Bitácora Roja:

Durante años, fueron simples villanos de caricatura. Soldados derrotados, científicos locos, androides que hablaban poco y morían rápido. El Ejército de la Red Ribbon fue vencido, olvidado… y caricaturizado. Pero nadie nace monstruo. Nadie construye un imperio sin historia.

Bienvenidos a Bitácora Roja.
Un proyecto de antología fanfic que rescata y profundiza en la historia oculta del Ejército más temido del mundo de Dragon Ball. Veinticinco relatos breves que no sólo expanden el universo conocido, sino que también lo habitan con una mirada humana, cruel, política, incluso poética.

¿Qué es Bitácora Roja?

  • Una colección de 30 historias, todas conectadas por un mismo eje: la Red Ribbon.

  • Cada historia tiene su voz, su tono y su ritmo. Algunas son narraciones clásicas; otras, experimentales. Hay diarios personales, informes secretos, memorias de laboratorio y escenas de guerra.

  • Respetan el canon, pero lo empujan hasta sus límites más oscuros y conmovedores.

  • Aparecen figuras como el General Blue, el Comandante Red, el Doctor Gero, el Androide 8, entre otros. Y también personajes anónimos que nunca tuvieron nombre, pero sí una vida.

¿Por qué escribir sobre ellos?

Porque detrás de cada androide hubo un experimento.
Detrás de cada experimento, una idea.
Y detrás de cada idea, una persona.

Bitácora Roja no busca redimir a la Red Ribbon. Busca entenderla. Y a veces, el entendimiento duele.


📆 Publicación semanal

📍 A partir de este viernes, publicaré dos nuevas historia cada semana.
📍 Serán 30 relatos. Cada martes y viernes.
📍 Y para quien quiera anticiparse o descifrar el futuro… he dejado la lista completa de misiones:
Un archivo codificado. Una imagen sencilla, pero no inocente.
Quien la descifre, sabrá antes que nadie qué espera al final de la bitácora.





Aclaración:
Todas las historias de Bitácora Roja fueron escritas con la intención de respetar y adaptarse al canon narrativo del fanfic Dragon Ball Super: Next Level, creado por Batosai.
Este proyecto es un homenaje paralelo y complementario.


Orgullo de Mifan - Tercer Canto:

  Abran bien los ojos, porque lo que la historia amansa, el mito lo devuelve a su estado salvaje. Tras la paz de los Juegos, Mifan prosperó,...