viernes, 22 de agosto de 2025

Bitácora Roja. Parte VI - Ladrona con sentimientos:

 

Bitácora Roja. Parte VI - Ladrona con sentimientos:



“Solo... quería dejar atrás ese mundo y…”


En la Capital del Sur, el viento frío atraviesa los callejones estrechos y oscuros que se forman en los grandes rascacielos. Entre los muros de ladrillos desgastados, Lapis y Lázuli se detienen en la esquina de una concurrida avenida. Los gemelos, con miradas inocentes y gestos preocupados, localizan a una pareja bien vestida que se pasea sin prisa, absorta en una conversación. Lapis se adelanta, dirigiéndose a la pareja con una expresión desesperada.


-”¡Por favor, necesitamos ayuda!”- dice Lapis con voz temblorosa, mientras su hermana Lázuli asiente. -”¡Nuestra madre… ha tenido un accidente!”-


La pareja, alarmada, se deja guiar por los gemelos hacia el oscuro callejón. Tan pronto cruzan la esquina y se internan en el callejón, una figura emerge de las sombras. Es Hasky, una mujer rubia, de ojos marrones con un cuchillo en mano y una sonrisa confiada.


-”Vaya, qué generosos… viniendo a ayudar.”- murmura Hasky mientras apunta con calma a la pareja. 


Con la habilidad de una profesional, rápidamente les despoja de sus relojes, billeteras y joyas, sin dejar de mantener la mirada atenta. La pareja no tiene otra opción que obedecer, aterrorizada por el arma blanca en sus manos. En cuestión de segundos, Hasky les hace un gesto para que se vayan.


-”Y ahora, sigan su camino.”- ordena, observando cómo los dos se alejan apresurados.


Hasky guarda las ganancias en una pequeña bolsa y se vuelve hacia sus hijos adoptivos, sonriendo.


-”Buen trabajo, equipo.”- sonríe ella.


Más tarde, los tres se sientan alrededor de una mesa de metal en un pequeño restaurante de mala muerte. El aire está impregnado de un olor a comida grasienta, y en la mesa frente a ellos hay unos platos de dudosa procedencia.


-”Hasky, ¿podemos comprar ese scooter?”- pregunta Lapis, señalando una tienda al otro lado de la calle, donde una elegante moto brilla en la vitrina.


-”¡Y ese conjunto de moda!”- añade Lázuli con una expresión de ensueño.


Hasky se cruza de brazos, arqueando una ceja con desaprobación.


-”No piensen en tonterías, ¿quieren?”- responde cortante. -”Primero, trabajan y ahorran, luego ya veremos si se ganan algo más que ropa o juguetes.”-


Ambos gemelos suspiran, pero obedecen, sin dejar de observar con anhelo sus deseos a través de la ventana.


Horas después, Lapis y Lázuli están ocupados en un nuevo golpe. Esta vez, el objetivo es un grupo de chicos de su edad, a quienes encuentran sentados en la plaza, disfrutando de una tarde tranquila. Con habilidad, los gemelos se acercan y empiezan a trabajar en su plan, metiéndose con uno de ellos mientras intentan robar discretamente los objetos de valor. Sin embargo, uno de los chicos se da cuenta y reacciona, desatando una pelea. Golpes van y vienen, pero la experiencia de Lapis y Lázuli les da ventaja. Finalmente, los gemelos salen victoriosos, aunque cubiertos de moretones, y huyen antes de que llegue la policía.

Por su parte, Hasky se infiltra en una fiesta de la alta sociedad. Vestida con elegancia para no levantar sospechas, se pasea entre la multitud, intercambiando sonrisas y saludos, mientras sus dedos hábiles deslizan collares y pulseras de las muñecas y cuellos de los invitados, guardando cada objeto con destreza. Con movimientos calculados, consigue un botín considerable, saliendo de la fiesta sin que nadie se percate de lo que acaba de perder.

Horas después, ya lejos del bullicio de copas y perfumes caros, Hasky entra en una lavandería automática de mala muerte, una de esas que jamás cierran y siempre huelen a vapor y grasa vieja. Se sienta en la esquina más oscura, abre un pequeño compartimento oculto en su bolso y comienza a contar el botín bajo la tenue luz del fluorescente parpadeante.

Entonces lo ve. No estaba allí antes. Juraría que no.

Una tarjeta negra, delgada, sin marcas visibles salvo una inscripción en tinta plateada que solo se revela cuando la inclina contra la luz: “13:45. Calle Griseo 12.”

Hasky la observa en silencio unos segundos. No hay firma, ni símbolo, ni crédito incluido. Solo eso.



Esa noche, los tres duermen bajo un puente. Hasky se recuesta sobre el suelo de concreto, cubriéndose con una manta gastada, mientras los gemelos se acomodan cerca de ella.


-”La cena enlatada es… decepcionante.”- murmura Lázuli, quejándose con una mueca de desagrado.


-”Deberíamos robar un restaurante de una vez.”- suspira Lapis, mirando el cielo oscuro.


-”No empiecen.”- gruñe Hasky, mirando hacia arriba, tratando de encontrar un pedazo de cielo despejado entre las vigas del puente. -”Es lo que tenemos por ahora, así que se lo tragan o se acuestan con hambre.”-





Al día siguiente, Hasky le entrega a cada uno de los gemelos unas monedas.


-”Vayan al parque y tómense un helado, pero vuelvan antes del atardecer.”- les ordena. Los gemelos, felices, aceptan y corren hacia el parque.


Mientras Lapis y Lázuli se divierten en su descanso, Hasky camina hacia una calle secundaria, donde una figura espera, recostada contra un elegante coche negro. Reizoku, un hombre gordo de cara redonda y pálida como la cera, la observa con una sonrisa refinada, con las manos entrelazadas en la espalda. Al verla, se incorpora y hace una leve reverencia.


-”Señora Hasky, un placer conocerla en persona.”- Su tono es educado, casi solemne. -”Mi nombre es Reizoku, y vengo en representación de alguien que valora sus… talentos.”-


-”No soy de las que hacen trabajos a ciegas.”- responde Hasky, cruzándose de brazos. -”¿Qué necesitas?”-


-”Un cliente importante, un científico, para ser precisos, está trabajando en un proyecto que podría ser vital para la seguridad mundial. Pero… carece de los fondos necesarios.”- explica Reizoku, con una sonrisa tranquila y perturbadora. -”Y digamos que usted, tiene acceso a ciertos recursos que podrían ayudarle.”-


Hasky ladea la cabeza, estudiando al hombre.


-”¿Y quién tiene tanto dinero como para que le consideren?”- pregunta inquisitiva.


-”Una antigua coronel del Ejército de la Red Ribbon.”- responde Reizoku, entrecerrando los ojos. -”La dama en cuestión es muy cuidadosa y tiene un servicio de seguridad personal.”-


Hasky se cruza de brazos, considerando la oferta.


-”Sin embargo, nuestra información es clara: ella guarda su fortuna en su residencia. Necesitamos a alguien con su habilidad para entrar y hacerse con ello.”-


-”No me gustan los trabajos en casas de ex militares. Son ruidosos.”- dice ella, dudando.


Reizoku hace un gesto elegante, como si le asegurara que no hay de qué preocuparse.


-”Confío en que su destreza puede manejar cualquier obstáculo, Hasky. Será muy bien recompensada.”- exclama con un tono servicial y complaciente.


Hasky suelta un suspiro y asiente lentamente.


-”Está bien. Acepto, pero no te prometo nada si resulta una trampa.”- responde con una mueca de desconfianza.


Reizoku sonríe, complacido, y hace una reverencia nuevamente antes de abrir la puerta de su coche.


-”Le aseguro que será una empresa… lucrativa, por decir lo menos.”- se despide de Hasky con una inclinación de cabeza. -”Mañana al atardecer.”-


Hasky observa cómo el lujoso coche se aleja.



Al atardecer del día siguiente, Hasky vuelve al mismo callejón para encontrarse con Reizoku. La expresión de Hasky revela desconfianza, pero sus ojos muestran determinación. Reizoku, con su aire de cortesía distante, le entrega un maletín negro.


-“Le he traído equipo para facilitar la misión.”- comenta en un tono neutro.


Ella inspecciona el contenido del maletín, donde ve unas granadas somníferas y una pistola de tecnología avanzada. La rubia guarda el arma en su cinturón, y toma las granadas a modo de bandolera.


Reizoku la observa un momento, asintiendo con una media sonrisa y le entrega una aeromoto pequeña y ágil. 


-“La dirección de tu objetivo está en el panel de control.”- indica, mostrándole una pantalla diminuta en el manillar.


Con un simple asentimiento, Hasky se monta en la aeromoto y arranca, dejándolo en el callejón mientras desaparece entre las sombras.




Cuando cae la noche, y con el sigilo y la precisión de un cazador experimentado, Hasky salta la pared de la residencia, aterrizando silenciosamente en el jardín. Avanza con pasos calculados, noqueando sin ruido a cada guardia en su camino; unos caen de un golpe preciso en la nuca, mientras a otros los asfixia, sujetándolos hasta que pierden el conocimiento. Sin dejar huellas, atraviesa los pasillos hasta llegar a la oficina donde está la caja fuerte.


Frente a la caja, Hasky comienza a trabajar en el mecanismo mientras sus dedos recorren los diales con precisión.


-“Siempre me las he ingeniado para estas cosas.”- susurra, casi divertida.


Sin embargo, apenas comienza a manipular los engranajes, un brazo fuerte la envuelve desde atrás y la lanza hacia un costado. El impacto la hace chocar contra una mesa, sintiendo una punzada de dolor en el hombro.


Frente a ella, aparece un hombre alto y musculoso de pelo rubio corto, cuya presencia es tan intimidante como su fuerza. Sin perder tiempo, Hasky se coloca un pañuelo sobre el rostro y lanza una granada somnífera que rápidamente llena la sala de una nube espesa. El hombre intenta atraparla, lanzando golpes que ella logra esquivar ágilmente mientras retrocede. Pero el somnífero empieza a hacer efecto, y los movimientos del hombre se vuelven lentos; finalmente cae al suelo, inconsciente.


Antes de que Hasky pueda respirar aliviada, un impacto en la espalda la lanza fuera de la lujosa sala de estar, rompiendo el ventanal y haciendo que atraviese el vidrio hasta caer en el patio exterior. Mareada, se incorpora y se da cuenta de que ha perdido el pañuelo que cubría su rostro. Frente a ella está Violet, la ex coronel de la Red Ribbon, con una expresión decidida y ojos afilados que destilan tanto orgullo como furia.


-“¿Así que eres una vulgar ladrona?”- exclama Violet con desprecio. Las dos mujeres se miran, cada una con su propia carga de orgullo y resentimiento. 


-“Trabajo para alguien que necesita fondos.”- contesta Hasky, tratando de mantener la calma mientras intenta recuperar el aliento. -“Y parece que tú tienes mucho dinero en tu poder.”-


Violet sonríe con sarcasmo.


-“Cuando el ejército cayó, yo estaba allí. Aproveché la confusión y me llevé todo el dinero que pude.”- narra la ex militar -”Solo quería empezar de nuevo, lejos de esa vida.”- 


La tensión entre ambas es palpable, como si el peso de sus respectivos pasados hubiera convertido la conversación en un duelo.


Violet lanza el primer golpe, un puñetazo rápido y directo que Hasky logra esquivar por poco. Respondiendo con un giro rápido, Hasky busca asestarle un codazo, pero Violet lo bloquea con una sorprendente rapidez y contraataca con una patada baja que desestabiliza a Hasky.


Con una mezcla de fuerza militar y gracia, la ex coronel lanza una serie de golpes directos, cada uno calculado y preciso, mientras Hasky se desliza intentando esquivar. Las dos mujeres ruedan por el suelo, intercambiando llaves y golpes en una coreografía intensa. Hasky logra sujetar a Violet por la muñeca y girar, haciéndola caer al suelo. Pero la ex coronel se suelta con un movimiento brusco, aprovechando su peso y preparación militar para derribar a Hasky de un golpe, haciéndola retroceder.


Con un último esfuerzo, Hasky desenfunda su pistola, apuntando a Violet. La mujer de pelo lila se queda inmóvil, mirándola con una mezcla de desafío y resignación.


Hasky aprieta el gatillo, su rival cae al suelo, con una herida en el pecho que no podrá sanar. La ladrona respira entrecortadamente, observando el cuerpo inmóvil frente a ella. Una punzada de arrepentimiento la invade.


-“Lo siento... nunca quise llegar a esto.”- susurra entre lágrimas.


Violet, en su último aliento la observa.


-“Solo... quería dejar atrás ese mundo y…”- sus ojos se cierran mientras su respiración se apaga lentamente.


La rubia recoge el dinero, su mente nublada por el peso de lo que acaba de hacer. Con manos temblorosas y una mirada que refleja tanto dolor como confusión, se da la vuelta y abandona la casa, perdiéndose en la oscuridad, mientras el eco de su primera muerte la sigue en el silencio de la noche.




Bajo la luz tenue de la luna, Hasky regresa al viejo puente donde sus hijos adoptivos, Lapis y Lázuli, descansan en una improvisada cama de mantas. La fatiga y el peso de lo ocurrido se reflejan en sus ojos, pero en cuanto ve a los gemelos, su expresión se suaviza. Se inclina hacia ellos y besa sus frentes con ternura, sin saber que ambos chicos fingen dormir, observándola a través de párpados entrecerrados.


Mientras Hasky se aleja, Lapis y Lázuli intercambian una sonrisa astuta y apenas audible.


-“¿Viste eso? Ni se dio cuenta de que estábamos despiertos.”- susurra Lázuli.


-“Ja, somos unos genios.”- responde Lapis, dándole una palmada suave en la espalda a su hermana. 


Sin hacer ruido, los dos se deslizan entre las sombras, siguiendo a su madre adoptiva a una distancia prudente.




Minutos después, Hasky llega al muelle de la ciudad donde la figura imponente de Reizoku la espera. Sus manos tiemblan al ofrecerle la bolsa de dinero. 


-“Aquí está tu dinero, Reizoku.”- dice con voz firme pero temblorosa. -“Y aquí se termina todo. He cruzado una línea que no puedo borrar.”-


Reizoku la observa con una leve sonrisa.


-“Entiendo sus razones, señora Hasky.”- ladea su cabeza Reizoku, manteniendo su fría sonrisa. -”Realmente lamento que lleguemos a esto.”-


Antes de que Hasky pueda reaccionar, Reizoku saca un cuchillo y, con un movimiento rápido y silencioso, la apuñala en el cuello. La ladrona cae al suelo, su mirada se nubla mientras el dolor la inunda. Reizoku recoge la bolsa de dinero, mirando su cuerpo sin emoción antes de retirarse en la oscuridad, dejando tras de sí el eco de la sangre borboteando.


Desde un rincón en las sombras, Lapis y Lázuli observan horrorizados lo ocurrido. Lázuli corre hacia su madre y la abraza con desesperación, lágrimas surcando su rostro mientras intenta reanimarla.


-“Mamá… ¡mamá, no te vayas!”- suplica entre sollozos.


Hasky apenas logra enfocar la vista en ellos antes de que su mirada se pierda y su cuerpo quede inerte en los brazos de los adolescentes.


Lázuli se desploma, llorando sin consuelo, mientras Lapis se queda inmóvil con sus ojos llenos de rabia y dolor.




Luego de unos días de viaje, Reizoku llega a una cueva oculta, donde el doctor Gero lo espera, ajustando unos dispositivos en una mesa de trabajo.


-“¿Lo has conseguido?”- pregunta el doctor, sin levantar la mirada.


-”Aquí está. Los fondos que necesita están asegurados, señor.”- asiente con solemnidad el orondo mayordomo.


El doctor Gero asiente con satisfacción.


-“¿Alguna posibilidad de que tengamos problemas?”- pregunta, revisando el dinero.


Reizoku sonríe con su calma habitual.


-“Ninguno. Todo ha sido resuelto. Los cabos sueltos… ya no existen.”- afirma.


El doctor lo mira un instante antes de sonreír con frialdad. Ambos asienten en silencio, regresando a sus trabajos en la penumbra de la cueva, donde la oscuridad parece envolverlos por completo.




Lapis y Lázuli, sin rumbo y marcados por la tragedia, han comenzado a realizar robos nuevamente. Sin embargo, ambos han cambiado profundamente. 


En un callejón oscuro, acaban de asaltar a un comerciante que cae al suelo, temblando mientras Lapis lo apunta con un cuchillo.


-“¡¿Dónde está todo tu dinero?!”- exige Lapis, sin esconder la furia en su voz. 


El comerciante tartamudea, sacando unas monedas de su bolsillo. Lázuli, al otro lado, observa la escena con una mirada vacía, sentada sobre un cubo de basura.


-“Lapis… no hagas más difícil esto de lo que ya es.” murmura Lázuli en voz baja, mirando al suelo.


-“¿Por qué no? ¡Ellos también nos arrebataron todo! ¿Y tú piensas que vamos a seguir dejando que nos pisoteen?”- replica Lapis, acercándose más al comerciante. Su voz está llena de ira contenida, su mano temblando mientras sostiene el cuchillo.


Lázuli suspira, observando a su hermano sin expresión.




Lejos de allí, el viudo de Violet se encuentra frente a las enormes puertas de la Torre Músculo de Villa Jingle, contemplando la estructura que alguna vez representó su pasado militar. Finalmente, se arma de valor y entra, avanzando hasta la oficina del nuevo comandante Silver.


Silver lo recibe con una sonrisa fría, estrechándole la mano.


-“Bienvenido de nuevo, Soldado 15. Nos hace falta gente como tú en el Ejército.”- dice el militar.


El Soldado asiente, su mirada seria y determinada.


1 comentario:

  1. Que capitulo!

    Hoy nos alejamos de lo que venimos viendo de la Red Ribbon, y tenemos a los hermanos mas conocidos en una primera aventura.

    Volvemos a ver a Violet, al Soldado 15, y brevemente a Gero y Silver.

    En estos años la RR andaba muy fragmentada, con varios planes en simultaneo.

    Y presentamos a Reizoku y a Hasky. El primero es un personaje original, la segunda, ya la conocemos del anime.

    Uds que creen? veremos mas de estos gemelos en el futuro?

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