Bitácora Roja. Parte Extra - El biofallo:
“¿Este era el enemigo final?.”
Era el momento decisivo.
Cell, el ser supremo creado para alcanzar la perfección, había acorralado a la Androide 18 en una llanura desierta. Las montañas temblaban con su poder, los árboles se marchitaban con su sola presencia… y una mosca zumbaba cerca de su oreja. Molesta, pero insignificante.
A lo lejos, Krillin se escondía detrás de una roca del tamaño de una heladera. Tenía el control remoto para desactivar a Número 18, pero en vez de apretar el botón, solo sudaba como un chancho en Navidad.
-”No puedo hacerlo... sus ojos... sus labios... ¡su estilo!”- dijo con voz temblorosa.
Cell, mientras tanto, lanzaba su clásica risa malvada.
-”¡Ja, ja, ja! ¡Ven a mí, 18!”- dijo con voz gruesa. -”¡Con tu energía alcanzaré mi forma perfecta!”-
Lanzó su cola a una velocidad asombrosa.
Pero justo en ese instante, la androide tropezó con una piedra.
Y Krillin, saliendo de su escondite para decir una frase totalmente innecesaria como “¡Hey, Cell, detente!”, se cruzó exactamente en la trayectoria del tentáculo absorbente.
SCHLUUUP
Silencio.
Una nube de polvo se alzó. Los pájaros volaron asustados. El viento mismo dejó de soplar como diciendo: “Uh oh…”
Y entonces ocurrió.
Un aura brillante envolvió a Cell. Estaba cambiando. Transformándose. Gritó con poder... pero algo empezó a torcerse. La energía titilaba. Su silueta... se achicaba.
Cuando la luz se desvaneció, ahí estaba: un ser nuevo.
Cellin.
Cuerpo de bioandroide. Piel naranja con motas negras. Hombros anchos, armadura biológica… y cara de Krillin con una expresión de angustia perpetua.
Estaba acostado de lado. Apoyando su mejilla sobre la mano como si estuviera posando para una revista de chismes de Namek.
-”¿Qué acabo de hacer?”- murmuró con voz nasal y tono mezcla de maldad frustrada y empleado de mostrador de verdulería.
18 lo miró, contuvo la risa, y se fue volando sin decir una palabra. No podía más.
Del cielo descendió un aura tenue y desprolija. Era Yamcha.
-”¿Qué onda, Cell...?”- le preguntó conteniendo la risa -”¿Te pasó un auto por encima?”-
Cellin se puso de pie. O al menos lo intentó. Su cuerpo era torpe. Su panza vibraba como gelatina mal refrigerada. Cada paso sonaba como si llevara chancletas mojadas.
-”¡Tú…! ¡Tú eres un don nadie!”- gritó. -”¡Yo soy la perfección encarnada!”-
Yamcha bostezó.
-”Claro.”- replicó el viejo bandido. -”La perfección... acostada en pose de foto de Tinder.”-
-”¡Prepárate para sentir mi verdadero poder!”- gritó Cellin, cargando un Kamehameha… que salió hacia atrás y le chamuscó la espalda.
Yamcha se puso en posición de pelea, con una mano arriba.
-”No pienso gastar tiempo en ti, bro.”- dijo materializando el Sokidan en su mano alzada.
La esfera zigzagueó... Cellin intentó correr… pero tropezó con su propio pie. Cayó boca abajo.
El Sokidan impactó directo.
Fin del combate.
-”¿Este era el enemigo final?”- Yamcha lo miró con pena. -”Qué bajón, ni siquiera tuve que usar mi Omnitrix.”-
Se sacó una selfie con los restos del cuerpo de Cellin, la subió a Instagram con el texto: "Tremendo sparring hoy. #EasyWin #CellCalvo"
En el Más Allá, Cellin apareció flotando con cara de boludo en una nube.
Enma-Sama lo observó desde su escritorio, estupefacto.
-”¿Vos sos Cell...? ¿O Krillin?”- preguntó rascándose la barbilla.
-”¡SOY CELLIN!”- gritó él, con eco dramático.
Enma suspiró.
-”¡Al infierno!”- sellando un papel y gritando. -”¡Y que lo acomoden con los fusionados fallidos, al lado de Ginyu rana y aquel Piccolo que se mezcló con el doctor malvado de Arale!”-
Y así, Cellin fue arrastrado por un ogro al sector 13-B del infierno.
-”¡¡¡YAMCHAAAAAA, TE JURO QUE VUELVO!!!”- gritó a todo pulmón.