viernes, 28 de noviembre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXIX - El nacimiento de un ejército:

 

Bitácora Roja. Parte XXIX - El nacimiento de un ejército:


“Te seguiré, pase lo que pase.”

El sol se alza sobre la hacienda, iluminando las cicatrices de la batalla reciente. El patio está en silencio, salvo por los murmullos apagados de los esclavos y el sonido distante del fuego que todavía consume algunas partes de la casa principal. Red se encuentra en lo alto de las escaleras que conducen al porche, con un vendaje improvisado cubriendo su ojo derecho y sangre seca en su rostro.

Kuro está junto a él, cansado, con la ropa rasgada y su mirada perdida. A sus pies, el cuerpo de Vermilion todavía yace sin vida, una mancha oscura que parece absorber la luz del día.

Red alza la voz, fuerte y clara.

-“Escúchenme, todos ustedes.”- exclama dirigiéndose a su público.

Los esclavos que sobreviven detienen lo que están haciendo y levantan la vista hacia él.

-“Mi padre está muerto, y con él, la tiranía que gobernó este lugar.”- dice con tono firme. -”Ustedes ya no son esclavos. Son libres.”-

Un silencio incómodo se extiende entre ellos. Algunos parecen emocionados, otros recelosos.

-“Pero la libertad tiene un precio.”- continúa Red, con los brazos cruzados detrás de la espalda. -“No basta con deshacerse de un hombre. Tenemos que deshacernos de todo lo que él representaba. Esto es solo el comienzo.”-

Kuro lo observa con una mezcla de admiración y preocupación. Sabe que Red no está hablando desde el corazón; está planeando algo mucho más grande.


En los días siguientes, Red toma el control total de la hacienda. Organiza a los esclavos sobrevivientes en grupos, asignándoles tareas para reconstruir el lugar y establecer defensas. También envía mensajeros a otras haciendas cercanas, buscando aliados entre los esclavos que todavía están bajo opresión.

Kuro, aunque cansado y aún en duelo por la pérdida de su familia, lo sigue de cerca. Es su mano derecha, el único en quien Red confía plenamente.

Una noche, mientras ambos se sientan alrededor de una fogata improvisada, Kuro rompe el silencio.

-“¿Por qué haces esto, Red?”- le pregunta con tono fraternal.

Red lo mira, con su único ojo visible brillando bajo la luz del fuego.

-“Porque puedo.”- responde sin titubear. -“Mi padre me enseñó algo importante, aunque no quisiera: el poder no se hereda, se toma. Y ahora el poder es mío.”- dice tajante.

Kuro baja la mirada, inseguro de cómo responder. Aunque las palabras de Red no son inspiradoras, hay algo en su tono que le hace creer que está destinado a algo grande.


Pasan las semanas, y la hacienda se transforma en una fortaleza improvisada. Red entrena a los antiguos esclavos en combate, enseñándoles tácticas básicas y cómo usar armas rudimentarias. Algunos comienzan a referirse a él como “Comandante Red”, un título que él acepta con orgullo.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con su liderazgo. Bungo, el esclavo corpulento que lideró la primera carga contra los guardias de Vermilion, se enfrenta a él una tarde en el patio.

-“Esto no es libertad.”- le dice Bungo, con los brazos cruzados. -“Nos estás usando como tu ejército personal. ¿En qué te diferencias de tu padre?”-

-“La diferencia, Bungo, es que yo sé lo que estoy haciendo.”- sonríe con frialdad. -”Mi padre gobernaba con miedo. Yo ofrezco algo mejor: propósito.”-

-“¿Y qué propósito es ese?”- le increpa Bungo.

-“Conquistar.”- responde Red, sin dudar. -“No solo esta hacienda, no solo este pueblo. Todo.”-

Bungo lo observa con una mezcla de enojo y asombro. Finalmente, suspira y se aleja, aunque su desconfianza persiste.


Una noche, mientras revisan los registros antiguos de la familia Vermilion en el despacho del difunto patriarca, Kuro encuentra un pergamino desgastado. Lo desenrolla y lo estudia, sus ojos ensanchándose mientras lee.

-“¿Qué es esto?”- pregunta Red, notando su reacción.

Kuro le entrega el pergamino.

-“Es una leyenda… una historia que mi familia solía contar cuando éramos niños.”- responde con su voz cargada de nostalgia.

Red lee en silencio. Habla de unas esferas mágicas, dispersas por el mundo, que tienen el poder de conceder cualquier deseo a quien las reúna.

-“Esto es ridículo.”- dice Red, aunque hay un destello de interés en su voz.

-“Mi abuela decía que eran reales.” insiste Kuro. “Un hombre con ese poder podría cambiar el mundo.”-

-“Tal vez valga la pena investigarlo.”- dobla el pergamino y lo guarda en su chaqueta. 

-“¿Qué desearías si fueran reales?”- pregunta Kuro, con curiosidad genuina.

Red sonríe para sí mismo, pero no responde. Su mente ya está decidida: “Ser más alto. Lo suficiente como para que nadie me vuelva a mirar hacia abajo.”

Kuro, sin saberlo, interpreta su silencio de otra manera. Cree que Red busca justicia, que desea usar ese poder para cambiar el mundo y liberar a todos los oprimidos.

-“Te seguiré.”- dice Kuro finalmente. -“Hasta el final.”-

Red lo mira con una sonrisa oscura.


Con el tiempo, la hacienda Vermilion se convierte en la base del naciente Ejército de la Red Ribbon, un movimiento que Red lidera con mano de hierro y carisma innegable. Los esclavos que lo siguen lo hacen por diferentes razones: algunos por gratitud, otros por miedo, y unos pocos, como Kuro, por lealtad genuina. Con el tiempo, y con la fortuna obtenida, los soldados comienzan a vestir uniformes y pasan a ser de todas las etnias.

Mientras se preparan para su primera expedición en busca de las esferas mágicas, Red observa su ejército desde una colina cercana, con Kuro a su lado.

-“Este es solo el comienzo.”- dice, más para sí mismo que para su amigo. -“Pronto, todo el mundo sabrá mi nombre.”-

Kuro asiente, con una sonrisa ligera. En su corazón, todavía cree que están luchando por algo más grande.

En silencio, Red aprieta el pergamino en su mano, imaginando el día en que pueda finalmente obtener su deseo. “Seré más grande que mi padre en todos los sentidos”, piensa.

El Ejército de la Red Ribbon marcha hacia su destino, con dos líderes que tienen sueños radicalmente diferentes, pero que están unidos por un vínculo complejo e inquebrantable.


El tiempo avanza, y el Ejército de la Red Ribbon deja su marca en el mundo. La hacienda de los Vermilion es ahora una fortaleza moderna, con laboratorios, campos de entrenamiento y arsenales. Red se pasea por los pasillos, con un aura de autoridad que nadie cuestiona. Su ojo perdido ha sido reemplazado por un parche elegante, y su figura, aunque todavía baja, parece más imponente gracias a su porte y actitud.

Kuro lo sigue de cerca, como siempre, ahora vestido con un frac negro que refleja su nuevo estatus como mano derecha del Comandante. Aunque el ejército es cada vez más temido y poderoso, el antiguo esclavo no puede evitar sentirse inquieto. Las promesas de libertad y justicia que una vez creyó que Red cumpliría parecen haberse desvanecido en el aire.

Una noche, Red está solo en su despacho, mirando un mapa extendido sobre su escritorio. El pergamino que habla de las esferas mágicas está cuidadosamente doblado junto a él, sus bordes gastados de tanto ser manipulado. Su mirada se fija en las anotaciones y posibles ubicaciones marcadas con tinta roja.

-“Tan cerca…”- murmura, apretando los puños. -“Solo necesito encontrarlas. Todo será perfecto.”-

Un golpe suave en la puerta lo saca de sus pensamientos.

-“Adelante.”- dice con frialdad.

Su mano derecha entra, su expresión mezcla de cansancio y determinación.

-“Los hombres están listos para partir. La información del último pueblo parece sólida.”- dice con tono solemne.

Red asiente, su voz cargada de ambición.

-“Es hora. Este será el primer paso hacia un futuro en el que el mundo se incline ante mí.”- dice con seguridad. -”Gracias, Oficial Black.”-

Black lo observa en silencio. Quiere decir algo, confrontarlo por su falta de empatía, por cómo ha usado a los esclavos para su propia agenda. Pero no lo hace. Una parte de él todavía quiere creer en su amigo, en el chico con quien compartió risas en los campos y que alguna vez fue diferente.

-“¿Qué harás con las esferas, Red?”- pregunta finalmente, intentando no sonar desafiante.

Red se gira hacia él, su sonrisa fría pero calculada.

-“Todo lo necesario para asegurar mi dominio.”- le responde.

-“Te seguiré, pase lo que pase.”- Black asiente, aunque sus dudas crecen. 

Red enciende un puro y mira a su subordinado, con una mirada que podría casi pasar por afecto.

-“Lo sé, Black. Tú eres el único en quien confío.”- le da una calada a su puro. -”Juntos, seremos imparables.”-

El ejército marcha al amanecer, un río interminable de soldados uniformados que se extiende por el horizonte. Los estandartes rojos ondean al viento, un símbolo que comienza a ser temido en cada rincón del mundo.


lunes, 24 de noviembre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXVIII - Privado de su libertad:

 

Bitácora Roja. Parte XXVIII - Privado de su libertad:


La Red Ribbon siempre ha sido una carga para este mundo…”

La prisión de la Capital del Este se alza imponente en medio de un páramo semidesértico. Sus muros de acero y concreto parecen impenetrables, y en su interior, la ley del más fuerte es la única que importa. Es aquí donde Magenta, un empresario astuto y envejecido, y su inseparable guardaespaldas Carmine llegan tras ser condenados. Ambos caminan con la frente en alto al cruzar las puertas metálicas.

Magenta, con su uniforme cuidadosamente planchado, irradia una calma que parece fuera de lugar en un sitio tan hostil. A su lado, Carmine, con mirada intimidante, escanea el entorno como un perro guardián, listo para saltar si alguien se atreve a acercarse demasiado. Los murmullos comienzan a correr entre los reclusos, su llegada no pasa desapercibida.

En el pabellón, durante su primer día, Magenta ve a un hombre sentado solo en una mesa apartada. Su cabello ahora canoso peinado en una coleta, y sus ojos astutos son inconfundibles. El Barón Jagger, un viejo aliado, les hace un gesto para que se acerquen.

-”Magenta. Nunca pensé verte en este agujero.”- dice Jagger con una sonrisa mientras sorbe de su taza de café aguado.

-”Y yo nunca pensé que seguirías en una pieza, Barón.”- responde Magenta, tomando asiento frente a él. Carmine permanece de pie, vigilando.

-”Prometiste que derrotarías al Great Saiyaman, que limpiarías la vergüenza de nuestro legado.”- dice el Barón, dejando su taza de café a un lado. -”No lo hiciste. Fracasaste.”-

Magenta levanta una ceja, visiblemente molesto, pero mantiene la calma.

-”¿De verdad quieres hablarme de fracasos, Jagger?”- dice conteniendo su furia. -”Estás aquí, en esta prisión, porque no supiste manejar tu codicia. Yo, en cambio, sigo construyendo nuestro futuro.”-

Jagger golpea la mesa con el puño.

-”¡Construyendo nada!”- grita. -”Estás obsesionado con una herencia que no mereces. La Red Ribbon murió hace décadas porque líderes como tú nunca entendieron lo que significaba el poder.”-

Magenta se pone de pie, acercándose lentamente.

-”¿Líderes como yo? ¡Mi padre creó este imperio! Está en mi sangre, Jagger.”- le dice en un tono calmado. -”Tú no eres más que un perro de guerra, un buitre que vivió de nuestras sobras.”-

Jagger se levanta, enfrentándolo cara a cara, ambos pasando por apenas unos centímetros el borde de la mesa.

-”Tu padre era un hombre con visión, pero tú eres solo un niño jugando a ser rey.”- le escupe el Barón. -”Si Red pudiera verte ahora, se avergonzaría.”-

Magenta respira hondo, luchando por contener su ira.

La tensión en el aire es palpable. Carmine se mantiene en su lugar, observando de reojo pero sin intervenir.

-”Tengo derecho porque he sangrado por esta causa.”- continúa Jagger, su voz cargada de resentimiento. -”Si alguien merece liderar el resurgir de la Red Ribbon, no eres tú.”-

La calma de Magenta se rompe. Con un movimiento rápido, saca un cuchillo oculto en su uniforme y lo clava en el abdomen de Jagger.

-”Y yo tengo el derecho de decidir quién vive y quién muere.”- replica con una sonrisa.

Jagger, sorprendido, se tambalea hacia atrás, con la sangre manchando su camisa. Mira a Magenta con una mezcla de incredulidad y furia.

Magenta lo observa caer al suelo. Luego limpia la hoja con un pañuelo, su rostro frío y distante. Carmine, testigo de la escena, se mantiene en silencio, su lealtad a Magenta intacta.

Los días comienzan a pasar, uno tras otro. Magenta y Carmine actúan con precisión quirúrgica desde el primer día. Identifican a los líderes de los grupos más fuertes dentro de la prisión: los contrabandistas de la lavandería, los peleadores clandestinos del sótano, y las pandillas que controlan los bloques. Magenta no usa fuerza; usa su mente. Negocia, ofrece mejoras en sus negocios y promete aumentar sus ganancias.

Carmine, por su parte, es el músculo que respalda cada palabra de Magenta. En el patio, Big Roy, el líder de una pandilla de apuestas clandestinas se cruza con Magenta y su guardaespaldas.

-”¿Crees que voy a compartir mis negocios contigo, viejo?”- le pregunta con un dedo acusador. -”Aquí, mando yo.”-

Magenta sonríe con calma.

-”No te estoy pidiendo permiso, Roy. Solo estoy ofreciendo una oportunidad.”- dice, mientras hace un ademán. -”Pero si necesitas una demostración... Carmine, ¿por qué no le enseñas a Roy cómo hacemos las cosas?”-

Carmine avanza sin decir una palabra, su mirada es suficiente para que los demás presos formen un círculo. Roy, confiado, se quita la camiseta y adopta una postura de boxeo.

-”Ven aquí, grandote. Te enseñaré cómo se pelea de verdad.”- provoca al guardaespaldas.

Roy lanza el primer golpe, un directo rápido que Carmine esquiva inclinando apenas la cabeza. Con una velocidad sorprendente para su tamaño, Carmine responde con un gancho al abdomen que hace que Roy retroceda, jadeando.

Roy intenta recuperar terreno con una ráfaga de golpes, pero Carmine los bloquea con facilidad. Finalmente, da un paso al frente, agarra a Roy por el cuello y lo lanza contra el suelo con tal fuerza que todos los presentes se estremecen.

-”¿Alguien más quiere intentarlo?”- dice Carmine mientras pisa el pecho de Roy, inmovilizándolo.

Nadie responde. El silencio es la respuesta que Magenta esperaba.

-”Bien. Ahora, hagamos negocios.”- dice Magenta con una sonrisa tranquila.


En el otro extremo del patio, lejos del caos, un anciano, conocido como el Viejo Grulla, se sienta en silencio bajo el sol. Su delgado cuerpo y su cabello blanco contrastan con la brutalidad del entorno. El ermitaño no se involucra en los negocios de la prisión. Pasó décadas como un maestro letal, pero esos días quedaron atrás. Ahora, medita, buscando redención por los pecados de su pasado.

Magenta lo nota desde la distancia. La calma del anciano lo desconcierta.

-”¿Quién es ese viejo?”- pregunta a un reo mientras lo observa.

-”Es el Viejo Grulla. Fue un maestro imbatible, el Barón Jagger llegó a conocerle y trabajar con él cuando no estaban aquí, pero dejó todo atrás.”- le comenta observando al viejo. -”Ahora solo medita.”-

Magenta frunce el ceño.

-”Nadie puede estar completamente ajeno al poder en un lugar como este.”- dice con desdén. -”Mantendré a Carmine vigilando. Quiero saber qué trama.”-

Aunque la vieja grulla no hace movimientos para interferir, su presencia parece incomodar a Magenta. Algunos prisioneros comienzan a acercarse al anciano, buscando consuelo o consejo, lo que intensifica la paranoia de Magenta.

-”Ese anciano está ganando seguidores.”- gruñe Carmine mientras cuentan sus ganancias de contrabando.

-”Entonces asegurémonos de que sepa quién manda aquí.”- responde Magenta. -”Si quiere paz, tendrá que ganársela.”

Magenta y Carmine comienzan a considerar al artista marcial como una posible amenaza, sin darse cuenta de que el viejo grulla solo busca redención, mientras ellos se hunden cada vez más en el abismo de sus propios pecados.

En las últimas semanas, el dúo ha reforzado la seguridad de sus negocios, pero la vieja grulla sigue siendo una espina en su costado. Magenta, cansado de su presencia, decide tomar medidas.

-”Ese anciano no puede seguir existiendo. Mándale un mensaje.”- ordena Magenta a Carmine, quien sonríe de manera sombría y llama a sus mejores matones.

En el patio de ejercicios, el anciano está meditando bajo la sombra de un árbol cuando cinco hombres lo rodean. Uno de ellos, Big Roy, lleva un cuchillo.

-”Oye, abuelo.”- le llama la atención un matón. -”Magenta manda saludos.”-

El viejo grulla abre los ojos lentamente y se pone de pie con calma.

-”¿Qué quieres decir con esto?”- pregunta clavando la mirada en el líder.

El líder de los matones sonríe.

-”Solo que será mejor para todos que desaparezcas.”- ríe jugando con su cuchillo. -”Pero no te preocupes, no dolerá mucho.”-

Los cinco atacan al unísono, pero el viejo, con una precisión casi sobrehumana, esquiva el primer golpe y desarma a Big Roy de su cuchillo, dejándolo fuera de combate con un golpe rápido al cuello. Otro intenta embestir, pero él lo utiliza como un escudo humano contra los puños de los demás.

El combate es una coreografía perfecta. Tsuru bloquea un puño con su antebrazo, gira sobre un pie y conecta una patada en la mandíbula de un tercero. Los dos últimos intentan atacar al mismo tiempo, pero él salta, gira en el aire y aterriza con ambos pies en el pecho del más cercano, derribándolo.

El último matón retrocede, temblando.

-”¿Quién te envió?”- pregunta Tsuru, su voz serena pero cargada de autoridad.

-”¡Magenta! ¡Estamos con la Red Ribbon!”- grita el hombre, con el rostro pálido.

Al escuchar esas palabras, el viejo frunce el ceño.

-”La Red Ribbon... otra vez ese nombre.”- dice, noqueando de un golpe al matón restante. -”Muy bien. Iré por ustedes.”-


En una oficina dentro de la prisión, Magenta está sentado frente al director del penal, un hombre robusto con rostro preocupado. Carmine, siempre a su lado, vigila en silencio.

-”No puedo permitir esto, Magenta.”- dice el director.

-”No estás en posición de negociar. Mira a tu alrededor. Tu prisión ya es mía.”- le dice entre risas. -”Solo necesito tu firma para que este lugar sea la fachada perfecta para reconstruir la Red Ribbon.”-

El director lo observa con el sudor perlándole la frente.

-”¿Y qué pasará conmigo si esto sale mal?”- pregunta con un nudo en la garganta.

-”Entonces no tendrás que preocuparte por nada. Porque no estarás vivo para verlo.”- Magenta sonríe con frialdad.

Con miedo evidente, el director cede.


El pabellón privado de Magenta está sumido en un ambiente de lujo decadente. En una mesa abarrotada de botellas de licor y ceniceros llenos, Magenta se reclina en un sillón de cuero, bebiendo un costoso whisky y fumando un cigarro. Mujeres rodean la escena, riendo y charlando entre sí mientras la música resuena suavemente en el fondo.

De repente, Tsuru se presenta en la sala principal del pabellón, apareciendo como una sombra imponente frente a la celebración. Las risas se interrumpen de golpe, y las mujeres, asustadas por la presencia del anciano, gritan y salen corriendo despavoridas.

-”¿Qué diablos…?”- balbucea Magenta, su rostro palideciendo.

Carmine da un paso al frente, interponiéndose entre su jefe y el anciano.

-”Yo me encargo de este viejo.”- dice crujiendo sus puños.

Tsuru, con una calma absoluta, adopta su postura de combate.

Carmine, con su fuerza bruta, lanza golpes como martillazos, buscando aplastar a la vieja grulla. Pero el maestro, ágil como una pluma, esquiva cada ataque con movimientos fluidos, utilizando los muebles del lugar para ganar ventaja.

El guardaespaldas agarra una silla y la lanza con furia, pero Tsuru salta por encima de ella, aterrizando con una patada que hace tambalear al guardia.

-”Eres fuerte, pero te falta disciplina.”- dice grulla mientras gira en el aire, golpeando a Carmine en el rostro con un pie. -”Es hora de terminar con esto.”-

Adoptando una postura especial, el anciano concentra su energía y de repente dos brazos extra emergen de su espalda. Tsuru lo golpea con una combinación vertiginosa de puñetazos, que finalmente lo derriban. Con un último movimiento, el viejo grulla presiona un punto específico en el cuello de Carmine, dejándolo inconsciente.

Magenta aprovecha el caos para escapar, corriendo hacia el balcón que conecta con el ala sur de la prisión. Pero Tsuru lo intercepta con una patada que lo lanza al suelo.

-”¡No me mates!”- suplica Magenta, levantando las manos mientras se arrastra hacia atrás.

El viejo lo observa con desdén, su mirada cargada de severidad.

-”La Red Ribbon siempre ha sido una carga para este mundo. Y yo tardé mucho en darme cuenta.”- dice con la voz cargada de arrepentimiento por sus acciones pasadas.

Magenta, temblando, intenta justificarse.

-”¡No soy como ellos!”- grita. -”Estoy reconstruyendo el ejército para algo más grande, para el futuro.”-

Tsuru sacude la cabeza.

-”Red solo quería suprimir a otros para alimentar su ego. White carecía de dirección. Silver tenía soldados leales, pero su propósito era erróneo. Gero se dejó consumir por su odio. Wheelo y Kochin buscaron aniquilar la individualidad. Jagger no era más que un inversionista codicioso. Y tú… tú solo eres una sombra de lo que fue tu padre.”- escupe el viejo grulla.

Magenta aprieta los dientes, sintiendo su orgullo herido.

-”¡Mi padre era un genio!”- dice Magenta. -”Estoy continuando su legado.”-

El viejo grulla se inclina ligeramente hacia él, quedando a pocos centímetros de su rostro.

-”Tu padre creó un imperio basado en la esclavitud y el miedo.”- le susurra. -”Pero siempre encontró personas que defendían la justicia.”- dice, recordando a su viejo amigo Roshi. -”Y tú no serás la excepción.”-

En un acto desesperado, Magenta saca un cuchillo y se lanza hacia su rival. Pero el maestro en artes marciales esquiva con facilidad, girando sobre un pie. El impulso hace que Magenta pierda el equilibrio, tropezando con la barandilla del balcón.

-”¡No, no, no!”- grita Magenta antes de caer al vacío.

Su cuerpo golpea el suelo del patio con un sonido seco. Tsuru observa desde arriba, su expresión inmutable.


Con Magenta muerto y Carmine neutralizado, la prisión recupera el control rápidamente. Los guardias, ahora al tanto de los negocios sucios, sofocan cualquier rastro de resistencia.

El director de la prisión se acerca al viejo grulla con una mezcla de respeto y gratitud.

-”Señor Wu Zu, viejo grulla, nos has salvado.”- le dice con agradecimiento en su voz. -”Veré cómo reducir tu condena por esto.”

Wu Zu niega con la cabeza, mirando al horizonte.

-”No lo hago por recompensas.”- responde. -”Mi redención no se mide en años. Lo que hice en el pasado… tomará toda una vida enmendarlo.”-

El sol se alza sobre la prisión, iluminando la figura del anciano mientras regresa a su celda, con la satisfacción de haber puesto fin, quizás para siempre, a la amenaza de la Red Ribbon.


viernes, 7 de noviembre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXVII - Una cena a la luz de las ideas:

 Bitácora Roja. Parte XXVII - Una cena a la luz de las ideas:


"Por Tori, por Pino... y por nosotros."

El restaurante tiene ese aire sofisticado que Oli siempre encuentra un poco excesivo, pero Gero insiste en sorprenderla de vez en cuando. La mesa está decorada con una pequeña vela que arroja sombras danzantes sobre sus rostros. Gero juguetea con el borde de su copa de vino, mientras Oli lo observa con una mezcla de diversión y ternura.

-"No puedes evitarlo, ¿verdad?"- dice ella, sonriendo. -"Incluso aquí, estás pensando en tus robots."-

Gero la mira y sonríe con una mezcla de culpa y orgullo.

-"¿Qué puedo decir? Hoy los drones me dieron un poco de esperanza.”- confiesa el doctor. -”Estuvimos probando una nueva inteligencia de enjambre, y por fin parece que se están coordinando como quería. Si todo sale bien, podremos usarlo en sistemas de búsqueda y rescate."-

-"Búsqueda y rescate."- repite Oli, con tono escéptico, inclinándose hacia adelante. -"Gero, sabes tan bien como yo que la Red Ribbon no tiene interés en salvar vidas. Todo eso terminará siendo usado para rastrear enemigos o desplegar armas con mayor precisión."-

-"Lo sé, Oli."- responde él, dejando la copa sobre la mesa. -"Pero también sabes cómo son las cosas. Aquí tenemos los recursos, el equipo, la libertad de investigación... al menos más libertad de la que tendríamos fuera. Si intentáramos hacer esto por nuestra cuenta, estaríamos lidiando con políticos o corporaciones que solo buscan lucro."-

-"¿Y qué diferencia hay?"- dice ella, alzando una ceja. -"El ejército tampoco busca el bien común, Gero. No digo que sea fácil, pero a veces siento que estamos usando nuestras capacidades para alimentar algo que detestamos."-

Gero suspira, observándola con una mezcla de admiración y resignación.

-"Sé cuánto te pesa todo esto, Oli.”- le responde. -”Pero no creo que sea tan sencillo como irnos. Si lo hacemos, ¿quién va a impedir que usen nuestro trabajo de formas aún peores? Prefiero estar aquí, al menos para tener algo de control."-

Ambos desvían sus miradas, sintiendo una culpa creciente en cada uno.

-"Hablemos de algo más."- dice ella, cambiando el tema con una sonrisa ligera. -"Hoy Tori y yo tuvimos una discusión interesante."-

Gero suelta una risa breve.

-"¿Otra vez? ¿Qué hizo esta vez? ¿Nos llamó hipócritas o habló de cómo el mundo adulto no tiene remedio?"- pregunta risueño. -”¿O solamente quiere un nuevo teléfono?”-

-"Un poco de todas."- responde Oli, rodando los ojos con afecto. -"Pero esta vez fue más incisiva. Dijo que si realmente quisiéramos hacer una diferencia, deberíamos dejar la milicia y abrir un laboratorio independiente."-

Gero frunce el ceño, reflexionando.

-"Tori tiene esa forma de ir directo al corazón de las cosas, ¿verdad? Aunque, siendo justos, no creo que entienda del todo las implicaciones de lo que dice.”- comenta el científico. -”¿Cómo avanzaríamos sin un presupuesto estable? ¿Y qué pasaría si alguna corporación se enterara de nuestros proyectos?"-

-"Lo sé."- dice Oli, suspirando. -"Pero no puedo evitar pensar que tiene un punto. Quizá hemos pasado tanto tiempo justificando lo que hacemos que nos hemos olvidado de por qué empezamos."-

Gero sonríe con ironía.

-"Eso es tan Tori”- dice con el orgullo de padre reflejado en sus ojos. -”Siempre cuestionando, siempre exigiendo más. Me recuerda tanto a ti cuando eras más joven."-

Oli sonríe, pero su expresión cambia al recordar.

-"Tori tiene razón en muchas cosas, pero también me preocupa su idealismo.”- dice con cierto pesar su madre. -”Está en esa etapa donde todo es blanco o negro. Me gustaría que entendiera que a veces el gris es lo único que tenemos."-

-"Y luego está Pino."- dice Gero, cambiando de tema con un toque de alivio. -"Tan distinto a Tori, pero igual de complicado a su manera. ¿Te contó lo que pasó en su último despliegue?"-

Oli asiente, su mirada volviéndose seria.

-"Sí. Lo vi tan... cansado.”- dice con angustia. -”Sé que quería ser soldado para marcar la diferencia, pero siento que el ejército lo está endureciendo más de lo que esperaba."-

-"Es como si estuviera luchando contra dos guerras."- añade Gero, pensativo. -"Una contra el enemigo, y otra dentro de sí mismo.”-

Oli niega suavemente.

-"No podemos vivir su vida por él, Gero.”- dice la mujer.

-”No sé si debería haberlo apoyado cuando decidió enlistarse."- se lamenta el padre.

-”Pero sí podemos ser su refugio.”- interviene con una sonrisa melancólica. -”Aunque no lo diga, creo que nuestras conversaciones le recuerdan que todavía puede ser humano en medio de todo esto."-


El camarero regresa con los platos principales, dejando ante ellos un guiso fragante que llena el aire con su aroma especiado. Ambos agradecen y se sumergen en la comida por un momento, saboreando el silencio.

-"¿Te acuerdas de cuando decidimos casarnos?"- pregunta Gero de repente, con una chispa en los ojos.

Oli suelta una risita.

-"¿Cómo olvidarlo? Estábamos en ese laboratorio minúsculo, rodeados de papeles y partes de robots.”- sonríe ella, radiante. “Tu gran declaración fue interrumpida por una explosión de ácido."-

-"¡Y tú dijiste que sí mientras tratábamos de apagar las llamas!"- añade Gero, riendo. -"Supongo que eso dice mucho de nuestra relación, ¿no?"-

-"Que somos un desastre."- bromea ella, pero su mirada se suaviza. -"No importa cuántas dudas tenga sobre lo que hacemos, Gero. Siempre sé que tomé la decisión correcta contigo."-

Él le toma la mano, su tacto cálido y firme.

-"Y yo contigo, Oli.”- él la mira a los ojos. -”A pesar de todo, siempre supe que juntos podríamos hacer algo bueno. Quizá no ahora, pero algún día."-

-"Por Tori, por Pino... y por nosotros."- murmura Oli.

-"Y por el mundo."- añade Gero, aunque en el fondo no puede evitar preguntarse si alguna vez tendrán el valor de dejar el gris para encontrar su verdadero propósito.


lunes, 3 de noviembre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXVI - El éxodo de la razón:

Bitácora Roja. Parte XXVI - El éxodo de la razón:


Entrada 27: Fecha: [Confidencial]

Hoy, he visto el fin de todo lo que una vez creí invulnerable. Las imágenes que llegaron al laboratorio desde la base principal no dejan lugar a dudas: el ejército de la Red Ribbon ha sido aplastado, y con él, casi todo lo que valoraba.

Las transmisiones comienzan con un niño, un pequeño de cabello alborotado que no aparenta más de doce o trece años. No puedo entenderlo al principio; no tiene sentido que un niño sea el origen de tanta destrucción. Pero lo es. Ese pequeño demonio se mueve como una fuerza de la naturaleza, derribando soldados entrenados con la facilidad con la que uno aparta una hoja en el camino.

Veo a Black en las grabaciones. Tan firme, tan decidido. Grita órdenes para reorganizar las líneas defensivas, pero todo es inútil. En un instante, cae abatido por el niño a pesar de usar un Battle Jacket de última generación. No hay honor en su muerte, ni gloria. Solo una tragedia más en una lista que parece interminable.

Pero lo que viene después me destroza. Pino, mi hijo, aparece en pantalla. Está ayudando a un grupo de soldados heridos a alejarse de la línea de fuego. Lo observo con orgullo durante unos segundos fugaces. Su valentía, su humanidad, todo lo que quise enseñarle... Y luego ocurre.

Una explosión. Una más de tantas, pero esta vez, la cámara capta todo. Pino es lanzado por los aires como un muñeco roto. El polvo y el humo lo envuelven. La transmisión pierde el enfoque, pero no importa. Sé lo que significa.

Rebobino el video una y otra vez, buscando una señal, algo que me diga que está bien, que ha sobrevivido. No lo encuentro.

La muerte de Pino debería ser el punto final, pero la tragedia no se detiene ahí. Oli, mi esposa, estaba cerca del hangar cuando ocurrió otra explosión. Las cámaras la captan justo antes de que todo se venga abajo. Su silueta desaparece entre los escombros, y un grito ahogado escapa de mi garganta.

Las grabaciones muestran más que solo muertes. Veo la deserción de Violet, llevando todo el dinero del ejército que es capaz de cargar. La estrategia de Silver, asesinando a un compañero para escapar de la condena a muerte a la que estaba sentenciado. La moral desmoronándose junto con los muros de la base. Y finalmente, el niño. Ese maldito niño, dejando la base como si nada hubiera pasado, como si no hubiera destruido vidas enteras.

Reizoku intenta consolarme, pero no hay palabras que sirvan. Todo lo que construí, todo lo que creí, ha sido reducido a cenizas. Y en esas cenizas, solo queda el dolor.


Entrada 28: Fecha: [Confidencial]

Hoy he cruzado una línea que juré nunca traspasar. Oli y Pino están aquí, frente a mí, pero no como los recordaba.

Cuando Reizoku y yo llegamos al lugar donde habían trasladado sus cuerpos, me enfrenté a lo inevitable. Oli estaba apenas aferrada a la vida, sus heridas eran tan graves que los médicos la habían dado por perdida. Pino, mi hijo, ya no respiraba.

Me niego a aceptar la muerte como un límite. No puedo perderlos a ambos. Con una determinación que roza la locura, llevo sus cuerpos al laboratorio. Los equipos que antes usé para innovar y crear ahora se convierten en herramientas de desesperación.

Oli es mi prioridad. Sus heridas son extensas, pero su cuerpo responde. Con cada implante que coloco, siento que me alejo más de ella, pero es el único camino. Le doy una nueva vida, una que no pedí ni deseé, pero que es necesaria. Cuando abre los ojos y la veo despertar, un extraño alivio me invade. Pero ella no es la misma. Su mirada, su tono, su esencia... algo falta, algo ya murió.

Pino, en cambio, no regresa. Por más que intento, su cuerpo no responde. Es demasiado tarde. El frío de su piel me lo recuerda a cada segundo, pero sigo intentándolo, como si pudiera revertir lo irreversible.

Reizoku me observa en silencio. No me juzga, pero tampoco me apoya. Su lealtad está conmigo, pero incluso él sabe que esto no es más que una obsesión.

Hoy he perdido a mi hijo para siempre, pero he salvado a mi esposa de una manera que no puedo explicar ni justificar. Me siento vacío, traicionado por el mismo conocimiento que siempre me dio poder.

Y ahora, el laboratorio no es un lugar de progreso. Es un mausoleo.


Entrada 39: Fecha: [Confidencial]

Hoy asistí a una ceremonia en la que el ejército Red Ribbon rindió honores al coronel Green. Póstumamente, claro. Pino, mi hijo, cuya valentía no fue suficiente para salvarlo de un destino cruel, fue condecorado como un héroe caído. Una medalla. Eso es todo lo que queda de él.

Oli estuvo a mi lado durante la ceremonia. Mi Oli... pero no del todo. A pesar de las mejoras tecnológicas que la mantienen viva, noto que algo esencial en ella se ha desvanecido. Su voz es la misma, pero sus palabras carecen de la calidez que una vez llenó mis días. Quizá soy yo quien ha cambiado.

Tori estaba ahí también, con una expresión que mezclaba orgullo y dolor. Es demasiado joven para cargar con esto. Mi hija, la última chispa de humanidad que me queda, fue quien sostuvo mi mano cuando las lágrimas amenazaron con traicionarme. No lloré. No podía permitírmelo frente al general White.

White es ahora el líder de lo que queda del ejército Red Ribbon. Su porte es imponente, su autoridad indiscutible. Fue él quien entregó la medalla en honor al coronel Green. Al final de la ceremonia, White me pidió un momento a solas.

Hablamos del niño. Goku, así lo llamó. Una criatura que parece estar más allá de la lógica, de la naturaleza. White me describió cómo destruyó a Buyon, Metálico y al resto del ejército sin esfuerzo, y en sus palabras no encontré más que una fría aceptación de nuestra derrota.

Le respondí lo que esperaba oír: que seguiría trabajando para restaurar el poder del ejército Red Ribbon. Pero en mi interior, algo se quebró. No por lealtad a este ejército en ruinas, sino por lo que ese niño me arrebató. White cree que puedo ser una herramienta para su causa, pero yo tengo mis propios motivos.

Hoy, mientras sostenía esa medalla inútil en mis manos, hice un juramento silencioso. No permitiré que la muerte de mi hijo sea en vano. No descansaré hasta que ese niño, Goku, pague por todo lo que nos ha quitado.


Entrada 45: Fecha: [Confidencial]

El laboratorio ha vuelto a llenarse de vida, aunque sea de una manera macabra. Hoy he dado el primer paso hacia lo que considero mi verdadera obra maestra.

He iniciado la creación de un androide. Lo he llamado 16, por su número de serie. Su diseño es una réplica de Pino, mi hijo. Cada detalle ha sido meticulosamente trabajado: su rostro, su complexión, incluso su voz. Pero no es solo un homenaje. Es un arma.

Oli vio al prototipo de 16 por primera vez hoy, y su reacción fue... devastadora. Se horrorizó al darse cuenta de lo que había hecho. Me acusó de profanar la memoria de Pino, de reemplazarlo con una máquina que nunca podrá ser él.

No lo entiende. Esto no es solo venganza; es justicia. Es la única manera de equilibrar la balanza.

Sus palabras me hirieron más de lo que estoy dispuesto a admitir. Después de una acalorada discusión, Oli tomó una decisión que jamás pensé posible. Me abandonó. No sé a dónde, pero tampoco la detuve.

Este es el precio de mi determinación, lo sé. Pero no hay vuelta atrás. He perdido a mi esposa y a mis hijos, pero he ganado algo más: una herramienta poderosa, un reflejo de mi hijo que cumplirá la misión que yo mismo no puedo completar.

Le he dado libertad de pensamiento, una capacidad ilimitada de decisión que lo diferencia de los soldados mecánicos que el ejército ha intentado producir en el pasado. Sin embargo, su propósito principal es claro y no admite cuestionamientos: destruir al llamado Goku.

16 está listo. Mi creación. A partir de ahora, mi vida no será otra cosa que la culminación de esta venganza. Aunque el costo sea mi alma, no me detendré.


Entrada 51: Fecha: [Confidencial]

Hoy he cruzado un umbral del cual no hay retorno. La base principal de la Red Ribbon, lo que queda de ella, ya no es mi hogar ni mi refugio. Tampoco lo es este ejército. Los pocos recursos que aún quedaban han sido tomados por un nuevo "líder": Silver.

Me enteré por Reizoku, siempre tan eficiente en sus investigaciones. Silver no sólo derrotó al comandante White, lo humilló públicamente y lo ejecutó para consolidar su dominio. Al parecer, no perdió tiempo en desmantelar las jerarquías existentes. Es un hombre peligroso, no por su fuerza, sino por su ambición y su falta de escrúpulos.

Reizoku me urgió a mantenerme alejado, y por primera vez en mucho tiempo, decidí escuchar. He trasladado mi trabajo a un laboratorio remoto, lejos de las intrigas del ejército y de cualquier interferencia. Es un espacio rudimentario en comparación con las instalaciones de la base principal, pero es mío. Aquí tengo la libertad de continuar mis investigaciones sin distracciones.

A medida que desempacaba mis equipos y herramientas, sentí una extraña mezcla de alivio y vacío. Ya no tengo que rendir cuentas a nadie, pero tampoco hay quien me mire con aprobación o quien cuestione mis decisiones. Estoy solo con mi propósito.

Mientras ordenaba los documentos, encontré una fotografía de mi familia. Era de antes de que las tragedias destruyeran lo nuestro. Me pareció un eco lejano de lo que alguna vez tuve. No puedo evitar pensar en cómo he llegado a este punto. Pero la venganza, ese fuego insaciable, me consume más que el dolor.

Mi prioridad ahora es aislarme y trabajar. El laboratorio está equipado para desarrollar mis ideas más audaces, las que nunca habría podido realizar bajo la supervisión del ejército. Aquí, lejos de todos, puedo construir las armas necesarias para cumplir mi propósito.

No importa cuánto tiempo tome. Mi objetivo no ha cambiado: Goku debe pagar.


Entrada 69: Fecha: [Confidencial]

He visto a mi hija Tori por última vez.

El encuentro fue breve, tenso, pero inevitablemente significativo. Reizoku organizó un punto de encuentro neutral, en un pequeño pueblo lejos de mi laboratorio. Por un momento, al verla entrar, casi creí que todo podría volver a ser como antes.

Tori ha cambiado. Es una mujer ahora, fuerte y decidida, pero su rostro lleva las cicatrices invisibles de nuestras pérdidas. Me dijo que está casada, que espera un hijo. Sus palabras fueron un golpe inesperado, llenándome de una alegría fugaz, rápidamente opacada por la realidad.

No fue una visita de reconciliación. Tori vino con un propósito claro: pedirme que abandone mi vida de venganza. Me rogó que deje atrás al ejército Red Ribbon, que busque algo más, algo que aún pueda salvar lo que queda de mi humanidad.

Sus palabras resonaron profundamente, pero no podían cambiar lo que soy ahora. Mi camino está decidido. Le expliqué que no puedo detenerme, no cuando estoy tan cerca de lograr algo que trascenderá todo lo que hemos perdido. Mis palabras la hirieron, lo vi en sus ojos.

Tori lloró, no lágrimas de rabia, sino de resignación. Me dijo que no podía permitirme ser parte de la vida de su hijo, que no quería que el odio que me consume tocara a su familia. Fue entonces cuando supe que este era el final.

Nos abrazamos, un gesto que se sintió más como un adiós que como un acto de reconciliación. Al verla marcharse, sentí un dolor que no había experimentado desde la muerte de Pino. Pero esta vez, fue diferente. Esta vez, yo fui quien provocó la pérdida.

De vuelta en el laboratorio, Reizoku intentó consolarme, pero no había palabras que pudieran llenar el vacío. Me sumergí en mi trabajo, buscando distraerme con planos y diseños. He perdido a Tori, pero mi misión sigue intacta.

Algún día, cuando mi tarea esté completa, el mundo entenderá que mis sacrificios no fueron en vano. Aunque mi familia me haya abandonado, mi legado será eterno.


Entrada 78: Fecha: [Confidencial]

Hoy he activado a los androides 17 y 18.

Reizoku y yo habíamos trabajado años atrás en su diseño. Estas creaciones fueron el pináculo de nuestra colaboración: humanos transformados, mejorados hasta alcanzar el límite de lo que la ciencia puede ofrecer.

A medida que los activo, observo los rastros de su humanidad con un interés casi clínico. ¿Saben quiénes eran? ¿Recuerdan algo de su vida anterior? ¿Odian lo que les he hecho? Me pregunto si alguna vez podré controlar completamente esas incógnitas, o si terminarán siendo un error que pagaré caro.

Sin embargo, no puedo negar la emoción de verlos en funcionamiento. 17 y 18 son creaciones magníficas, perfectas en su diseño y propósito. He introducido modificaciones en sus sistemas, integrando componentes que podrían ser útiles en un proyecto futuro. Algo mucho más grande que ellos, que yo, que todo lo que alguna vez fue el ejército Red Ribbon.

Con Reizoku ya fallecido, el peso de continuar cae únicamente sobre mis hombros. Estos androides representan una evolución, tanto en mi capacidad técnica como en mi determinación. Sin embargo, no son perfectos. Sus personalidades humanas persisten, como un eco residual de lo que fueron antes de ser mejorados. Esa chispa de autonomía podría ser peligrosa.

Por ahora, han vuelto a su letargo. Los mantendré inactivos hasta que su utilidad sea absolutamente necesaria. No puedo arriesgarme a que su autonomía se convierta en rebeldía. Cada vez estoy más convencido de que el control absoluto es una ilusión peligrosa, pero aún así, sigo buscando perfeccionarlo.

A veces me pregunto si Reizoku estaría de acuerdo con estas decisiones. Pero esa voz de duda siempre queda ahogada por la certeza de mi objetivo final. Todo esto es necesario. Todo esto es justo.


Entrada 98: Fecha: [Confidencial]

Hace poco, obtuve un objeto que podría cambiarlo todo: el cetro de un chamán llamado Maloja, proveniente de Villa Jingle. No suelo prestar atención a los rumores y supersticiones, pero los informes sobre este objeto llamaron mi atención. La piedra incrustada en el báculo, según los lugareños, tiene propiedades místicas, algo que a primera vista parecía un absurdo.

Sin embargo, al analizarla bajo microscopios y espectrómetros, descubrí algo extraordinario: se trata de un cúmulo inmenso de Wheeloita. Sus propiedades parecen desafiar incluso las leyes de la termodinámica.

Mis experimentos iniciales han confirmado que la Wheeloita podría ser la clave. Es fascinante, pero también peligrosa. En el laboratorio, he tomado precauciones extremas para evitar que se desestabilice.

Con este descubrimiento, he comenzado a trabajar en un nuevo proyecto: un androide completamente robótico y alimentado por esta piedra, con un diseño basado en mi fiel pero fallecido asistente, Reizoku. Será una creación diferente a todo lo que he hecho hasta ahora, un híbrido perfecto entre ciencia y lo que algunos llamarían magia.

Sé que muchos dirán que es dar un paso atrás en los androides de base humana, pero a veces hay que reevaluar el pasado para dar el próximo paso.

A medida que avanzo en este proyecto, no puedo evitar sentir curiosidad. Esta piedra, esta energía, es como un abismo que me llama a profundizar más y más. Incluso en mis sueños, veo su luz pulsante, como si tuviera vida propia.

No puedo permitir que la duda o el miedo me detengan. Estoy demasiado cerca de algo grande. Algo que cambiará el mundo para siempre.


Entrada 109: Fecha: [Confidencial]

Hoy he recibido la noticia que temía más que a la misma muerte: Tori y su esposo han sido asesinados.

Un robo a un banco, dijeron. Un simple atraco en el que una banda criminal descontrolada, decidió convertir un día ordinario en una masacre. Tori y su esposo estaban en el lugar incorrecto, en el momento equivocado. Sus cuerpos quedaron atrapados en la lluvia de balas que un desgraciado disparó sin piedad.

Al enterarme, sentí que algo dentro de mí se rompía definitivamente. Pensé que ya había conocido el límite del sufrimiento, pero este golpe me ha llevado a un abismo que nunca creí posible. La idea de que mi última conexión verdadera con Oli y Pino haya sido arrebatada por un acto de violencia tan banal me resulta insoportable.

No tengo interés en conocer a mi nieto, que terminará en un orfanato. No al menos hasta que mi venganza esté culminada. Luego, podremos rehacer nuestras vidas.

No puedo evitar pensar en las palabras de Tori durante nuestro último encuentro: “Deja el odio, padre, o te consumirá por completo.”

Pero el odio es lo único que me mantiene vivo.


Entrada 126: Fecha: [Confidencial]

Me he convertido en algo más que humano.

Tras semanas de preparación, decidí someterme al procedimiento que he planeado durante tanto tiempo. Mi cuerpo ya no es el mismo. Gracias a los avances que desarrollé junto a Reizoku, y a las propiedades de la piedra del báculo de Maloja, ahora soy un híbrido de carne y máquina.

El androide 19, fiel a mis instrucciones, fue el encargado de realizar el procedimiento. Su precisión quirúrgica, potenciada por las mejoras que le introduje, me permitió conservar mi cerebro intacto, protegido por un cuerpo que no conoce límites ni desgaste. He abandonado las fragilidades de la carne, esas que permitieron que el mundo me golpeara una y otra vez.

Mientras el proceso se llevaba a cabo, experimenté un momento de duda. No porque temiera la muerte, sino porque me pregunté si esto realmente me acercaría a mi objetivo. ¿Acaso estoy traicionando mi humanidad al hacer esto? ¿O estoy trascendiéndola?

El dolor fue inmenso, pero pasajero. Al despertar, lo primero que hice fue observar mis nuevas manos: frías, pero perfectas. Ya no siento el agotamiento de antes. Mi mente es más clara, más eficiente. Estoy preparado para continuar mi trabajo, sin distracciones, sin debilidades.

He comenzado a modificar los sistemas de mis instalaciones, ahora operadas exclusivamente por la inteligencia artificial que diseñé para asistir mis proyectos. Ya no necesito asistentes humanos. Tampoco los quiero.

Todo esto es por un propósito: terminar lo que comencé. El odio, la pérdida, el dolor, son combustible para mi misión. Goku, el responsable de la destrucción de mi vida y del ejército Red Ribbon, sigue siendo mi verdadero objetivo.


Entrada 337: Fecha: [Confidencial]

He muerto. Mi androide 19 también. Pero mis creaciones, los androides 16, 17 y 18, se han escapado de mi control. Sin embargo, mi computadora sigue funcionando, trabajando en mi proyecto final: Cell.

Este será mi obra maestra, un ser creado a partir de las células recolectadas por mis robots espías a lo largo de los años. Goku, Vegeta, Piccolo, el que llaman Freezer, entre otros… todos ellos contribuirán, sin saberlo, a la creación del ser perfecto.

El proyecto aún está incompleto, pero no importa. Mi computadora principal tiene instrucciones claras para seguir adelante, incluso en mi ausencia. Cell será la culminación de mi genio, el arma definitiva contra Goku y cualquier otro que se interponga en mi camino.

He dejado atrás todos los vestigios de mi humanidad. Mi hija, mi esposa, incluso mis aliados de antaño… todos están muertos o me han abandonado. Pero no me importa. Mi vida ha llegado a su fin, pero mi trabajo continúa.

Esta es mi última entrada. El resto de mi historia será escrita no con palabras, sino con la sangre de mis enemigos.

Fin del diario del Doctor Gero.

Orgullo de Mifan - Tercer Canto:

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