viernes, 10 de abril de 2026

Orgullo de Mifan - Tercer Canto:

 Abran bien los ojos, porque lo que la historia amansa, el mito lo devuelve a su estado salvaje. Tras la paz de los Juegos, Mifan prosperó, pero la naturaleza tiene sus propios dioses y sus propios demonios. Más allá de los campos de trigo, en los bosques donde la luz del sol se rinde ante la sombra, habitaba una aberración que los antiguos llamaban InoShikaCho.

No piensen en una bestia común. Cuentan los que sobrevivieron a su rastro que era una quimera de pesadilla: el cuerpo masivo y los colmillos de un jabalí, las astas ramificadas de un ciervo sagrado y las alas de una mariposa que, lejos de ser bellas, vibraban con un zumbido que helaba la sangre. Era el hambre de la tierra hecha carne.


Tercer Canto: El Acecho de la Quimera y el Triunfo del Ingenio:

La leyenda dice que el InoShikaCho bajó de las montañas del norte, arrasando los viñedos y convirtiendo el sueño de los pastores en un grito eterno. Las lanzas de los soldados se quebraban contra su piel, dura como la corteza de un cedro milenario. Fue entonces cuando Olibu, el de los Ojos Violeta, decidió que Mifan no vería morir a sus hijos mientras él tuviera aliento.

Pero Olibu, aunque ya era fuerte, sabía que no se puede vencer a la naturaleza solo con músculos. Acompañado por el fiel Klyron, el de Nariz Quebrada, se internó en la espesura.

"Esta bestia no busca pelea, busca devorar el orden del mundo," dicen que advirtió Klyron mientras afilaba su lanza bajo la luna de plata.

Olibu, con su toga blanca manchada por el barro del bosque y sus ojos violetas brillando en la penumbra, preparó la primera Trampa de los Siete Fosos. Cavaron túneles profundos, cubiertos con ramas y hojas, esperando que el peso del jabalí lo traicionara. Pero el InoShikaCho no era una bestia estúpida. Cuentan que la criatura saltó sobre los fosos con una gracia sobrenatural, batiendo sus alas de mariposa para flotar sobre el engaño, mientras soltaba un gruñido que sonaba como el crujir de una montaña.

La segunda trampa fue la Red de Bronce, tejida con las cadenas de la guerra anterior. Olibu esperó en un desfiladero, provocando a la bestia con su presencia. El InoShikaCho cargó con la furia de un alud. Cuando la red cayó sobre él, el bosque entero pareció temblar, pero la fuerza del monstruo era tal que las cadenas de bronce estallaron como hilos de seda.

Fue entonces cuando Olibu comprendió la lección: a una fuerza de la naturaleza no se la aprisiona, se la enfrenta cara a cara.

En el claro del Bosque de los Lamentos, el héroe y la quimera se encontraron. Olibu dejó caer su escudo. No usó trampas, sino el ritmo que aprendió en la maratón de Mifan. Mientras la bestia cargaba, Olibu danzaba; mientras los colmillos buscaban su pecho, él se volvía aire.

Finalmente, cuando el InoShikaCho flaqueó por un instante, agotado por su propia furia, Olibu saltó sobre su lomo. No para matarlo por odio, sino para someter la salvajez al orden de los hombres. Con un solo golpe preciso en la base de las astas, Olibu rindió a la bestia. Algunos dicen que la mató allí mismo para alimentar a los hambrientos; otros aseguran que el animal, al sentir la pureza del joven de ojos violeta, simplemente cerró los ojos y se entregó al destino.

Olibu regresó a Mifan cargando la colosal cabeza de la quimera sobre sus hombros, demostrando que el héroe no es solo aquel que vence en la guerra o en el juego, sino aquel que protege la frontera entre la civilización y el caos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Orgullo de Mifan - Tercer Canto:

  Abran bien los ojos, porque lo que la historia amansa, el mito lo devuelve a su estado salvaje. Tras la paz de los Juegos, Mifan prosperó,...