lunes, 24 de noviembre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXVIII - Privado de su libertad:

 

Bitácora Roja. Parte XXVIII - Privado de su libertad:


La Red Ribbon siempre ha sido una carga para este mundo…”

La prisión de la Capital del Este se alza imponente en medio de un páramo semidesértico. Sus muros de acero y concreto parecen impenetrables, y en su interior, la ley del más fuerte es la única que importa. Es aquí donde Magenta, un empresario astuto y envejecido, y su inseparable guardaespaldas Carmine llegan tras ser condenados. Ambos caminan con la frente en alto al cruzar las puertas metálicas.

Magenta, con su uniforme cuidadosamente planchado, irradia una calma que parece fuera de lugar en un sitio tan hostil. A su lado, Carmine, con mirada intimidante, escanea el entorno como un perro guardián, listo para saltar si alguien se atreve a acercarse demasiado. Los murmullos comienzan a correr entre los reclusos, su llegada no pasa desapercibida.

En el pabellón, durante su primer día, Magenta ve a un hombre sentado solo en una mesa apartada. Su cabello ahora canoso peinado en una coleta, y sus ojos astutos son inconfundibles. El Barón Jagger, un viejo aliado, les hace un gesto para que se acerquen.

-”Magenta. Nunca pensé verte en este agujero.”- dice Jagger con una sonrisa mientras sorbe de su taza de café aguado.

-”Y yo nunca pensé que seguirías en una pieza, Barón.”- responde Magenta, tomando asiento frente a él. Carmine permanece de pie, vigilando.

-”Prometiste que derrotarías al Great Saiyaman, que limpiarías la vergüenza de nuestro legado.”- dice el Barón, dejando su taza de café a un lado. -”No lo hiciste. Fracasaste.”-

Magenta levanta una ceja, visiblemente molesto, pero mantiene la calma.

-”¿De verdad quieres hablarme de fracasos, Jagger?”- dice conteniendo su furia. -”Estás aquí, en esta prisión, porque no supiste manejar tu codicia. Yo, en cambio, sigo construyendo nuestro futuro.”-

Jagger golpea la mesa con el puño.

-”¡Construyendo nada!”- grita. -”Estás obsesionado con una herencia que no mereces. La Red Ribbon murió hace décadas porque líderes como tú nunca entendieron lo que significaba el poder.”-

Magenta se pone de pie, acercándose lentamente.

-”¿Líderes como yo? ¡Mi padre creó este imperio! Está en mi sangre, Jagger.”- le dice en un tono calmado. -”Tú no eres más que un perro de guerra, un buitre que vivió de nuestras sobras.”-

Jagger se levanta, enfrentándolo cara a cara, ambos pasando por apenas unos centímetros el borde de la mesa.

-”Tu padre era un hombre con visión, pero tú eres solo un niño jugando a ser rey.”- le escupe el Barón. -”Si Red pudiera verte ahora, se avergonzaría.”-

Magenta respira hondo, luchando por contener su ira.

La tensión en el aire es palpable. Carmine se mantiene en su lugar, observando de reojo pero sin intervenir.

-”Tengo derecho porque he sangrado por esta causa.”- continúa Jagger, su voz cargada de resentimiento. -”Si alguien merece liderar el resurgir de la Red Ribbon, no eres tú.”-

La calma de Magenta se rompe. Con un movimiento rápido, saca un cuchillo oculto en su uniforme y lo clava en el abdomen de Jagger.

-”Y yo tengo el derecho de decidir quién vive y quién muere.”- replica con una sonrisa.

Jagger, sorprendido, se tambalea hacia atrás, con la sangre manchando su camisa. Mira a Magenta con una mezcla de incredulidad y furia.

Magenta lo observa caer al suelo. Luego limpia la hoja con un pañuelo, su rostro frío y distante. Carmine, testigo de la escena, se mantiene en silencio, su lealtad a Magenta intacta.

Los días comienzan a pasar, uno tras otro. Magenta y Carmine actúan con precisión quirúrgica desde el primer día. Identifican a los líderes de los grupos más fuertes dentro de la prisión: los contrabandistas de la lavandería, los peleadores clandestinos del sótano, y las pandillas que controlan los bloques. Magenta no usa fuerza; usa su mente. Negocia, ofrece mejoras en sus negocios y promete aumentar sus ganancias.

Carmine, por su parte, es el músculo que respalda cada palabra de Magenta. En el patio, Big Roy, el líder de una pandilla de apuestas clandestinas se cruza con Magenta y su guardaespaldas.

-”¿Crees que voy a compartir mis negocios contigo, viejo?”- le pregunta con un dedo acusador. -”Aquí, mando yo.”-

Magenta sonríe con calma.

-”No te estoy pidiendo permiso, Roy. Solo estoy ofreciendo una oportunidad.”- dice, mientras hace un ademán. -”Pero si necesitas una demostración... Carmine, ¿por qué no le enseñas a Roy cómo hacemos las cosas?”-

Carmine avanza sin decir una palabra, su mirada es suficiente para que los demás presos formen un círculo. Roy, confiado, se quita la camiseta y adopta una postura de boxeo.

-”Ven aquí, grandote. Te enseñaré cómo se pelea de verdad.”- provoca al guardaespaldas.

Roy lanza el primer golpe, un directo rápido que Carmine esquiva inclinando apenas la cabeza. Con una velocidad sorprendente para su tamaño, Carmine responde con un gancho al abdomen que hace que Roy retroceda, jadeando.

Roy intenta recuperar terreno con una ráfaga de golpes, pero Carmine los bloquea con facilidad. Finalmente, da un paso al frente, agarra a Roy por el cuello y lo lanza contra el suelo con tal fuerza que todos los presentes se estremecen.

-”¿Alguien más quiere intentarlo?”- dice Carmine mientras pisa el pecho de Roy, inmovilizándolo.

Nadie responde. El silencio es la respuesta que Magenta esperaba.

-”Bien. Ahora, hagamos negocios.”- dice Magenta con una sonrisa tranquila.


En el otro extremo del patio, lejos del caos, un anciano, conocido como el Viejo Grulla, se sienta en silencio bajo el sol. Su delgado cuerpo y su cabello blanco contrastan con la brutalidad del entorno. El ermitaño no se involucra en los negocios de la prisión. Pasó décadas como un maestro letal, pero esos días quedaron atrás. Ahora, medita, buscando redención por los pecados de su pasado.

Magenta lo nota desde la distancia. La calma del anciano lo desconcierta.

-”¿Quién es ese viejo?”- pregunta a un reo mientras lo observa.

-”Es el Viejo Grulla. Fue un maestro imbatible, el Barón Jagger llegó a conocerle y trabajar con él cuando no estaban aquí, pero dejó todo atrás.”- le comenta observando al viejo. -”Ahora solo medita.”-

Magenta frunce el ceño.

-”Nadie puede estar completamente ajeno al poder en un lugar como este.”- dice con desdén. -”Mantendré a Carmine vigilando. Quiero saber qué trama.”-

Aunque la vieja grulla no hace movimientos para interferir, su presencia parece incomodar a Magenta. Algunos prisioneros comienzan a acercarse al anciano, buscando consuelo o consejo, lo que intensifica la paranoia de Magenta.

-”Ese anciano está ganando seguidores.”- gruñe Carmine mientras cuentan sus ganancias de contrabando.

-”Entonces asegurémonos de que sepa quién manda aquí.”- responde Magenta. -”Si quiere paz, tendrá que ganársela.”

Magenta y Carmine comienzan a considerar al artista marcial como una posible amenaza, sin darse cuenta de que el viejo grulla solo busca redención, mientras ellos se hunden cada vez más en el abismo de sus propios pecados.

En las últimas semanas, el dúo ha reforzado la seguridad de sus negocios, pero la vieja grulla sigue siendo una espina en su costado. Magenta, cansado de su presencia, decide tomar medidas.

-”Ese anciano no puede seguir existiendo. Mándale un mensaje.”- ordena Magenta a Carmine, quien sonríe de manera sombría y llama a sus mejores matones.

En el patio de ejercicios, el anciano está meditando bajo la sombra de un árbol cuando cinco hombres lo rodean. Uno de ellos, Big Roy, lleva un cuchillo.

-”Oye, abuelo.”- le llama la atención un matón. -”Magenta manda saludos.”-

El viejo grulla abre los ojos lentamente y se pone de pie con calma.

-”¿Qué quieres decir con esto?”- pregunta clavando la mirada en el líder.

El líder de los matones sonríe.

-”Solo que será mejor para todos que desaparezcas.”- ríe jugando con su cuchillo. -”Pero no te preocupes, no dolerá mucho.”-

Los cinco atacan al unísono, pero el viejo, con una precisión casi sobrehumana, esquiva el primer golpe y desarma a Big Roy de su cuchillo, dejándolo fuera de combate con un golpe rápido al cuello. Otro intenta embestir, pero él lo utiliza como un escudo humano contra los puños de los demás.

El combate es una coreografía perfecta. Tsuru bloquea un puño con su antebrazo, gira sobre un pie y conecta una patada en la mandíbula de un tercero. Los dos últimos intentan atacar al mismo tiempo, pero él salta, gira en el aire y aterriza con ambos pies en el pecho del más cercano, derribándolo.

El último matón retrocede, temblando.

-”¿Quién te envió?”- pregunta Tsuru, su voz serena pero cargada de autoridad.

-”¡Magenta! ¡Estamos con la Red Ribbon!”- grita el hombre, con el rostro pálido.

Al escuchar esas palabras, el viejo frunce el ceño.

-”La Red Ribbon... otra vez ese nombre.”- dice, noqueando de un golpe al matón restante. -”Muy bien. Iré por ustedes.”-


En una oficina dentro de la prisión, Magenta está sentado frente al director del penal, un hombre robusto con rostro preocupado. Carmine, siempre a su lado, vigila en silencio.

-”No puedo permitir esto, Magenta.”- dice el director.

-”No estás en posición de negociar. Mira a tu alrededor. Tu prisión ya es mía.”- le dice entre risas. -”Solo necesito tu firma para que este lugar sea la fachada perfecta para reconstruir la Red Ribbon.”-

El director lo observa con el sudor perlándole la frente.

-”¿Y qué pasará conmigo si esto sale mal?”- pregunta con un nudo en la garganta.

-”Entonces no tendrás que preocuparte por nada. Porque no estarás vivo para verlo.”- Magenta sonríe con frialdad.

Con miedo evidente, el director cede.


El pabellón privado de Magenta está sumido en un ambiente de lujo decadente. En una mesa abarrotada de botellas de licor y ceniceros llenos, Magenta se reclina en un sillón de cuero, bebiendo un costoso whisky y fumando un cigarro. Mujeres rodean la escena, riendo y charlando entre sí mientras la música resuena suavemente en el fondo.

De repente, Tsuru se presenta en la sala principal del pabellón, apareciendo como una sombra imponente frente a la celebración. Las risas se interrumpen de golpe, y las mujeres, asustadas por la presencia del anciano, gritan y salen corriendo despavoridas.

-”¿Qué diablos…?”- balbucea Magenta, su rostro palideciendo.

Carmine da un paso al frente, interponiéndose entre su jefe y el anciano.

-”Yo me encargo de este viejo.”- dice crujiendo sus puños.

Tsuru, con una calma absoluta, adopta su postura de combate.

Carmine, con su fuerza bruta, lanza golpes como martillazos, buscando aplastar a la vieja grulla. Pero el maestro, ágil como una pluma, esquiva cada ataque con movimientos fluidos, utilizando los muebles del lugar para ganar ventaja.

El guardaespaldas agarra una silla y la lanza con furia, pero Tsuru salta por encima de ella, aterrizando con una patada que hace tambalear al guardia.

-”Eres fuerte, pero te falta disciplina.”- dice grulla mientras gira en el aire, golpeando a Carmine en el rostro con un pie. -”Es hora de terminar con esto.”-

Adoptando una postura especial, el anciano concentra su energía y de repente dos brazos extra emergen de su espalda. Tsuru lo golpea con una combinación vertiginosa de puñetazos, que finalmente lo derriban. Con un último movimiento, el viejo grulla presiona un punto específico en el cuello de Carmine, dejándolo inconsciente.

Magenta aprovecha el caos para escapar, corriendo hacia el balcón que conecta con el ala sur de la prisión. Pero Tsuru lo intercepta con una patada que lo lanza al suelo.

-”¡No me mates!”- suplica Magenta, levantando las manos mientras se arrastra hacia atrás.

El viejo lo observa con desdén, su mirada cargada de severidad.

-”La Red Ribbon siempre ha sido una carga para este mundo. Y yo tardé mucho en darme cuenta.”- dice con la voz cargada de arrepentimiento por sus acciones pasadas.

Magenta, temblando, intenta justificarse.

-”¡No soy como ellos!”- grita. -”Estoy reconstruyendo el ejército para algo más grande, para el futuro.”-

Tsuru sacude la cabeza.

-”Red solo quería suprimir a otros para alimentar su ego. White carecía de dirección. Silver tenía soldados leales, pero su propósito era erróneo. Gero se dejó consumir por su odio. Wheelo y Kochin buscaron aniquilar la individualidad. Jagger no era más que un inversionista codicioso. Y tú… tú solo eres una sombra de lo que fue tu padre.”- escupe el viejo grulla.

Magenta aprieta los dientes, sintiendo su orgullo herido.

-”¡Mi padre era un genio!”- dice Magenta. -”Estoy continuando su legado.”-

El viejo grulla se inclina ligeramente hacia él, quedando a pocos centímetros de su rostro.

-”Tu padre creó un imperio basado en la esclavitud y el miedo.”- le susurra. -”Pero siempre encontró personas que defendían la justicia.”- dice, recordando a su viejo amigo Roshi. -”Y tú no serás la excepción.”-

En un acto desesperado, Magenta saca un cuchillo y se lanza hacia su rival. Pero el maestro en artes marciales esquiva con facilidad, girando sobre un pie. El impulso hace que Magenta pierda el equilibrio, tropezando con la barandilla del balcón.

-”¡No, no, no!”- grita Magenta antes de caer al vacío.

Su cuerpo golpea el suelo del patio con un sonido seco. Tsuru observa desde arriba, su expresión inmutable.


Con Magenta muerto y Carmine neutralizado, la prisión recupera el control rápidamente. Los guardias, ahora al tanto de los negocios sucios, sofocan cualquier rastro de resistencia.

El director de la prisión se acerca al viejo grulla con una mezcla de respeto y gratitud.

-”Señor Wu Zu, viejo grulla, nos has salvado.”- le dice con agradecimiento en su voz. -”Veré cómo reducir tu condena por esto.”

Wu Zu niega con la cabeza, mirando al horizonte.

-”No lo hago por recompensas.”- responde. -”Mi redención no se mide en años. Lo que hice en el pasado… tomará toda una vida enmendarlo.”-

El sol se alza sobre la prisión, iluminando la figura del anciano mientras regresa a su celda, con la satisfacción de haber puesto fin, quizás para siempre, a la amenaza de la Red Ribbon.


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