viernes, 24 de octubre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXIV - Sepultados:

 

Bitácora Roja. Parte XXIV - Sepultados:


“Traerás una nueva era... una que nunca verán venir.”

En las oficinas superiores del cuartel central del Ejército, el Comandante Red observa por una amplia ventana blindada. A su lado, Kochin, con una larga cabellera pelirroja permanece de pie, sosteniendo una carpeta con gráficos y resultados preliminares.

-“Magenta Labs está recibiendo excelentes críticas gracias a su trabajo, doctor.”- dice Red. -“Nuestros benefactores están muy complacidos. Los contratos farmacéuticos serán la fachada perfecta.”-

Kochin cambia la mano con la que sostiene su carpeta.

-“Lo que desarrollamos para la farmacéutica podría salvar miles de vidas… si se usara correctamente.”- dice con cautela el científico.

Red suelta una breve carcajada.

-“Siga adelante con su investigación.”- dice el comandante buscando en la solapada de su traje. -”El Ejército cuenta con usted.”- sentencia prendiendo un puro.

El comandante le extiende la mano. Kochin la estrecha, aunque sabe que cada palabra de Red es una cadena más.


A unas habitaciones de allí, en un pequeño laboratorio, Wheelo, que aun no usa lentes, y tiene el cabello negro, vuelve a su mesa de trabajo, sus manos temblorosas por la tensión mientras toma un trozo opaco de mineral gris.

-“¿Aún sigues con esa roca?”- pregunta Gero, sin levantar la vista del monitor.

-“No es solo una roca…”- responde Wheelo con una chispa de orgullo. -“Es una matriz mineral capaz de absorber energía cinética y térmica, incluso bioeléctrica. Si logro estabilizar su estructura molecular, podríamos convertirla en un catalizador vivo.”-

Wheelo toma un pequeño bisturí láser y traza una línea en la superficie de la piedra, que reacciona emitiendo un resplandor azul pálido.

-“La llamaré... Wheeloita.”-

Gero, con su cabello plateado y sus ojos azules alza una ceja, entre divertido y escéptico.

-“Nombrarla no la hace funcionar.”

Wheelo sonríe, observando cómo el brillo se apaga lentamente.

-“Tal vez no hoy.”- responde. -”Pero esta piedra podría almacenar energía vital... incluso la conciencia de alguien.”-

El comentario queda flotando en el aire. Gero lo observa un instante, intuyendo que su compañero está pensando mucho más allá del presente.


Lejos de allí, en una pequeña habitación universitaria iluminada por la cálida luz de una lámpara de escritorio, un (no tan) jóven Brief se inclina sobre un libro lleno de diagramas de física cuántica y anotaciones en los márgenes. A su lado, un ordenador fijo parpadea con múltiples pestañas abiertas, desde tesis doctorales hasta foros estudiantiles.

-“¿Cómo demonios relacionan esto con la entropía?”- murmura, rascándose la cabeza. Sus dedos tamborilean en la mesa mientras revisa una fórmula.

Su teléfono vibra. Lo toma y ve un mensaje de uno de sus amigos: “Fiesta en el edificio C. Estará Kaede ;)”.

Brief sonríe y deja escapar una risa breve. Mira su escritorio, abarrotado de libros, y luego su reloj de muñeca.

-“Una hora de repaso más, y después veremos qué tal Kaede.”- se convence a sí mismo.

El tesista pasa los minutos siguientes alternando entre leer artículos complejos y escribir mensajes ingeniosos para intentar impresionar a la chica de su clase. Su atención, sin embargo, no puede mantenerse en un solo lugar. Piensa en las oportunidades que podrían surgir si se enfocara en su carrera... pero también en las posibilidades de esa fiesta.

-“Quizá esté exagerando.”- dice en voz alta, estirándose. -“¿Qué tan complicado puede ser mezclar estudios y algo de vida social?”-


Meses más tarde el laboratorio principal del ejército se encuentra revuelto de una amalgama de acero frío y fluorescentes luces parpadeantes, resuena con el zumbido constante de maquinaria. Kochin ajusta los controles de un microscopio avanzado, mientras Wheelo se inclina sobre una consola con múltiples pantallas llenas de código y gráficos complejos.

-“¿Cuánto tiempo más necesitas con esa proteína?”- pregunta Wheelo, sin apartar la vista de su trabajo.

Kochin resopla, su bata blanca arrugada tras horas sin descanso.

-“Si este ejército quiere un medicamento para combatir la arritmia, necesitarán algo más que mi genio y un presupuesto mediocre.”- murmura a su compañero de trabajo.

Kochin sonríe con cansancio, sin levantar la vista.

-“Bueno, según ellos, tenemos todo el apoyo que necesitamos... y un ultimátum.”- comenta el doctor con sarcasmo en su voz.

La puerta del laboratorio se abre bruscamente, el Oficial de Estado Mayor Black, con rostro pétreo entra. Su traje impecable contrasta con el desorden del laboratorio.

-“El comandante está perdiendo la paciencia.”- dice con voz firme. -“Quiere resultados para mañana. Y ustedes no quieren que nos deshagamos de ustedes, ¿cierto?”-

Wheelo y Kochin intercambian miradas rápidas, sintiendo el peso de la amenaza.

-“Dígale al comandante que estamos en la recta final.”- miente Kochin, su tono firme para ocultar el miedo.

El militar asiente lentamente, sus ojos recorren brevemente la habitación como si buscara excusas para reportar. Finalmente, se marcha, dejando tras de sí una atmósfera más pesada que antes.

Wheelo suspira y se deja caer en una silla giratoria.

-“¿Cómo esperan que avancemos con esta presión?”- refunfuña.

Kochin escribe frenéticamente en su consola.

-“Por ahora, enfoquémonos en el satélite.”- comenta en voz alta. -”Si logramos integrar el superordenador, tal vez tengamos algo que mostrar al comandante. Un sistema de control remoto capaz de gestionar múltiples unidades en el campo podría calmarlos.”-

Wheelo se levanta y se acerca a una cápsula de vidrio que contiene una sustancia viscosa y verdosa.

-“¿Y qué hacemos con esto? Este proyecto está tan verde como el color del mismo.”- ríe.

Kochin se encoge de hombros.

-“Espera a que avance la noche. Seguro encontramos una solución. Siempre lo hacemos.”- sonríe tiernamente a su compañero.


En la universidad de la Capital del Oeste, Brief está cerca de graduarse y afina los últimos detalles de su tesis doctoral. Tras semanas de trabajo intenso y noches sin dormir, su esfuerzo está a punto de rendir frutos. 

Mientras camina hacia la biblioteca, se cruza con una joven de cabello castaño rojizo y una mirada vivaz: Oli, una antigua compañera de cursos anteriores. Brief la reconoce de inmediato, su presencia despierta un interés que nunca se atrevió a explorar del todo.

-“Oli.”- la saluda, intentando no sonar demasiado entusiasmado.

-“¡Brief! Hace tiempo que no te veía. ¿Cómo te va? ¿Ya estás por presentar la tesis?”- ella sonríe, y nota que a Brief se le ilumina el rostro.

-“Sí, ya casi. Estoy trabajando en un nuevo sistema de almacenamiento, algo que podría cambiar cómo manejamos los objetos de gran tamaño.” dice, orgulloso.

Oli asiente impresionada. 

-“Interesante... Puedes llamarlo ‘Hoi Poi’.”- le dice su idea la castaña. -”Por cierto, yo sigo con lo mío, aunque no es tan innovador. Estoy investigando métodos para prolongar la duración de las fuentes de energía.”-

Ambos conversan brevemente sobre sus proyectos, y aunque Brief intenta alargar la charla, Oli se despide con una sonrisa, dejándolo de nuevo en sus pensamientos. Brief se queda observando cómo se aleja, prometiéndose a sí mismo que la próxima vez no la dejará ir tan rápido.


En el laboratorio, Kochin conecta los últimos módulos al superordenador que controlará el satélite. En una pantalla aparece un modelo tridimensional del dispositivo, una estructura futurista llena de paneles solares y antenas.

Wheelo trabaja en paralelo, intentando acelerar la síntesis de una sustancia biológica diseñada para adaptarse a entornos extremos.

-“Si esto funciona, podrían usarlo para controlar la sinapsis de los disidentes.” comenta, más para sí mismo que para Kochin.

-“¿Y si no funciona?”- pregunta Kochin, ajustando un parámetro en el ordenador.

Wheelo se detiene y lo mira.

-“Si no funciona, bueno... al menos tendremos un satélite bonito para mostrarles.”- fuerza una sonrisa.

Ambos comparten una risa tensa. Saben que el reloj avanza implacable y que sus vidas dependen de entregar resultados.


Meses han pasado desde la última vez que Wheelo y Kochin pisaron el laboratorio principal. Ahora, se encuentran en una instalación destartalada en un páramo helado en los confines de la Tierra, conocido como Tsumisumbri. La calefacción apenas funciona, y el equipo está envejecido y reducido. A Kochin le cuesta disimular su ira mientras ajusta el cableado de un dispositivo, lanzando miradas de desdén hacia el entorno.

-“Esto es un insulto.”- dice, sus dientes apretados. -“Nos tratan como basura después de todo lo que hemos hecho. ¿Para qué? Para dejarnos congelar aquí, en medio de la nada.”-

Wheelo, quien ha aprendido a adaptarse y resignarse, revisa su microscopio y suspira.

-“Kochin, al menos seguimos vivos. Y nos dejan continuar con nuestra investigación. ¿Acaso no es eso suficiente?”- le dice a su compañero. -”Podrían habernos eliminado en lugar de desterrarnos. Como le hicieron al pobre de Yakisugi.”-

Kochin suelta una risa seca y amarga.

-“Vivos, ¿dices? Estamos tan muertos como esos proyectos que nos han quitado de las manos.”- escupe, arrojando una herramienta hacia un costado. -”Pero... tienes razón. Nos subestiman, y eso será su peor error.”-


Tiempo después, Brief presenta su creación: las cápsulas Hoi Poi. Con una demostración breve, muestra cómo un objeto de gran tamaño puede comprimirse en una pequeña cápsula, revolucionando la forma de transportar recursos y materiales. La patente es un éxito inmediato, y Brief se convierte en un nombre reconocido en el ámbito científico, alcanzando los primeros pasos de un legado del que apenas es consciente.


De regreso en el laboratorio helado, Kochin y Wheelo se sientan cerca de una pequeña estufa portátil. Mientras comparten un poco de té caliente, Wheelo menciona los logros de otros científicos del ejército con un tono de amargura.

-“Yakisugi construyó ese radar para los delirios del comandante. Collie trabajó en el Proyecto BYN. Tu hermano, Gero creó robots y trajes para el combate, y aquí estamos, tú lideraste aquella fachada de farmacéutica mientras yo trabajé en la Wheeloita y su forma de canalizar la energía.” comenta, chasqueando la lengua.

Kochin asiente con resignación.

-“Es un mal menor, supongo. Pero el ejército ya no confía en nosotros, Wheelo. No desde que tus investigaciones comenzaron a eclipsar las de los demás.”- comenta el científico. -”Aunque no lo supieran ver.”-

De repente, un estruendo estremecedor sacude el laboratorio. Las paredes tiemblan, y el sonido de roca y nieve cayendo es ensordecedor. Ambos corren hacia la puerta y tratan de abrirla, pero se dan cuenta de que el acceso ha sido bloqueado desde el exterior. Todo a su alrededor está sellado; han sido sepultados en medio del hielo y la nieve. El ejército los ha traicionado, enterrándolos vivos.

Wheelo, con los ojos llenos de furia, se acerca a la puerta sellada y golpea con todas sus fuerzas.

-“¡Malditos! ¡No nos van a enterrar tan fácilmente! ¡Esto no acaba aquí!”- grita a todo pulmón.

Kochin, con una expresión tierna, coloca una mano en el hombro de su compañero.

-“Tranquilo. Sobreviviremos.”- intenta calmar a su compañero. -”Y, cuando salgamos de aquí, se arrepentirán de habernos traicionado.”-

-”Al menos estamos juntos.”- le responde Wheelo, sin dejar de mirar a la puerta.

Ambos juran vengarse, sus ojos llenos de determinación y odio.


El tiempo pasa, y Kochin, guiado por su sed de venganza, desarrolla en secreto un código que se replica a través de la red de robots del ejército. Planea controlar cada unidad y hacer que se vuelvan contra sus propios creadores. Sin embargo, su hermano Gero, involucrado también en el proyecto de los robots, descubre la brecha y sobreescribe el código, bloqueando a Kochin del sistema.

El científico, furioso pero determinado, decide dar otro giro. Con la ayuda de Wheelo, quien también está al límite de sus capacidades, ambos científicos buscan una manera de proteger su legado. Logran codificar una inteligencia artificial avanzada, un sistema que puede replicar la mente de un ser humano moribundo.

A medida que la salud de Wheelo se deteriora, decide convertirse en el primer sujeto de prueba. Kochin graba la conciencia de su pareja en la inteligencia artificial, sellando su conocimiento y determinación en un sistema perpetuo. Tras completar el proceso, Wheelo, su compañero de toda la vida fallece, dejando a Kochin solo en su misión de venganza.

Antes de morir, Wheelo sintetiza una enzima, el último regalo para aquel con quien pasó la vida. Kochin se inyecta la sustancia, prolongando su vida y fortaleciendo su cuerpo para la larga espera que vendrá, consciente de que algo comienza a parasitar en él.


Decadas han pasado. Un anciano y cansado Kochin observa una transmisión en su consola. El satélite que él y Wheelo construyeron ha sido activado después de décadas en la oscuridad. Una sonrisa se forma en sus labios, y sus ojos, viejos y llenos de cicatrices, se iluminan.

-“Bien hecho, Silver.”- murmura para sí. -“Traerás una nueva era... una que nunca verán venir.”-

Kochin observa su pantalla, sabiendo que la venganza que han buscado durante tanto tiempo está a punto de desencadenarse. La inteligencia artificial de Wheelo está viva, y su legado, junto al odio acumulado durante años, está listo para salir de las sombras y cambiar el mundo, tal y como siempre habían planeado.


1 comentario:

  1. ¡Nuevo capitulo! Cuando parecia que no los veriamos, hoy nos encontramos con Wheelo, Kochin, y los años academicos de Brief.

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