martes, 21 de octubre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXIII - El precio del poder:

 

Bitácora Roja. Parte XXIII - El precio del poder:


”Red siempre me ha tratado diferente. No es como Vermilion.”

La noche cae sobre la hacienda Vermilion como un manto pesado, silencioso, pero cargado de tensión. En su habitación, Red se sienta ante su escritorio, rodeado de papeles y bocetos. Cada uno representa fragmentos de un plan que ha estado desarrollando en secreto desde la noche en que Kuro fue castigado, hace ya unas semanas. La llama de su odio hacia Vermilion no se ha apagado; al contrario, arde más fuerte cada día.

-“Es hora de que el mundo cambie.”- murmura para sí mismo.

Aunque su verdadero objetivo no es el mundo. Es el poder. Y Vermilion es el obstáculo más grande en su camino.


Mientras tanto, en la cabaña de los esclavos, Kuro se recupera lentamente de las heridas. Su madre aplica ungüentos caseros en su espalda mientras sus hermanos menores observan en silencio, sus miradas llenas de preocupación.

-“Deberías mantenerte alejado de ese chico.”- dice su madre en un susurro.

-“No puedo.”- responde. -“Él no es como su padre. Red… él me ve diferente.”-

Su madre suspira, sin decir más. Sabe que no puede detener a su hijo, pero teme lo que pueda suceder si sigue vinculado al hijo de Vermilion.


Días después, Red se acerca a Kuro mientras este carga un saco de harina hacia el establo. El esclavo lo mira con cautela, pero una sonrisa leve aparece en su rostro.

-“Te ves mejor.”- comenta Red, con los brazos cruzados.

-“Estoy bien, señor Red.”- responde, con un tono neutro.

-“Ya te dije que no me llames señor.”- Red frunce el ceño.

Kuro asiente, pero no dice nada más.

-“Escucha.” dice Red, bajando la voz. -“Tengo un plan. Voy a destruir a mi padre.”-

El jóven esclavo lo observa, desconcertado.

-“¿Qué? ¿Cómo vas a hacer algo así?”- dice asustado.

-“Con tu ayuda. Y con la de los demás esclavos.”- sonríe Red con malicia.

Kuro da un paso atrás, confundido.

-“Eso es… peligroso.”- dice con el miedo reflejado en sus palabras. -”Si fallas, todos seremos castigados. Nos matarán.”-

-“No voy a fallar. Esta es nuestra oportunidad, Kuro. Tu familia… tú… todos ustedes merecen algo mejor que esto.”- Red aprieta los dientes. -”Pero necesito que confíes en mí.”-

Por un momento, el silencio se extiende entre ellos. El esclavo ve algo diferente en los ojos de Red, algo que nunca había visto antes: determinación. Finalmente, asiente.

-“Te ayudaré. Pero no puedo hablar por los demás.”- dice con preocupación.

-“Déjame eso a mí.”- responde Red, con una sonrisa confiada.


Esa noche, Red convoca una reunión secreta en los establos. Kuro lleva a algunos de los esclavos más confiables, incluyendo a su padre y dos hombres más jóvenes que han sido tratados brutalmente por los capataces.

-“¿Por qué deberíamos escucharte?”- pregunta uno de ellos, un hombre corpulento llamado Bungo. -“Tú eres un Vermilion. Eres igual que tu padre.”-

Red levanta las manos, intentando calmar la tensión.

-“No soy como mi padre. Lo odio tanto como ustedes. Y tengo un plan para acabar con él, pero necesito su ayuda.”- exclama con seguridad.

-“¿Y qué ganamos nosotros?”- interviene otro. -“¿Qué te hace pensar que no nos traicionarás después?”-

Red se toma un momento para responder, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

-“Porque no puedo hacerlo solo. Necesito que confíen en mí.”- dice con un tono solemne. -”Cuando todo esto termine, ustedes serán libres. Pero para eso, necesitamos pelear juntos.”-

El grupo murmura entre sí, inseguro. Es Kuro quien finalmente da un paso adelante.

-“Yo confío en él.”- confianza en su voz. -”Red siempre me ha tratado diferente. No es como Vermilion.”-

Las palabras del jovencito parecen calmar un poco las dudas, y lentamente, los demás aceptan unirse.


En los días siguientes, Red organiza a los esclavos en secreto. Bungo les enseña a usar herramientas como armas improvisadas y a moverse sin ser detectados. Mientras tanto, Red perfecciona sus habilidades de esgrima, entrenando en el bosque cercano para enfrentar a su padre directamente.

-“No puedes ganar contra Vermilion.”- le dice Bungo una tarde, mientras practica con una lanza improvisada. -“Es el mejor espadachín de la región.”-

-“Lo sé.”- responde Red, limpiándose el sudor de la frente. -“Pero no tengo que ser mejor que él. Solo tengo que ser más listo.”-


La noche del enfrentamiento llega rápidamente. Vermilion, ajeno a la rebelión que se está gestando, está cenando en el comedor principal cuando los esclavos atacan.

Un grupo liderado por Bungo y Kuro irrumpe en el patio, enfrentándose a los guardias y capataces. El sonido de los gritos y el choque de herramientas contra espadas llena el aire. Kuro lucha con valentía, usando una pala como arma, mientras protege a otros esclavos más jóvenes, entre los que se encuentran sus cinco hermanos menores.

En el interior, Red se enfrenta a su padre directamente. Vermilion, al verlo entrar en el comedor con una espada en mano, sonríe con desprecio.

-“¿De verdad crees que puedes desafiarme, mocoso?”- dice, poniéndose de pie y desenvainando su propia espada.

-“No te necesito para nada.”- responde Red, con frialdad. -“Tu tiempo se acabó.”-

El duelo comienza, con Vermilion dominando rápidamente. Su habilidad supera con creces la de Red, y cada golpe lo empuja más cerca de la derrota.

-“Eres débil, igual que siempre.”- se burla Vermilion.

Pero Red, con un destello de astucia, lanza un ataque inesperado. No apunta a derrotar a su padre, sino a desestabilizarlo. Golpea una lámpara cercana, causando que el aceite se derrame y prenda fuego al comedor.

Mientras las llamas crecen, Vermilion se distrae lo suficiente para que Red lo ataque por el costado. Sin embargo, en el proceso, Vermilion logra cortar el rostro de Red, cegándolo de un ojo.

Gritando de dolor, Red reúne todas sus fuerzas para lanzar un golpe final, atravesando el corazón de su padre.

-“Te lo dije.”- susurra Red, mientras Vermilion cae al suelo. -“Tu tiempo se acabó.”-


En el patio, la lucha termina con los esclavos derrotando a los guardias, pero a un alto costo. Todos en la familia de Kuro han muerto en la batalla, dejando al jóven destrozado.

Cuando Red emerge del comedor en llamas, cubierto de sangre y sosteniéndose el ojo herido, los esclavos lo miran en silencio.

-“A partir de ahora.”- dice Red, su voz fuerte y llena de autoridad. -“Esta hacienda ya no pertenece a Vermilion. Pertenece a nosotros. Y juntos construiremos algo más grande.”-

El grupo lo observa, algunos con esperanza, otros con duda. Kuro, a pesar de su dolor, se acerca a su amigo y asiente.

-“Te seguiré”- dice con seguridad.

-“Lo sé.”- Red sonríe débilmente. 

El destino del Ejército de la Red Ribbon comienza a forjarse en ese instante.


1 comentario:

  1. ¡Nueva entrada en Bitacora Roja! Retomamos la historia de origen de Red y Kuro, ya casi hacia el final.

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