viernes, 17 de octubre de 2025

Bitácora Roja. Parte XXII - Juego de gemelos:

 

Bitácora Roja. Parte XXII - Juego de gemelos:


“Bienvenidos al mundo, Androides 17 y 18.”


Bajo un cielo cubierto de nubes grises, un par de motocicletas rugen mientras recorren una desolada carretera en las afueras de la ciudad. Los gemelos Lapis y Lázuli, ahora adultos jóvenes, avanzan con determinación. Sus ojos reflejan años de furia contenida, y sus rostros, endurecidos por la vida, muestran cicatrices invisibles que dejaron los fantasmas del pasado.


-“¿Seguro que es aquí?”- pregunta Lapis, apretando el manillar de la motocicleta, su voz cargada de impaciencia.


-“Sí, hermano. ¿Quieres que te lo repita por décima vez?”- Lázuli responde con un tono indiferente, sin siquiera mirarlo. 


-“¡Entonces deja de hacerme esperar! Llevamos demasiado tiempo tras la pista de ese maldito mayordomo.”- Lapis suelta un bufido, visiblemente molesto. 


- “Relájate, hermanito. Sabes que cuando te alteras te pones insoportable… más de lo normal, claro.”- sonríe.


Antes de que Lapis pueda replicar, ambos ven un lujoso auto negro que pasa frente a ellos. Dentro, reconocen la figura del hombre al que han estado cazando por años: Reizoku, el mayordomo que arrebató la vida de su madre.


-“Ahí está…”- susurra Lapis, sus ojos llenos de rabia.


Cuando el auto de Reizoku finalmente llega a un punto muerto, los gemelos observan a distancia cómo ingresa a lo que parece una especie de garaje subterráneo en medio de la montaña. 


Al bajar de sus motocicletas, avanzan por un pasillo oscuro que desemboca en un vasto laboratorio. La atmósfera es tétrica, el aire está impregnado de un olor químico denso, y las luces parpadean, proyectando sombras en las paredes.


Lapis y Lázuli observan a su alrededor. Máquinas de aspecto intimidante zumban, y filas de computadoras muestran gráficos complejos y datos crípticos. Tubos conectados a cápsulas llenas de líquido verde emiten un leve resplandor. Es un lugar construido para experimentos oscuros, el hogar de alguien que carece de ética.


Desde su escondite, los gemelos ven a Reizoku acercarse a un hombre mayor, con el rostro marcado, de ojos celestes, con una larga cabellera gris, pero calvo, de expresión serena y mirada calculadora. Es el Doctor Gero, un científico cuya crueldad y ambición ha alcanzado proporciones legendarias.


-“Doctor Gero.”- dice Reizoku con una reverencia. -”¿Cómo viene el trabajo del día?”-


-“El androide 16 demostró ser muy eficaz en cuanto a su fuerza, pero necesitamos nuevos sujetos de prueba para esta tecnología avanzada.”- comenta el doctor, sin apartar la mirada de su ordenador.


-“Estaré atento, doctor.” responde Reizoku. “Ya he empezado a rastrear a posibles candidatos.”-


Lapis y Lázuli se preparan, cada uno desenfundando su arma. Se acercan sigilosamente por un costado, sus ojos fijos en Reizoku, sintiendo que están a un paso de consumar la venganza que han esperado por tanto tiempo.


Pero antes de que puedan dar el primer disparo, una sombra enorme bloquea su camino. Frente a ellos se encuentra una figura que jamás esperaron ver: un hombre negro y calvo, increíblemente alto, con una piel que parece de metal bruñido, reflejando las luces del laboratorio. Viste una camiseta de tirantes blanca, pantalones militares y botas, con lentes de sol oscuros que le dan una expresión de completa indiferencia. En sus manos, enguantadas en amarillo, lleva una fuerza temible.


El nuevo Sargento Metálico los observa sin emoción y, antes de que los gemelos puedan reaccionar, lanza un poderoso golpe que los derriba a ambos.


Lapis, furioso, se reincorpora, intentando atacar con su navaja.


El Sargento Metálico lo esquiva sin esfuerzo y le da un codazo que lo lanza contra una de las máquinas, dejándolo aturdido. Lázuli intenta disparar, pero el Sargento Metálico le da una patada que le hace soltar el arma y caer al suelo.


Desesperados, los gemelos luchan con todas sus fuerzas, lanzando golpes y patadas, pero el Sargento Metálico es implacable. Finalmente, exhaustos y llenos de moretones, los gemelos caen de rodillas, jadeando. Sus rostros están cubiertos de lágrimas de frustración y dolor, y Lapis grita con furia.


-“¡Esto es por Hasky! ¡Por nuestra madre!”- exclama Lapis, su voz quebrada por el dolor.


Gero los observa con una expresión confundida.


-“¿Hasky? No tengo idea de quiénes son ustedes ni de lo que están hablando.”- exclama sin emoción alguna.


Lázuli lo mira con odio, sus dientes apretados.


Reizoku, que ha estado observando en silencio, hace una leve reverencia hacia el doctor.


-“Doctor, creo que puedo refrescarle la memoria.”- dice solemnemente. -” Hasky fue… una de nuestras cuentas pendientes.”-


Gero gira su mirada hacia Reizoku.


-“¿De verdad, Reizoku? ¿Me estás diciendo que dejaste los cabos sueltos?”- dice frunciendo el ceño.


Reizoku, manteniendo su calma habitual, responde con serenidad.


-“En su momento, parecía estar bajo control. Pero si desea que me deshaga de ellos, lo haré sin demora.”- replica el mayordomo.


Sin embargo, una sonrisa perversa se dibuja en el rostro de Gero.


-“No, no, Reizoku. Estos jóvenes pueden ser útiles. De hecho, tengo algo mucho mejor en mente para ellos.”- lo detiene con una sonrisa macabra.


Gero saca una pequeña jeringa con un líquido translúcido. Se acerca a los gemelos, que intentan resistir, pero el Sargento Metálico los mantiene firmes. Con precisión, inyecta el adormecedor en el cuello de Lapis primero, luego en el de Lázuli. Poco a poco, los cuerpos de los gemelos empiezan a relajarse, sus párpados se vuelven pesados mientras la conciencia se desvanece.




Los destellos de luces cegadoras se cuelan en los ojos de Lapis y Lázuli mientras despiertan. Cada uno está encerrado en un sarcófago de metacrilato. Apenas pueden mover sus cuerpos; la sensación de entumecimiento los invade. Están vestidos únicamente con ropa interior negra con el logo de la Red Ribbon estampado. Sus respiraciones son lentas, pero sincronizadas, como si algo las estuviera controlando.

Una voz fría y calculadora llena el aire.

-“Bienvenidos al mundo, Androides 17 y 18.”- dice el doctor Gero desde una cabina elevada, su tono cargado de autosatisfacción. -“Soy su creador, su maestro, y su misión es simple: eliminar a Goku.”-

Lapis, o más bien el Androide 17 encuentra su mirada con la de Gero, llena de una mezcla de rabia y confusión.

-“¡Déjanos salir de aquí! ¿Qué es todo esto?”- el muchacho golpea el interior del sarcófago con fuerza, haciendo que las paredes tiemblen.

Lázuli, o Androide 18, lo imita, aunque más controlada, analizando la situación.

-“No sabemos quién eres, pero te aseguro que no tomaremos órdenes de un lunático como tú.”- grita ella.

Gero sonríe, como si hubiera anticipado su rebeldía. Levanta un control remoto con un único botón rojo.

“Ah, el espíritu combativo. Es una lástima.”- pulsa el botón, y los cuerpos de ambos gemelos colapsan instantáneamente, sus sistemas apagados en un parpadeo.

Reizoku, observando desde la sombra, da un paso adelante, ajustándose sus guantes blancos.

-“¿Qué opina, doctor? ¿Son realmente superiores a los modelos anteriores?”- pregunta tranquilamente.

Gero observa los sarcófagos donde los gemelos ahora yacen inmóviles, con una sonrisa de autosuficiencia.

-“El condicionamiento mental es prometedor. Sus niveles de poder son excepcionales, pero aún hay ajustes por hacer. Serán la cúspide de mi obra.”- afirma el doctor.



Semanas después, los gemelos están sentados frente a una pantalla que reproduce grabaciones de peleas pasadas. Observan a un hombre con un gi naranja luchando ferozmente contra un calvo musculoso. Luego, el mismo hombre se enfrenta a un mono gigante en una batalla titánica.

-“¿Ese es Goku?”- pregunta 18, arqueando una ceja. -“No parece tan impresionante.”-

El 17 cruza los brazos, su expresión es de escepticismo.

-“¿Por qué querría este tal Gero que lo matemos?”- duda brevemente. -”Pero algo dentro de mí hace que muera de ganas de hacerlo.”-

La muchacha asiente, mirando de reojo a su compañero.

-“No confío en ese hombre. Hay algo... extraño. ¿No lo sientes?”- le susurra.

-“Lo único que siento es que necesitamos salir de aquí.”- responde con determinación. -“Si seguimos fingiendo, quizás encontremos una oportunidad.”-

Por primera vez en mucho tiempo, los gemelos comparten una mirada de complicidad. No saben quiénes eran antes, pero algo dentro de ellos se aferra al vínculo que los une.


En un entrenamiento programado, los gemelos se enfrentan al nuevo Sargento Metálico, quien ahora ha sido mejorado con nuevas tecnologías. Sin embargo, para los androides, esas mejoras no son suficientes. El 17 esquiva sus golpes con agilidad sobrehumana, respondiendo con una patada giratoria que arranca la cabeza del Sargento, lanzándola contra una pared.

La 18, por su parte, atraviesa el torso metálico con su puño, desgarrando cables y circuitos. El cuerpo del Sargento colapsa en el suelo, inerte. Los gemelos se miran, satisfechos con su victoria.

Desde una sala de observación, Reizoku observa con cierta inquietud. Gero, con su usual calma, sonríe.


Más días pasan, y los gemelos conversan en la soledad de su confinamiento. 18 juega con un mechón de su cabello, mientras 17 mira por una ventana que da al exterior del laboratorio.

-“Recuerdo que somos hermanos.”- dice ella, rompiendo el silencio. -“Pero nada más. Ni siquiera sé si eso es cierto, o si es algo que implantaron en nuestras cabezas.”-

17 asiente, su voz baja y llena de rencor.

-“Lo único que sé es que odio a Reizoku y a ese maldito doctor. No sé por qué, pero cada vez que los veo, quiero destruirlos.”- exclama cerrando su puño con fuerza.

Unos días después, Gero organiza una lucha entre los gemelos. Quiere probar sus habilidades al máximo. Los androides no tienen opción más que obedecer. Sus cuerpos se mueven con precisión y ferocidad, golpeándose entre sí, lanzando esferas de energía que hacen temblar las paredes del laboratorio.

Cuando la pelea llega a su clímax, una de las esferas de energía impacta directamente contra Reizoku, desintegrándose al instante. Su grito se pierde en el estruendo, dejando sólo un eco de muerte.

-“¡¿Qué hicieron?!”- Gero, horrorizado, da un paso atrás. 

El muchacho aparece detrás de él, su voz fría como el acero.

-“Tú sigues.”- dice tajantemente. -”Nos has quitado nuestra humanidad.”-

Antes de que puedan hacer algo más, Gero, temblando, pulsa el botón de apagado en su control remoto. Los gemelos caen al suelo, inertes, y son devueltos a sus sarcófagos. Esta vez, Gero se asegura de reforzar las medidas de seguridad.


Mucho tiempo después, el doctor trabaja en su nuevo proyecto: el Androide 19. Una creación completamente mecánica, diseñada a imagen y semejanza de Reizoku. El androide despierta, se levanta y hace una reverencia al doctor.

-“Bienvenido, Androide 19.”- dice Gero con una sonrisa cansada.

El 19, con una voz metálica pero solemne, dice: 

-”Un gusto volver a estar con usted, señor.”- exclama. -“¿Qué pasó con los otros?”-

Gero, recogiendo sus herramientas, responde con indiferencia.

-“No se han desperdiciado. Ahora tengo un nuevo propósito para ellos. Su destino está reservado para algo más grande.”- afirma sin emociones. -”Para alguien más grande.”-

El Androide 19 asiente, sin cuestionar. Para Gero, este es solo el inicio de una nueva era de investigación.


1 comentario:

  1. ¡Nuevo capitulo!

    Retomamos la historia años despues de donde la dejamos, con los gemelos viviendo su vida criminal.

    Para el ojo entrenado, el "nuevo" Sargento Metalico, es el diseño de la pelicula, al igual que el diseño del General Brown era de esa pelicula tambien.

    Y en cuanto a Reizoku, que ya le conociamos, es de donde Gero se inspiro para crear a 19. Probablemente la ultima persona fiel que tuvo a su trabajo.

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