Bitácora Roja. Parte IX - Y el mundo sigue rugiendo:
Te despierta un sonido que no reconoces. Es como un trueno, pero largo, un rugido en el cielo que sacude las paredes de tu casa. La luz de la lámpara titila una vez, dos veces, y después muere. Afuera, la noche parpadea con destellos blancos y sombras largas que se arrastran por el suelo.
Te encoges debajo de las sábanas, pero el sonido vuelve. Esta vez más cerca, más fuerte. Las ventanas vibran. El escritorio de tu cuarto se sacude. Mamá grita desde la otra habitación, su voz es un cuchillo de miedo que corta la oscuridad.
Sales tambaleando de la cama y corres a su encuentro, pero la puerta de tu cuarto no se abre. Algo pesado la empuja del otro lado. Llamas a mamá, a papá, pero nadie responde. Solo escuchas pasos apresurados en el pasillo, sombras moviéndose bajo la rendija. Algo cae, se rompe, alguien llora.
Los truenos siguen. Uno de ellos suena tan cerca que todo se sacude. El suelo tiembla y sientes un crujido en las paredes, como si la casa estuviera cansada, lista para desplomarse. Huele a humo.
Finalmente logras abrir la puerta con un empujón y sales corriendo. El pasillo está oscuro, la bombilla colgando del techo oscila, proyectando sombras largas. Mamá está allí, con el cabello enredado y los ojos abiertos de par en par.
Cruzas la sala, pero la puerta de entrada está abierta. No recuerdas haberla visto así antes. El aire de afuera está lleno de polvo y algo más espeso que se mete en tu garganta y la seca. Afuera hay figuras, muchas figuras, pero no las entiendes. Parecen personas, pero no del todo. Sus rostros están ocultos bajo cosas brillantes y opacas. Sus ojos no existen. Sus manos sujetan cosas largas que lanzan destellos.
De repente, todo se torna más brillante que el día. Un zumbido agudo llena tu cabeza y sientes que tu piel arde. Alguien te empuja contra el suelo y te cubre con su cuerpo. Te quedas inmóvil. No entiendes. No entiendes nada. Pero el suelo tiembla, y los truenos siguen cayendo, más cerca, más hambrientos.
Los ojos te arden, el aire pesa en tus pulmones. Un chillido agudo se mezcla con los truenos. Te das cuenta de que eres tú quien grita.
Algo te levanta, te arrastra. Pasan por encima de algo tibio y blando en el suelo. No miras. No quieres mirar. Pero tus pies se mojan con algo espeso y oscuro.
Pero entonces se detiene.
El trueno suena otra vez, pero esta vez es diferente. Es seco, inmediato.
Te quedas acurrucado en la oscuridad, temblando. No entiendes qué está pasando, pero entiendes una cosa.
Nada de esto ha terminado.
Y el mundo sigue rugiendo.
Capitulo "experimental" el de hoy.
ResponderEliminarLa intención al escribirlo, es transmitir aunque sea un poco lo que siente el "ciudadano de a pie" cuando la Red Ribbon, implacable, llega a su pueblo o ciudad.
Espero que algo de eso se haya transmitido.