Bitácora Roja. Parte VIII - El chamán, la bestia y el soldado:
“¿Sentimental?”
La noche es oscura y el viento sopla con fuerza en Villa Jingle, una pequeña villa rodeada de nieve y montañas. Un destello rojo ilumina el cielo, rasgando las nubes y brillando intensamente mientras cruza como una antorcha ardiente sobre el helado paisaje. El destello impacta en un valle cercano, y el sonido del choque hace eco en todo el lugar, como si una tormenta de relámpagos hubiera caído de golpe.
Dos cazadores, que estaban recorriendo la zona en busca de presas, se quedan paralizados por el espectáculo.
-”¿Viste eso?”- pregunta el primero, con su voz temblorosa, apenas un murmullo en el silencio de la nieve.
-”Lo vi… pero no estoy seguro de querer acercarme”- responde con una mezcla de curiosidad y temor reflejada en sus ojos.
-”Quizás fue solo un meteorito. Podría haber piedras preciosas o… algo de mayor valor ahí”- sugiere, intentando sonar valiente, pero sin poder ocultar el miedo en su tono.
Ambos avanzan lentamente hacia el lugar del impacto, sus pasos crujen en la nieve hasta llegar a una grieta humeante. La luz rojiza del meteorito aún emite un brillo débil desde el fondo del cráter, y el aire está caliente, algo inusual en el clima gélido de la villa.
De pronto, una forma surge de entre la neblina y el humo. Es una masa que se mueve y palpita, casi como si estuviera respirando. Ambos retroceden, aterrados.
-”¿Qué… qué es eso?”- susurra, el terror nublándole la voz.
Antes de que su amigo pueda responder, la bestia se extiende rodeando las piernas de uno de los cazadores. Su compañero observa, horrorizado, mientras su amigo es levantado en el aire y arrastrado hacia las fauces de la criatura, que muestra unos dientes afilados y una larga lengua verde.
-”¡No!”- grita, intentando retroceder, pero una segunda extremidad se lanza hacia él, envolviéndolo en un abrazo caluroso.
Los gritos de ambos cazadores son ahogados rápidamente. El monstruo se funde de nuevo en la grieta, dejando solo el eco de sus pasos y el aire tibio del cráter como rastro de su llegada.
Semanas después, en el centro de Villa Jingle, la nieve sigue cayendo implacable, cubriendo cada rincón de blanco salvo el área del cráter, donde un círculo de tierra árida y seca resalta en el paisaje nevado. Frente a la plaza del pueblo, una multitud se reúne, con rostros sombríos y ojos llenos de miedo y desconcierto.
En medio de ellos está Maloja, el chamán del pueblo, envuelto en capas de pieles y con un extraño báculo tallado con símbolos antiguos, coronado con una piedra roja en su extremo superior. Maloja eleva sus manos al cielo, y la multitud se calla al instante.
-”¡El espíritu de Buyon ha descendido para juzgarnos!”- declara Maloja, su voz retumbando en el aire frío -”¡Es el poder de Buyon, traído desde las profundidades del universo! Solo podremos apaciguarlo con ofrendas.”-
-”¿Qué ofrendas?”- grita alguien desde la multitud -”¡Ya han desaparecido cazadores, y aún no sabemos por qué!”-
-”¡Sacrificios humanos!”- responde Maloja con firmeza, sin una pizca de duda en su voz. -”Solo así lograremos que la bestia vuelva a su letargo.”-
La muchedumbre se agita con murmullos nerviosos y miradas de horror. Pero en ese momento, el alcalde de Villa Jingle, un hombre de rostro cansado y gesto severo, alza la mano para calmar a la gente. Luego se vuelve hacia Maloja con el ceño fruncido.
-”No aceptaré que mates a mis habitantes, Maloja. Esto ha llegado demasiado lejos.”- declara el alcalde, desafiando la mirada del chamán.
Maloja lo observa con una expresión de desdén y sacude la cabeza.
-”Entonces prepárate para ver cómo esta villa es devorada. La Bestia no espera… y se impacienta.”- declara con una sonrisa maliciosa.
El alcalde, sin otra opción y ya superado por la desesperación, toma una decisión. Esa misma noche envía un mensaje al Ejército de la Red Ribbon en busca de ayuda, esperando que, aunque el Gobierno Mundial haya ignorado su pedido, alguien más atienda su llamado.
Días después, en una columna de vehículos blindados y soldados, el General White llega a la villa. En cuanto pone un pie en la nieve, sus botas dejan una marca firme y dominante. Mira el pueblo con aire de superioridad antes de dirigirse al alcalde.
-”Mi ayuda tiene un precio, alcalde.”- dice White, con una sonrisa fría. -”Nos asentaremos aquí. Será un sacrificio menor a cambio de protegerlos de su… bestia.”-
El alcalde suspira, sin estar del todo convencido, pero asiente. Sabe que no tiene otra opción.
-”Lo entiendo, general…”- murmura, bajando la mirada.
White se vuelve hacia sus soldados, dando la orden con voz firme y autoritaria.
-”¡Prepárense! Villa Jingle será nuestro nuevo puesto de avanzada. Y si esa bestia, como la llaman, es tan poderosa, no tardará en ver de qué está hecho el ejército.”-
La noche cae pesada y fría sobre Villa Jingle. El viento helado recorre el pueblo, mientras las luces del campamento del ejército iluminan débilmente el área cercana al cráter. A un lado, en una tienda de campaña improvisada, el General White y Maloja, el chamán del pueblo, conversan en voz baja, con una mezcla de desprecio y complicidad en sus gestos.
-”¿Estás seguro de que esta emboscada funcionará, General?”- pregunta Maloja, frotándose las manos, sus ojos oscuros llenos de una devoción casi fanática. -”Buyon no es una criatura común.”-
-”No me hables de dudas, chamán.”- responde White con un tono frío y calculador. -”Hemos enfrentado monstruos peores que este. Solo necesita un cebo… y se lo daremos.”-
Ambos sonríen con crueldad, pero de repente una voz se alza desde la entrada de la tienda. Es Green, un soldado alto de cabello rojo y ojos celestes, que ha estado escuchando la conversación con creciente enojo.
-”¿Y el cebo debe ser un humano, verdad?”- interviene Green, cruzando los brazos y mirando a ambos con firmeza. -”Estamos aquí para proteger a esta gente, no para usarlos como carnada.”-
White suspira y gira lentamente hacia él, mostrando una expresión de burla apenas contenida.
-”Oh, Green, siempre tan idealista”- murmura el superior a cargo con una sonrisa despreciativa. -”Esta es la única forma de atraer a la bestia. No seas tan sentimental. Es solo un sacrificio, un daño colateral necesario.”-
-”¿Sentimental?”- Green da un paso adelante, la ira reflejada en sus ojos -”No estamos en una guerra cualquiera. Estas personas son inocentes, y no pienso quedarme de brazos cruzados mientras los usas para tus experimentos militares.”-
-”Entonces quizás deberías reconsiderar tu posición en el ejército”- le espeta Maloja, sus ojos brillando con desprecio. -”La voluntad de Buyon está por encima de todo, y si un sacrificio es lo que pide, eso le daremos.”-
Green aprieta los dientes, y tras un segundo de silencio, toma una decisión. Su voz resuena firme y clara:
-”Muy bien. Si quieren un sacrificio… entonces usaré mi vida. No pondré en peligro a nadie más.”- dice con convicción.
White y Maloja se miran, sorprendidos por un instante. Luego, White suelta una carcajada despectiva.
-”Perfecto. Si quieres jugar al héroe, adelante. Nos ahorrarás el trabajo”- dice el militar, alzando las manos en gesto de burla. -”Al menos servirá para algo esa actitud tuya.”-
Esa misma noche, horas más tarde bajo un cielo nublado, el grupo se dirige hacia el cráter. Green avanza al frente, escoltado por un gigante robótico, "Sargento Metálico", que marcha con pasos pesados, sus ojos cubiertos bajo unos lentes de sol. Detrás de ellos, el general White y Maloja los siguen, acompañados por un par de soldados que sostienen sus fusiles con fuerza, claramente tensos ante lo que pueda ocurrir.
Al llegar al borde del cráter, Maloja comienza a murmurar palabras inentendibles, levantando el báculo y agitando las manos en lo que parece un ritual de invocación. El viento cesa, y el silencio se hace profundo en la helada noche, la piedra roja del báculo del chamán brilla con intensidad. Green, sin inmutarse, se adelanta, mirando a la oscuridad del cráter con una mezcla de determinación y desafío.
De repente, una vibración sacude el suelo. Desde el fondo del cráter, una forma masiva y redondeada comienza a emerger. La criatura es enorme, con una piel gomosa y fucsia, con ojos naranjas y dos antenas en su cabeza. Es Buyon, la bestia de la que Maloja había hablado, y que ahora se presenta en toda su temible magnitud.
Green toma su escopeta, sus manos firmes, y apunta directamente hacia la criatura.
-”¡Vamos, Buyon! ¡Ven a buscarme!”- grita, descargando una ráfaga de balas a quemarropa.
Los soldados, nerviosos pero siguiendo las órdenes, también abren fuego con sus fusiles, llenando el aire de estruendos y destellos de pólvora. Sin embargo, cada bala que impacta en la criatura parece desaparecer en su masa viscosa, sin causarle el menor daño. Las balas no son más que débiles picaduras ante su densa y elástica piel.
White observa desde un lado, con una expresión de calma calculadora, y hace una señal al Sargento Metálico.
-”Es tu turno, Metálico. Haz lo que sabes hacer.”- ordena el general, cruzando los brazos.
El gigantesco robot avanza sin dudarlo, y con un salto sorprendentemente ágil para su tamaño, se abalanza sobre Buyon, lanzando golpes directos a su cuerpo. Sus puños de metal chocan con fuerza contra la piel de la bestia, pero cada golpe parece amortiguado y absorbido por la textura gomosa de Buyon, que apenas retrocede. Metálico continúa golpeando, incansable, pero el monstruo apenas muestra señales de daño.
Green, viendo que los golpes de Metálico no están funcionando, intenta rodear a Buyon y dispara en un intento desesperado de distraerlo. Pero en un movimiento repentino, Buyon balancea su cola con brutalidad, golpeando a Green y lanzándolo varios metros en el aire hasta que aterriza pesadamente en la nieve, inconsciente.
Mientras tanto, Buyon se vuelve hacia Metálico, quien sigue atacando con golpes mecánicos. La bestia lo rodea con su enorme cuerpo, y de un mordisco rápido y brutal, arranca uno de sus brazos, que rueda por el suelo. White observa en silencio, su expresión impasible.
Metálico, imperturbable y sin sentir dolor, sigue lanzando golpes con su otro brazo, mientras Buyon lo rodea. Con un violento movimiento, la criatura lanza un uppercut, arrancándole la cabeza de un golpe. La cabeza de Metálico cae, y su cuerpo titubea. Pero, sorprendentemente, el torso del robot sigue luchando, lanzando golpes automáticos y sin sentido hacia el cuerpo de la bestia.
El general suspira, viendo que la situación está fuera de control. Saca un pequeño control remoto de su bolsillo y presiona un botón rojo que tiene inscrito un número “8”.
En la oscuridad del cráter, Buyon lanza un rayo desde sus antenas, que impacta en el pecho de Metálico. El golpe de energía hace que el gigantesco robot se detenga de inmediato, empezando a echar humo por las grietas de su estructura metálica. Buyon gira su atención hacia White y Maloja, sus ojos brillando con hambre. El monstruo se relame con su larga lengua, avanzando con determinación.
White, nervioso, empuja al chamán hacia el cráter.
-”¡Maldito seas! ¡No puedes hacerme esto!”- grita Maloja mientras cae, su grito ahogado en la oscuridad del cráter justo antes de que Buyon lo devore de un solo bocado.
El general retrocede, saca un revólver modificado de su funda en la cintura y dispara directamente al centro de la frente de la bestia. La bala explota al impactar, causando que Buyon retroceda momentáneamente, aturdido. Sin embargo, el retroceso hace que White pierda el equilibrio y caiga de espaldas sobre la nieve.
Buyon se recupera y avanza lentamente, saliendo del cráter. Pero tan pronto como sus patas tocan la nieve helada, su piel comienza a congelarse visiblemente. A la distancia, Green, que ha recobrado la consciencia, observa con atención el efecto que el frío parece tener sobre la criatura.
En ese momento, un helicóptero militar sobrevuela la zona. Desde la cabina, el piloto, con un número quince en su uniforme, presiona un botón en el panel de control y observa la parte trasera del helicóptero, donde un tipo con la apariencia de una versión moderna de Frankenstein espera, sin moverse.
-”¿Listo, Androide 8?”- pregunta el piloto, lanzando una mirada de rigor.
El androide asiente con firmeza y, sin decir palabra, se lanza al vacío. Cae desde el helicóptero, aterrizando directamente sobre Buyon, golpeándolo con toda la fuerza de sus pies y devolviéndolo al cráter de un solo golpe.
Buyon se tambalea, tratando de levantarse, pero el Androide 8 ya se ha lanzado a una ofensiva brutal. Golpes certeros impactan en el cuerpo viscoso de la bestia, que ahora muestra señales de verdadero dolor. La eficacia de los ataques de 8 es notable, mucho mayor que los de Metálico; cada puño hace retroceder a Buyon, cuyas antenas chisporrotean.
Desde el borde del cráter, Green corre hacia la batalla y grita:
-”¡Ocho! ¡Tienes que sacarlo del cráter! ¡La nieve lo debilita!”- exclama.
El Número 8, comprendiendo, asiente y, con un esfuerzo sobrehumano, toma a Buyon por debajo de su piel gelatinosa y lo lanza hacia la nieve helada. La bestia cae pesadamente sobre el suelo y su cuerpo empieza a congelarse rápidamente, hasta quedar inmóvil, hecho una escultura de hielo.
Green y 8 se acercan a la criatura derrotada, observando el enorme cuerpo congelado. Green sonríe con gratitud hacia el androide.
-”Buen trabajo, 8. No esperaba que fueras el as bajo la manga del general.”- dice Green, ofreciendo su mano.
8 la estrecha, y por un instante, ambos se miran con respeto.
-”No está mal, coronel”- responde el androide, en su tono bajo y mecánico. Ocultando sus emociones, pero sus palabras reflejan un pequeño gesto de camaradería.
Antes de que puedan decir algo más, White aparece, observando con satisfacción el cuerpo congelado de Buyon. Sin decir una palabra, saca su control remoto y presiona un botón. De inmediato, los ojos de 8 se apagan, su cuerpo cae pesadamente al suelo, inerte.
-”¿Qué estás haciendo? ¡8 ayudó a derrotar a Buyon!”- grita Green, furioso.
White lo observa con frialdad.
-”Es solo un pedazo de chatarra útil. No necesitamos que piense por sí mismo.”- responde, con una sonrisa cínica.
Green lo mira con desdén, pero sin más palabras, se da media vuelta y se marcha, dejando el lugar con el eco de sus pasos en la nieve.
Semanas después, el cráter es apenas un recuerdo. En su lugar, el ejército ha comenzado a construir una torre masiva, una estructura imponente que se eleva sobre Villa Jingle. En las profundidades de la torre, en un subterráneo frío y oscuro, Buyon permanece atrapado, descongelado y en un estado de letargo, como una bestia en hibernación.
En la cima de la torre, White sostiene una conversación con el comandante Red, quien observa la construcción con admiración.
-”Has hecho un excelente trabajo, general. Esta torre será símbolo de tu valor y estrategia. Además, he autorizado la reconstrucción del Sargento Metálico. Pronto estará listo para servir de nuevo.”- declara el comandante, dando una calada a su puro.
-”Gracias, señor. Prometo que el sacrificio de este pueblo no será en vano.”- responde White, inclinando la cabeza con fingida modestia.
En otra parte de la torre, Green y 8 se despiden. El androide ha sido reactivado, aunque su semblante se ve triste.
-”Fue un buen combate, 8. Sabes que eres más que una máquina para mí.”- dice Green, estrechándole la mano.
-”Gracias, Green. Parece que esta es mi casa ahora.”- responde el androide, con algo que se asemeja a una leve conexión entre ambos.
Green asiente y se da la vuelta. Ha sido transferido a la base principal del ejército, lejos de la influencia de White, mientras 8 se queda en la torre como un arma de seguridad, según las órdenes del general.
Desde Villa Jingle, el alcalde observa la inmensa torre que se levanta sobre su pueblo. Su mirada refleja una mezcla de arrepentimiento y temor, consciente de las consecuencias de su elección.
Y tenemos un capitulo para White y Green! Ya tenia ganas de que exploremos un poco al Pino militar.
ResponderEliminarTambien vemos esa relacion entre Hatchan y Pino que se menciona en la historia principal de Next Level. Me imaginaba que algo tuvieron que haber vivido entre ellos.
Y no menor, vemos como White y la RR lograron instalarse en Jingle, con la estrategia de Buyon.
Eso si, Maloja y su cetro tendran algo que ver con el futuro? que creen?