Bitácora Roja. Parte VII - Entre cadenas y banquetas:
“¿Qué opinas de mí?”
El amanecer tiñe de dorado las colinas de Vermilion Hills mientras el pueblo cobra vida. Los carros de los comerciantes ruedan por el empedrado, los esclavos transportan mercancías pesadas, y las amas de casa regatean por productos frescos. En una esquina, un grupo de hombres blancos toma café y conversa animadamente, ignorando las miradas furtivas de los esclavos que pasan junto a ellos.
Kuro camina entre la multitud con una bolsa de granos al hombro, su figura delgada casi desapareciendo entre el bullicio. Su madre, una mujer robusta con un rostro marcado por años de trabajo, lo sigue con una canasta de verduras. A su lado, los cinco hermanos menores de Kuro corretean, ajenos a las responsabilidades que recaen sobre su familia.
-“¡Kuro, cuidado con esos granos!”- le grita su madre. -”Si los dejas caer, tendremos que pagarlos”-
-“Lo sé, madre”- responde Kuro, ajustando la carga con cuidado.
Uno de sus hermanos pequeños, un niño de no más de cinco años, tira de su camisa.
-”Kuro, ¿crees que hoy cenaremos algo bueno?”- pregunta con inocencia.
Kuro sonríe, aunque su espalda duele por el peso.
-“Siempre cenamos algo bueno.”- responde. -”Madre se asegura de eso.”-
La familia de Kuro llega a la plaza del mercado, donde se reúnen con otras familias de esclavos para intercambiar provisiones y rumores. A pesar de las condiciones precarias, hay una calidez en sus interacciones, una especie de resiliencia que los mantiene unidos.
En contraste, Red pasea por el mercado con una expresión de disgusto. Su padre lo ha enviado a supervisar la compra de especias para la cocina, una tarea que considera insignificante.
-“No sé por qué me hace hacer esto.”- murmura para sí mismo, pateando una piedra.
Su chaqueta limpia y sus botas relucientes lo distinguen claramente del resto. Aunque muchos lo saludan con respeto, él apenas se molesta en responder sintiendo que todas las miradas se dirigen a su estatura.
Mientras camina, se cruza con la familia de Kuro. Al principio, no los reconoce, pero cuando ve a Kuro descargando la bolsa de granos, se detiene.
-“Kuro.”- lo llama con voz autoritaria.
El esclavo levanta la cabeza rápidamente, sus hermanos pequeños lo miran con curiosidad.
-“Señor Red.”- responde, bajando la mirada por reflejo.
-“¿Qué haces aquí?”- le pregunta con cierta violencia. -”Creí haberte dicho que ibas a limpiar el establo esta mañana.”-
El muchacho duda, pero su madre interviene.
-“Perdónelo, joven amo.”- dice con cautela. -”Le pedí que nos ayudara a cargar las compras. Regresará a la hacienda en cuanto terminemos.”-
Red frunce el ceño.
-“No tienes por qué disculparte, señora.”- dice el terrateniente. -”Kuro trabaja para mí, pero no soy tan cruel como para impedirle ayudar a su familia. Asegúrense de que regrese pronto.”-
El tono condescendiente de Red incomoda a la madre de Kuro, pero ella asiente respetuosamente.
Mientras Red se aleja, los hermanos de Kuro comienzan a hablar en voz baja.
-“¿Él es tu amo, Black? Parece más joven de lo que imaginaba.”- comenta una de las niñas.
-“También parece presumido.”- añade otro.
Kuro no dice nada. Mira a Red desaparecer entre la multitud, preguntándose por qué lo ha defendido frente a su madre.
Más tarde, ese mismo día, Kuro regresa a la hacienda con el cuerpo cansado pero la mente inquieta. Red lo está esperando en el establo, sentado sobre una pila de heno y jugando con una navaja de bolsillo.
-“¿Sabes por qué te llamé en el mercado?”- pregunta Red sin mirar al esclavo directamente.
-“No, señor Red.”- responde mientras comienza a barrer el suelo.
-“Porque quería saber algo.”- dice Red, poniéndose de pie y acercándose. -“¿Qué opinas de mí?”-
La pregunta toma a Kuro por sorpresa. Deja de barrer y mira a Red con cautela.
-“¿Por qué lo pregunta, señor?”- le pregunta ocultando cierto nerviosismo.
“Responde la pregunta, Kuro. No me gustan los rodeos.”- le exige.
El esclavo respira hondo.
-“Creo que… usted es justo, señor. Aunque a veces no lo parece.”- afirma el jovencito.
-“¿Justo? Explícate.”- Red arquea una ceja.
-“Usted podría tratarme como a los otros esclavos, pero no lo hace. Me deja hablar y no me golpea… al menos no todavía.”- dice Kuro con una pequeña sonrisa.
Red se queda en silencio por un momento antes de asentir.
-“Supongo que tienes razón. No soy como mi padre, ni quiero serlo.”- dice con resentimiento. -”Pero eso no significa que puedas aprovecharte, ¿entendido?”-
Kuro asiente rápidamente.
-“Bien.”- dice Red, volviendo a su lugar en la pila de heno. -“Ahora sigue trabajando. Quiero este establo impecable antes de la cena.”-
Esa noche, durante la cena en la mansión Vermilion, Red enfrenta de nuevo la frialdad de su padre. Vermilion cena en silencio, ignorando a su hijo, mientras los esclavos sirven la mesa.
-“¿Por qué no me enseñas a manejar los negocios, padre?”- le pregunta con seriedad. -”Estoy listo para aprender.”-
Vermilion lo mira con desdén.
-“¿Manejar los negocios?”- dice con sorna. -”No puedes ni siquiera cazar un conejo sin hacer el ridículo, y quieres que te enseñe sobre finanzas. No me hagas reír.”-
Red aprieta los puños, pero no dice nada. Su relación con su padre siempre ha sido una batalla de egos, y esta noche no es diferente.
En contraste, en la humilde cabaña de la familia de Kuro, la cena es sencilla pero llena de risas. Sus hermanos pequeños juegan con los restos del pan, mientras sus padres cuentan historias del pasado.
-“Kuro, ven aquí.”- dice su madre, haciéndolo sentarse junto a ella. -“Gracias por ayudar hoy. No sé qué haríamos sin ti.”-
El preadolescente sonríe tímidamente.
-“Siempre voy a estar aquí, madre.”- dice el jóven. -”Prometo que algún día no tendremos que vivir así.”-
La madre lo abraza, y él cierra los ojos, permitiéndose soñar con un futuro mejor.
Dos casas, dos mundos completamente diferentes, pero unidos por un vínculo que apenas comienza a formarse. Red y Kuro están destinados a cambiarse mutuamente, para bien o para mal.
Hoy nos toca ver la continuación del origen de Red y Kuro. Y esto no termina aquí, veremos como esta "suerte de amistad" sigue evolucionando.
ResponderEliminarPor cierto, a partir de ahora, publicaremos los martes y viernes, para acelerar el ritmo.
Gracias por leer!