Bitácora Roja. Parte V - Oro y Plata:
“¿Nuestras reliquias?”
Bajo el sol del mediodía, el sonido de botas resonando en el suelo firme se mezcla con el suave murmullo de la gente. El pueblo había cambiado mucho desde la llegada de la Red Ribbon. Las viejas fachadas de madera habían sido reemplazadas por estructuras modernas de ladrillo y metal, y los habitantes caminaban en orden, vistiendo uniformes de entrenamiento militar.
Una pareja de soldados patrulla las calles en silencio. La primera es una mujer delgada y de aspecto endurecido, con ojos afilados y pelo corto de color lila. Junto a ella camina un tigre humanoide, con un cuerpo robusto y músculos fuertes bajo una capa de pelaje amarillo y rayado, vestido con un traje de aviador. Ambos lucen el logo de la Red Ribbon en sus uniformes. A pesar de su apariencia intimidante, los habitantes los miran con indiferencia, como si se hubiera vuelto una visión común.
-"¿Estás seguro de que están aquí?"- pregunta la mujer, sin mirar a su compañero.
-"El doctor dijo que hay dos forajidos"- responde el tigre, ronroneando levemente en su habla. -"Nos toca deshacernos de ellos."
A lo lejos, el rugido de una aero-moto, conducida por un hombre alto y bastante musculoso, casi no tiene pelo, pero lleva un mohicano de color rojo, junto con un bigote y perilla. En el sidecar, otro hombre espigado, de cabellera verde. Ambos lucen tatuajes en sus rostros a modo de antifaz.
El vehículo se detiene en seco, y ambos se bajan del mismo. La pareja de soldados los observa atentamente mientras el resto de los pobladores huye a refugiarse.
-”¿Qué buscan aquí?” - pregunta la mujer con frialdad.
El musculoso sonríe, mostrando una fila de dientes amarillos y desparejos.
-“Comida, bebida… lo que podamos llevarnos”- responde el bandido, sin ningún esfuerzo por disimular sus intenciones. -“Y si tenemos que arrasar con este pueblo para conseguirlo, lo haremos.”
El tigre antropomórfico suelta un bufido burlón, entrecerrando los ojos.
-“¿Arrasar, dices?”- pregunta con sarcasmo, sus ojos fijos en los bandidos. -“Nosotros no estamos aquí para proteger este lugar. Nuestro trabajo es neutralizar cualquier amenaza y, en este caso, nos llevaremos esas reliquias que traen.”
El peliverde, con una cinta roja serpenteando alrededor de su mano izquierda, y una cantimplora de aspecto antiguo atada a su cintura, suelta una carcajada.
-“¿Nuestras reliquias?”- se burla. -“Tendrán que ganárselas. ¿No, Kinkaku?-
-”Pero no se preocupen… esto no tomará mucho tiempo.”- responde su hermano, agarrando el mango de la espada que lleva en la cadera.
Sin más preámbulos, los hermanos se abalanzan sobre los soldados. El hermano mayor lanza una barrida con su espada, generando una onda de viento afilada que corta el aire hacia los soldados. La soldado rueda hacia un lado con agilidad, mientras el tigre retrocede, esquivando la ráfaga por un pelo.
Decidido a no perder tiempo, el animal se lanza contra el hermano mayor, sus movimientos son sorprendentemente rápidos para alguien de su tamaño. Con un puñetazo al pecho del bandido, quien, usando la hoja de su espada, encaja el golpe y le hace retroceder.
Mientras tanto, la mujer se enfrenta al hermano menor, quien agita la cinta roja a su alrededor como una serpiente viva. La cinta se abalanza hacia ella, envolviendo su muñeca y jalandola hacia el bandido. Ella gira en el aire, usando el impulso para lanzarse hacia adelante y golpearlo en el rostro con una patada giratoria, rompiendo el agarre de la cinta. La mujer cae en una posición firme, preparada para el siguiente ataque.
-“No está mal para una soldado”- bufa el bandido, limpiándose la sangre de la boca.
-”No soy una simple soldado”- sonríe la mujer con chulería -”Soy la Coronel Violet.”
-”Y nosotros somos los hermanos bandidos, Kinkaku y Ginkaku.”- exclama con enojo Ginkaku.
-“Suficiente charla,”- responde ella. -“No estoy aquí para perder el tiempo.”
La pelea continúa, ahora en un feroz intercambio de golpes. El tigre y Kinkaku cruzan golpes devastadores, cada movimiento del bandido acompañado por estocadas de su espada que el militar esquiva por poco y con gran esfuerzo.
Finalmente, en una distracción del bandido, atrapa su brazo y lo lanza al suelo con un giro de cadera, neutralizando la espada por un instante. Por su parte, Ginkaku usa la cinta roja para lanzar algo de tierra a los ojos de Violet, cegandola por unos instantes.
En cosa de segundos, la situación da un giro inesperado. El hermano menor aprovecha la apertura para abrir su cantimplora y apuntarla hacia el rival de su hermano. Una fuerza de succión poderosa comienza a atraerlo hacia la boca de la cantimplora, sus garras resbalando en el suelo árido mientras intenta resistir.
-“¡Violet!”- gruñe, tratando de evitar ser absorbido.
La coronel intenta acercarse, pero es empujada hacia atrás por un golpe de la cinta roja. Observando con horror cómo el cuerpo de su compañero es succionado por la cantimplora hasta desaparecer en su interior.
Los bandidos sonríen con satisfacción, sosteniendo la cantimplora con triunfo.
-“Uno menos”- dice Ginkaku, pero en ese momento, un soldado rubio y bien vestido llama la atención de los presentes.
-"¿Ya atraparon al animalito en un tarro de agua?"- dice el recién llegado, con una sonrisa burlona, avanzando sin miedo.
-”¡Blue!”- exclama sorprendida y asustada Violet -”¿Qué hace usted aquí?-
-”Hacer vuestro trabajo.”- exclama el soldado con una sonrisa confiada.
Los hermanos se abalanzan contra el nuevo rival, Ginkaku encierra las manos del rubio en un rápido movimiento de su cinta, mientras Kinkaku golpea en el rostro de Blue con el pomo de su espada aún envainada, derribándolo boca abajo. El militar se pone en pie de un salto.
-"Esos juguetes suyos no serán suficientes"- sonríe, limpiándose el polvo mientras vuelve a cargar contra los bandidos.
-”Sabe sobre las reliquias…”- piensa Violet, anonadada -”Se supone que era una misión secreta del doctor…”
El bandido intenta desenvainar nuevamente su espada, pero Blue es más rápido. Arrebata la cantimplora de un movimiento, destapándola y permitiendo que el tigre emerga con un rugido enfurecido. En un giro rápido, el tigre se lanza sobre Ginkaku, aplastándolo bajo su peso y desgarrándolo con sus garras, terminando con él en un instante.
El hermano menor, al ver caer a su compañero, intenta escapar, pero una bala certera atraviesa el aire, disparada a traición. Blue, apuntando con su pistola, no duda en acabar con el último de los bandidos.
Luego de la batalla, Blue, Violet y Yellow se reúnen, donde ahora yacen las reliquias de los bandidos caídos. Violet, aún respirando con dificultad por el combate, esboza una leve sonrisa.
-“Gracias, señor. No sé qué habríamos hecho sin su ayuda”- dice ella, cruzando los brazos.
El tigre asiente, aún mostrando marcas de la dura pelea en su pelaje.
-“Sí. Ha salvado la misión y nuestras vidas. Le debemos esto.”- añade con una mueca de envidia.
Blue niega con la cabeza, manteniendo su seria expresión.
-“Solo hice lo que había que hacer”- responde en un tono frío. -“Esta misión era tan suya como mía. Ahora tenemos que acabarla… vamos a enterrar las reliquias antes de que alguien más intente robarlas.”-
-¿Enterrarlas?”- exclama la coronel -”Pero nos enviaron específicamente a buscarlas.”-
-”El doctor Yakisugi las quiere para la gloria de la Red Ribbon.”- gruñe el coronel Yellow.
El rubio suelta una pequeña risa.
-”El doctor Yakisugi los envió en una misión sin autorización”- dice tranquilamente el soldado. -”En cambio yo cumplo órdenes del mismísimo comandante.”-
Violet y Yellow tragan saliva y asienten nerviosos. Juntos cavan una zanja en un terreno apartado del pueblo, donde ocultan las reliquias de los bandidos.
Lejos de allí, en una base militar distante, el comandante supremo observa un informe con evidente desagrado, sus ojos se mueven rápidamente sobre las líneas de texto. De baja estatura y con una gran intensidad en su mirada, el comandante exuda una autoridad inquebrantable, acompañado de un temperamento volátil que sus subalternos temen.
Frente a él, el doctor Yakisugi, el científico encargado de la misión secreta de recuperación de reliquias. El doctor se encuentra nervioso, consciente de que el comandante no es reconocido precisamente por su paciencia o indulgencia.
Red suelta los papeles en el escritorio con un golpe seco y mira al doctor con frialdad.
-“Explícame esto, Yakisugi”- su tono peligrosamente tranquilo. -“¿Por qué dos de mis coroneles estuvieron peleando en un pueblucho por unas reliquias de las que no tenía ni idea?”.
El doctor Yakisugi traga saliva, tratando de mantener la calma.
-“Mi comandante, con el debido respeto, pensé que la misión podía llevarse a cabo de manera discreta. Las reliquias son de un valor científico incalculable, y…”
Red lo interrumpe con una risa seca y sardónica.
-“¿Científico? ¿Crees que me interesa tu ciencia, Yakisugi?”- dice, inclinándose sobre el escritorio. -“Tu misión era localizar otras reliquias más útiles. Y me has fallado.”
El científico comienza a retroceder, comprendiendo que la situación se ha vuelto peligrosa para él.
-“Mi comandante, por favor… Yo solo buscaba completar el trabajo que se me encomendó. No tuve intención de…”
Red, mirándolo con desprecio se levanta de su asiento, dando un salto para llegar al suelo. Caminando lentamente alrededor del escritorio hasta colocarse frente al doctor, solo viéndose el copete de su peinado.
-“Tus intenciones no me importan. Lo que has hecho ha puesto en riesgo a todo el escuadrón y casi ha revelado una operación encubierta. Has fallado a tu ejército, Yakisugi. Por eso, serás destituido y ejecutado.”
El rostro del doctor se llena de terror.
-“¡No, por favor! ¡Puedo corregir mi error! ¡No me haga esto, comandante! ¡Le juro que puedo ser útil!” - suplica de rodillas.
El comandante, impasible, hace un gesto a dos soldados, quienes ingresan a la oficina y, sin piedad, toman al doctor por los brazos y comienzan a arrastrarlo fuera. Sus gritos desesperados resuenan hasta que se pierden en la distancia, mientras el comandante observa en silencio, como si nada hubiera ocurrido.
En ese momento, su mano derecha, un alto soldado de tez negra, vestido de elegante frac, se acerca al comandante.
-“¿Qué hacemos con los soldados Violet y Yellow, señor?”- pregunta con respeto. -”Los informes indican que sus acciones fueron clave en la misión.”-
El comandante, con una expresión de desdén, se gira hacia él.
-“Violet y Yellow aún son útiles. No son perfectos, pero mantienen la disciplina”- dice, regresando a su escritorio y dando un salto para subir a su asiento. -“Útiles por ahora, al menos. Que sigan en sus puestos y bajo vigilancia. Mantendremos a todos en su lugar hasta que decida lo contrario.”
El oficial Black asiente, tomando nota de la instrucción.
-“¿Y sobre Blue, señor?”- pregunta, viendo que el comandante ojeaba otro informe mientras prende un puro.
El comandante sonríe levemente, pero no de satisfacción sino de reconocimiento frío y calculado.
-“A Blue… lo ascenderemos a general. Ha completado su misión y ha seguido mis órdenes sin cuestionarlas.”- responde el comandante, dando una calada a su puro.
-”Así será mi señor.”- asiente Black. -”Por la gloria de la Red Ribbon.”
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