Bitácora Roja. Parte XXI - El Campeón de la Aldea del Sauce:
“¡Te dije que no salieras tan pronto!”
La Aldea del Sauce está de fiesta. Los tejados curvos decorados con faroles rojos brillan bajo la luz del crepúsculo, los tambores taiko resuenan y los vendedores ofrecen dulces de arroz y sake casero. Cada tres años se celebra el festival de lucha, donde los jóvenes compiten para honrar a sus ancestros guerreros. Este año, más que nunca, la emoción es mayor, porque todos saben que el joven Zalid ha llegado a su madurez como artista marcial.
Zalid es un joven y atlético chico con ojos y cabello de color castaño. Viste un desgastado atuendo morado, sujetado por una cinta roja, encima de una camisa interior de color blanco. Desde niño entrena sin descanso, convencido de que si se convierte en campeón de su aldea podrá aspirar a un sueño más grande: competir en el Torneo Mundial de Artes Marciales. A sus ojos, este festival no es solo una fiesta, sino la primera prueba de fuego que marcará su destino. Mientras respira hondo al subir al ring de madera en la plaza central, recuerda las palabras de su maestro: “No luches por gloria, lucha para descubrir hasta dónde puedes llegar”.
El anunciador, un anciano con voz ronca, levanta la mano.
-”¡Nuestro campeón, Zalid de la Aldea del Sauce, enfrentará al enigmático y temido ninja Murasaki!”- anuncia con solemnidad.
Un murmullo recorre la multitud. El clan Murasaki es una leyenda en la región. Se dice que son descendientes de un linaje de ninjas que sirvieron a antiguos señores feudales y que dominan artes secretas imposibles de comprender. En los cuentos, Murasaki es un asesino implacable, maestro del sigilo y el engaño. Cuando aparece en medio de una nube de humo, vestido de morado y con una espada de madera al cinto, todos guardan silencio.
-”Yo soy el que vive en las sombras… ¡Murasaki!”- El ninja hace una reverencia exagerada.
El combate comienza. Murasaki ataca de frente con un grito de guerra. Sus movimientos son veloces, pero Zalid los lee con calma y lo derriba con un giro fluido. El público aplaude, pero entonces, entre humo y confusión, el ninja se levanta ileso, como si nada hubiera pasado. Zalid frunce el ceño. La técnica parece real, aunque algo no cuadra.
El combate continúa. Cada vez que Zalid conecta un golpe certero, Murasaki desaparece tras una nube de humo o una cortina de telas, y al instante regresa fresco, gritando frases como:
-”¡Jamás podrás vencer a un ninja inmortal!”- grita sin rodeos.
Los aldeanos se maravillan, creyendo que presencian un poder místico.
Pero Zalid comienza a sospechar. Nota diferencias pequeñas: un ligero cambio en la voz, una postura distinta, un gesto torpe que el anterior no tenía. Sin embargo, no alcanza a razonar demasiado: el combate se intensifica y Murasaki multiplica sus artimañas.
De pronto, el ninja corre en círculos, lanzando shuriken que se clavan en el suelo… y acaba enredado en su propia cuerda. Zalid lo aprovecha y lo empuja fuera del ring, pero antes de que pueda respirar, el mismo Murasaki salta desde el público y grita:
-”¡Aún sigo aquí!”- con los brazos abiertos.
El público aplaude con fuerza, convencido de que el ninja domina técnicas sobrenaturales. Zalid empieza a sonreír con incredulidad. Otro Murasaki intenta pasar desapercibido haciéndose la estatua, cubierto de pintura gris, pero el joven lo detecta y lo lanza de una patada. Otro se descuelga desde un árbol cercano con una cuerda, cayendo de cabeza. Otro más ataca de espaldas y recibe un codazo certero en el estómago.
La situación roza lo absurdo. Zalid se defiende con técnica impecable, pero cada vez que derriba a uno, otro aparece al instante. Finalmente, en un descuido, dos Murasaki saltan al escenario al mismo tiempo.
-”¡Ups!”- dice uno.
-”¡No salgas aún, idiota!”- responde el otro.
El público queda en silencio. Zalid cruza los brazos y sonríe.
-”Así que no era uno… sino varios.”- dice con burla.
Los ninjas se congelan. Uno de ellos trata de recomponer la farsa.
-”¡Eh… era parte del plan secreto!”- intenta escudarse. -”¡La técnica definitiva del ninja múltiple!”-
Pero la verdad ya está revelada. El público estalla en risas, mientras Zalid asiente con calma y se prepara para acabar con la farsa. Uno por uno, derrota a los cinco hermanos con movimientos limpios, hasta que todos yacen fuera del ring, discutiendo entre sí y golpeándose mutuamente.
-”¡Te dije que no salieras tan pronto!”- le recrimina el primero.
-”¡Si hubieras aguantado más, habría funcionado!”- reprocha el tercer hermano.
-”¡Cállense, al menos el público aún nos aplaude!”- sonríe el cuarto.
El festival estalla en júbilo. Zalid, cansado pero sereno, se inclina ante los aldeanos. Los ancianos lo observan con orgullo: el muchacho que sueña con el Torneo Mundial se ha coronado campeón de su aldea.
En un balcón alto, oculto entre faroles rojos, un hombre observa la escena. Su uniforme militar contrasta con el ambiente festivo. Es el General White, del Ejército Red Ribbon. Enciende un cigarro y sigue cada detalle con atención.
-”Ingenioso…”- piensa mientras exhala humo. -”No es un solo hombre, sino cinco que actúan como uno. Para un campesino ignorante, parece magia. Una ilusión que puede engañar a cualquier multitud.”-
Sonríe con media boca, cínico.
-”Son torpes, sí… pero tienen potencial.”- dice para sí mismo. -”Con disciplina, con miedo, con armas verdaderas… podrían ser herramientas útiles para el Ejército.”-
El General da media vuelta y desaparece entre las sombras de la aldea, mientras el bullicio del festival continúa, ajeno a que la Red Ribbon ya ha puesto sus ojos sobre ellos.
¡Nuevo capitulo de Bitácora Roja!
ResponderEliminarLa vez pasada vimos a los ninja Murasaki luego de la caída del ejercito, ahora los vemos antes de unirse al mismo.