Bitácora Roja. Parte XX - Cambio de mando:
“Este ejército es de ustedes…”
La caída del ejército había dejado un vacío de poder en el que las facciones remanentes buscaron reorganizarse. Bajo el mando del nuevo líder, el general White, el grupo de soldados había encontrado su nuevo hogar, entre ellos un enorme capitán de complexión robusta, conocido como el capitán Dark, que le servía como consejero personal.
Silver, antaño coronel, había sido expulsado del ejército por el comandante Red, un hombre severo que nunca toleró su fracaso. Sin embargo, White ahora se dirigía hacia él con una oferta tentadora, una última oportunidad para regresar al ejército y dejar atrás el fracaso.
En un bosque apartado, donde el silencio es quebrado solo por el viento y el crujir de hojas bajo los pies, el ex-coronel Silver se entrena junto al viejo maestro Tsuru, un hombre de cabello blanco y rostro arrugado, con un fino bigote y lentes de sol puestos. A su lado, el asesino cibernético Tao Pai Pai observa cada movimiento, analizando la técnica y buscando fallas, sus ojos de un rojo antinatural reflejando una mezcla de calma y violencia contenida.
El aire vibra. El pelirrojo de pie, los brazos vendados y el cuerpo tensado por horas de entrenamiento, se toma un segundo antes de lanzar el siguiente golpe.
White irrumpe en el claro del bosque donde los tres sujetos entrenan. El general pasea la mirada entre los tres individuos, sus ojos reflejan una mezcla de autoridad y exigencia. El militar extiende sus brazos hacia los costados, como si quisiera abrazar el mundo entero.
-“Silver, viejo amigo. Bajo mi mando, podrás limpiar tus pecados y regresar a tu lugar de honor. Este es el comienzo de una nueva era, y quiero que estés a mi lado.”- dice White, con una sonrisa tan helada como la promesa que ofrece.
Silver lo observa sin expresión, su postura firme en su gi verde, con el kanji de la grulla en la espalda, pero con una chispa de desafío en sus ojos que expresa su negativa.
Las palabras de White resuenan con fuerza, exponiendo su visión de la guerra y la disciplina. Unos pocos hombres detrás de él asienten en silencio, otros intercambian miradas furtivas. Silver, sin apartar la vista de él, cruza los brazos con expresión pensativa.
Un silencio denso se apodera del claro.
White lo ignora y centra su mirada en Tao, quien permanece con sus manos juntas detrás de su espalda, su expresión severa y sin titubeos.
-”Mercenario.”- prosigue White -”Tú también estás invitado. Ya sabes lo que nos debes después de aquella reconstrucción tras el accidente. Tus nuevas habilidades… son el resultado de nuestra intervención. ¿No crees que es justo pagar tu deuda?”-
Tao se tensa, y su mirada se endurece, pero no dice nada. En cambio, es el Maestro Grulla quien toma la palabra, dando un paso adelante.
-”Ya es suficiente. Estamos aquí por elección, y no seguiríamos a nadie como tú. Y, por cierto…”- se interrumpe, su expresión transformándose en una mezcla de frustración y exasperación. -”¿Podrías dejar de estropear mi huerto de coles? He pasado años cultivando.”-
White alza una ceja, burlón.
-”¿Tu huerto de coles?”- pregunta con una carcajada seca. -”Vamos, Maestro Grulla, eso es un desperdicio de tu potencial. Imagínate lo que podrías hacer en el ejército.”-
Pero el anciano maestro lo mira con la misma calma de siempre, sin dejarse afectar.
-”Parece que no has cambiado, White.”- interrumpe Silver, con una carga oculta. -”Sigues creyendo que la fuerza lo es todo.”-
White entrecierra los ojos, ignorando la provocación. Da un paso adelante y extiende su mano en un gesto inesperado.
-”Esta es tu oportunidad, Silver. Olvidemos el pasado. Únete a mí. Únanse todos a mí.”- añade mirando a sus acompañantes.
Silver observa la mano extendida de White. A su alrededor, los soldados contienen el aliento, esperando su respuesta.
-”He visto a dónde lleva tu camino, White.” - dice finalmente, con una calma que oculta una decisión inquebrantable. -”No soy parte de él.”-
White frunce el ceño, pero no retira su mano de inmediato. Durante un instante, parece considerar una respuesta diferente. Sin embargo, su orgullo no se lo permite. Finalmente, baja la mano lentamente y deja escapar un susurro apenas audible.
-”Entonces eres un obstáculo.”- dice más para sí que para su interlocutor.
Frente a la tropa reunida en el claro, Silver plantado, con su postura relajada pero imponente, mirando directamente a los soldados que lo observan desde la formación. En su expresión no hay ni rastro de sumisión; en cambio, en sus ojos se percibe una firmeza que contrasta con la arrogancia del general White.
-“Muchos de ustedes han servido al ejército por años”- dice Silver, con su voz clara y firme. -“Han entregado sus vidas, su fuerza y su lealtad, siempre con la esperanza de construir algo más grande que ustedes mismos. Pero díganme… ¿qué se ha hecho con sus esfuerzos?”-
Los soldados, desconcertados, se miran entre sí, algunos con miradas furtivas hacia el general, ahora comandante del ejército. Una chispa de duda comienza a prenderse en sus mentes, alimentada por el carisma y la convicción en la voz de Silver.
-“El comandante Red falló porque no supo la valía de su gente.”- continúa Silver, sin apartar la mirada de los soldados. -“Métodos que nos llevaron a perderlo todo. Pero estoy seguro que podemos levantar de nuevo este ejército y hacer que cada sacrificio valga la pena.”
El capitán Dark, siguiendo cada palabra con un brillo de admiración en sus ojos, nota cómo las palabras de Silver impactan en los soldados.
-“¡Basta de charlatanería!”- grita White, dando un paso adelante y alzando su voz. -“Yo mismo me encargaré de que aprendas cuál es tu sitio.”-
Los soldados se tensan al ver al general adoptar una postura de combate de boxeo, alzando sus manos a la altura de su rostro, pero antes de que puedan moverse, el capitán Dark levanta una mano con autoridad.
-“Nadie intervenga.”- ordena -“Dejen que sea el propio Silver quien demuestre su valía.”
La tropa, sin opción, retroceden un paso, formándose en un semicírculo alrededor de los dos combatientes. Y en silencio, se preparan para presenciar la batalla que definirá el liderazgo de su ejército.
-“Es una lástima.”- murmura White. -“Si no quieren unirse, entonces caerán.”-
Con un grito de guerra, la pelea estalla en el claro del bosque. Silver se lanza hacia el general, moviéndose con la agilidad del kung fu, sus brazos y piernas girando en ataques rápidos y precisos. White, con la brutalidad del boxeo, bloquea y devuelve cada golpe con potencia y precisión, buscando abrir la defensa de su rival con cada embestida.
El ambiente se tensa al máximo cuando cinco figuras envueltas en ropas púrpuras emergen de entre los soldados, rodeando a Tao en un círculo perfecto. El asesino los observa con una sonrisa burlona y desafiante en su rostro, mientras ellos desenvainan sus katanas, cuyo acero brilla bajo la luz del sol.
-”¿Cinco contra uno?”- pregunta Tao. -”¿No será un poco injusto? Para ustedes, quiero decir.”-
El líder de los ninjas da un paso adelante.
-”No subestimes al Clan de los Murasaki.”- responde en tono amenazante. -”Hoy tu fama se termina.”-.
Tao ríe con un sarcasmo punzante, dejando caer su mano derecha de metal hasta que se suelta del muñón, revelando una cuchilla oculta y letal.
-”Vaya, vaya… si cada uno de ustedes es tan bueno como amenaza, esta será la pelea más corta de mi vida.”- sonríe el asesino.
El líder ninja hace un gesto y, en un abrir y cerrar de ojos, los cinco se lanzan hacia Tao, sus katanas trazando líneas veloces en el aire. Pero Tao, en un movimiento ágil, esquiva la primera estocada girando su cuerpo y usando la cuchilla de su brazo para desviar una hoja hacia el suelo. Aprovecha el impulso y desliza su cuchilla en un arco amplio, rozando el hombro del primer ninja, que retrocede con un gruñido de dolor.
Tao no le da tiempo de recuperarse; gira sobre su eje, encajando su cuchilla en el costado del segundo ninja, que cae al suelo con un grito. Los otros cuatro rodean rápidamente a Tao, atacándolo en sincronía, pero él se desliza hacia atrás, evadiendo las hojas que pasan a milímetros de su piel.
-”¿Eso es todo?”- se burla, sus ojos brillando en rojo. -”Empiezo a pensar que ustedes entrenaron en un circo, no en un dojo.”-
Uno de los ninjas, enfurecido, salta hacia él con la katana en alto. Tao lo recibe con un golpe rápido de su cuchilla, desarmándolo y girando para clavar la cuchilla en el hombro de un tercer ninja que intentaba atacar por la espalda. Con un rápido movimiento, da una patada al cuarto, desequilibrándolo y haciendo que se tambalee hacia atrás.
El maestro grulla observa desde la distancia, sus ojos atentos, capturando cada movimiento, cada técnica, sin moverse, pero con la serenidad de quien sabe el destino de ambas batallas.
Uno de los ninja Murasaki lanza una serie de ataques rápidos, pero Tao se mueve como una sombra, anticipando cada corte y evadiéndolo con movimientos mínimos, pero precisos. Aprovechando un instante de distracción, corta hacia abajo, desgarrando el antebrazo del líder y empujándolo hacia uno de sus propios hermanos.
-”No me digan que ya están cansados.”- ríe Tao, con una calma exasperante. -”Vamos, ¡denme algo de acción de verdad!”-
Finalmente, los últimos dos ninjas se lanzan hacia él en un ataque desesperado. Tao, con una precisión letal, gira su cuchilla, interceptando sus movimientos y derribando uno por uno. El último ninja cae de rodillas, jadeando, y Tao le da una palmada en la cabeza, burlón.
-”Dile a tus ancestros que Tao envía sus saludos.”- añade con una sonrisa.
Con un movimiento final, lo deja caer al suelo. La pelea ha terminado en segundos. Tao, sin una gota de sudor, hace un leve gesto con el muñón de su brazo, y su mano metálica se vuelve a unir al resto de su brazo con un “clic” metálico.
Con sus manos detrás de la espalda, observa los cuerpos de los ninjas esparcidos en el suelo y sacude la cabeza.
-”Vaya, vaya… ninjas púrpuras. Un color patético para guerreros aún más patéticos.”- murmura, y sonríe con una satisfacción amarga antes de volver al centro del claro.
La batalla entre los soldados continúa. El intercambio es brutal y feroz, pero a medida que transcurre, queda claro que Silver posee una agilidad y destreza que White no puede igualar. Aunque el general lanza golpes con precisión y fuerza, Silver logra esquivar o bloquear con una velocidad abrumadora. Con un golpe certero, el pelirrojo aprovecha una apertura en la defensa de White, retrocede levemente, concentrando su energía en un solo dedo.
-”¡DODONPA!”- grita el alumno de la escuela grulla.
En un parpadeo, una ráfaga de energía pura surge de su dedo índice, atravesando el pecho de White con una explosión sorda. El general cae de rodillas, con los ojos abiertos en una mezcla de sorpresa y desesperación, antes de desplomarse por completo en el suelo, derrotado y sin vida.
El viejo maestro grulla sonríe orgulloso. Tao observa con atención.
Silver respira profundamente, mirando al cuerpo sin vida del general, y luego al grupo de soldados que se habían mantenido al margen, observando la batalla.
-“Este ejército es de ustedes, y su objetivo nunca ha sido el capricho de unos pocos. Luchamos por algo más grande, algo que solo se logra con lealtad, honor y valentía.”- dice el soldado. -“Prometo que cada sacrificio, cada esfuerzo de ustedes, será para construir un ejército que los represente a todos. Juntos, levantaremos este imperio desde las cenizas, con la fuerza de cada uno de ustedes como el corazón que lo mantiene en pie.”
El capitán Dark, quien había observado la escena en silencio, asiente lentamente, aprobando el liderazgo de Silver. Los soldados, motivados por sus palabras y por la valentía demostrada, vitorean aceptando el nuevo liderazgo. Su maestro y el mercenario se miran entre sí, viendo en este nuevo ejército una oportunidad.
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ResponderEliminarSabíamos que los remanentes del ejercito habían quedado en poder del General White, pero ahora nos toca saber como Silver llega al poder.